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Ruby, el azote de los cocineros apolíticos

Una joven chef inglesa orgullosamente de izquierdas formula la pregunta del millón: ¿Por qué no hay cocineros comprometidos libremente con la política?

Ruby Tandoh, finalista del programa de televisión The Great British Bake Off en 2013, era la niña bonita de la nueva gastronomía británica. Joven, talentosa y del agrado del público conservador de la BBC. Lo digo en pasado porque Ruby no estaba dispuesta a sonreír en silencio frente a la cámara ni un segundo más y ha dejado en evidencia a los grandes cocineros del Reino Unido en los pocos caracteres que permiten tres tweets en forma de dardos cargados de astucia.

“Un montón de grandes nombres permanecen sospechosamente en silencio a pesar de sus grandes fortunas construidas en base a una ética amable e inclusiva. Lo siento, pero el silencio te convierte en tory. Si piensas que no tomar partido es más valioso que conseguir un gobierno laborista, piérdete”.

Ruby hace referencia al silencio de los cocineros durante las últimas elecciones generales del Reino Unido. Hablando en plata: quería cocineros políticamente comprometidos. Y lo único que recibió como respuesta fue un silencio sepulcral. El mismo silencio que criticaba. Pero aún quedaba la traca final.

“Imagina guardar silencio en estas elecciones increíblemente importantes sólo por no perder un par de tories que comprarán tu libro de cocina”.

Vendidos por un par de libros. Lo que ocurre es que salvo honrosas excepciones, la política no está sobre la mesa de la mayoría de cocineros. Y Ruby tiene razón: la política no es como la cocina, guardar un silencio sospechoso significa tomar partido. Y en general, los cocineros (sobre todo los grandes cocineros mediáticos) no quieren saber nada de partidos políticos, elecciones ni movimientos sindicales. Si saben o piensan algo sobre algún tema de relevancia política suelen esconderlo celosamente en su despensa o lo queman en los fogones del olvido. Sólo los futbolistas los superan en mutismo político. Para algunos, es una mezcla de miedo a perder el status quo. Para otros, es un intento desafortunado de no hacer enfadar a unos ni a otros.

Pongamos ejemplos.

Estoy seguro que Ruby sólo quería saber qué opinaba Gordon Ramsey del Brexit. O si Jamie Oliver votó a favor de Theresa May. Antes de que nadie pueda criticarla, ella dejó clara su postura cuando retwiteó esto:

"Joder. Theresa may es una desgracia".

Como es evidente no todos los cocineros son iguales. Si el chef limeño Gastón Acurio se presentara a la elecciones para la presidencia del Perú saldría elegido por mayoría aplastante. Es algo que flota en el aire y se respira en el termómetro social del país. Pero, ¿cómo es posible que un cocinero haya ganado tal poder de influencia sobre la población? ¿Cómo se puede ganar más votos desde una cocina que desde los despachos del gobierno? ¿Se puede cambiar un país a través de la cocina? Y lo más importante: ¿deben los cocineros implicarse en política?

La cocina no puede cambiar sola un país, pero sí puede sumarse al cambio.

El caso Acurio se explica de una manera sencilla. Hoy día la cocina no puede cambiar sola un país, pero sí puede sumarse al cambio. La exaltación popular peruana por todas sus artes tiene su expresión principal en la gastronomía. Si un peruano está orgulloso de su comida será más fácil que después se enorgullezca de su cultura, de sus gentes y de su territorio sin ningún complejo de inferioridad. Y aquí Gastón Acurio ha sido un tipo listo que se ha ganado al respetable gracias a su posición privilegiada. Quien honra al ganadero, quien aplaude al agricultor y quien visibiliza al pescador tiene el voto popular asegurado sin hablar de política ni un solo segundo.

Pero que nadie utilice este caso para proyectarlo en otros países. La ecuación no funciona. No hay más Gastones Acurios esparcidos por el el mundo. En España, si los cocineros son de izquierdas o de derechas no lo sabemos. Imposible dar cuenta si Ferran Adrià es socialista, Arzak nacionalista o Dabiz Muñoz de Ciudadanos. Quizás sólo Karlos Arguiñano sea de los pocos que ha dejado clara su ideología en más de una ocasión. Y es triste porque si nos guiamos por las políticas de contratación de algunos cocineros empresarios, y el uso de los becarios en sus cocinas podría dar a entender preceptos alejados de sus ideales polítcos.

Sería aún más estúpido creer que tu opinión política como cocinero puede comportar tener el comedor más o menos vacío.

Sería una tontería exigir la politización de los cocineros, pero es aún más estúpido creer que tu opinión política como cocinero puede comportar tener el comedor más o menos vacío o el permiso de terraza denegado o aceptado por enfadar al alcalde de turno. La máxima de "dime cómo gestionas tu cocina y te diré qué política sigues" no es niguna broma.

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