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Robin Food: “El hijoputa que defiende la tortilla sin cebolla, que haga un libro”

Si te gusta la buena tortilla de patatas este cocinero va a ser el hombre de tu vida

¿Cómo se escribe un libro decente sobre la tortilla de patatas a finales de 2016 sin repetir todo lo que ya se ha dicho por activa y por pasiva? A machetazos.

“La tortilla de patatas no necesita un libro. Es un libro innecesario”. Como técnica de promoción de una nueva publicación hay que decir que la premisa del cocinero David De Jorge y el ilustrador Javi Arroyo es original.

Me hubiera encantado hacer un libro con una única receta, pero no hemos tenido los cojones de hacerlo. Sería la polla”. Evidentemente, la elección de David sería la receta clásica de la tortilla de patatas con cebolla de toda la vida porque, para él, el eterno debate de la tortilla de patatas con o sin cebolla no existe. SIEMPRE es con cebolla:  “El hijoputa que defiende la tortilla sin cebolla que haga un libro como este. Que se atreva”.

Me hubiera encantado hacer un libro con una única receta, pero no hemos tenido los cojones de hacerlo.

Para empezar, el título que da nombre a este santo libro de recetas, cómic o lo que sea es largo. Muy largo: “La tortilla de patatas: la receta original y las imprescindibles, los mejores acompañamientos y algunos consejos para batir los huevos con energía” (Debate, 2016). Y lo que se encuentra en el interior es una oda a la mejor tortilla y una guía del odio a los crímenes tortilleros: “ La tortilla es un artefacto acojonante y estamos sodomizándola por el culo todo el día”.

David de Jorge suelta por la boca todo lo que piensa con chorros de humor ácido para dar y tomar. El libro imagina la tortilla como un dios. Una frase en negrita destaca un mensaje sagrado: la tortilla de patatas es dios porque nació pasada de moda: “ A mi la tortilla de patatas me habla. Es como un dios. Tú ahora no la estás viendo, pero yo sí”, asegura con un puro en la boca que deja el ambiente con viejas aromas de La Habana.

La tortilla es un artefacto acojonante y estamos sodomizándola por el culo todo el día.

En su día, pasó de cocinero en Hondarribia a figura mediática con el sobrenombre de Robin Food. Algo así como un Robin Hood de la comida, pero en lugar de robar a los ricos para dársela a los pobres, se la comía toda él. Gracias a un estómago a prueba de bombas, se ganó al respetable en menos de lo que dura una sobremesa.

No tenía claro de buenas a primeras el encargo de este libro, pero el amor incondicional por la tortilla le dio un empujón extra: “ Me han enseñado a adorar la tortilla de patata desde que era un crío. En mi casa hemos vivido la pasión por comer tortilla a todas horas. Era un rollo obsesivo”. Esta obsesión la comparte más de media España: “ No conozco a nadie a quien no le guste la tortilla de patatas. Conozco a gente que le gusta poco, pero que no le guste nada, a nadie”.

No conozco a nadie que no le guste la tortilla de patatas.

Este es el único consejo que da al novato que cocina la primera tortilla de patatas de su vida: “Si le sale a la primera, tiene una suerte de la hostia". Y es que lo que más aprecia de la tortilla es el factor sorpresa: “ No soy capaz de hacer dos tortillas de patatas seguidas iguales. Hago muchas, pero nunca me sale ni igual de gorda ni igual de dorada. Es tan caprichosa la hija de puta que siempre tiene la sartén por el mango. Ella te domina”.

Hay mil y una teorías sobre el origen de la tortilla de patatas española, pero recientemente se ha publicado la más oficiosa en el libro La patata en España. Historia y Agroecología del Tubérculo Andino del científico del CSIC Javier López Linaje. Se sitúa el origen de la tortilla española en la localidad de Villanueva de la Serena en el siglo XVIII.

Es tan caprichosa la hija de puta que siempre tiene la sartén por el mango.

“Si hay que ir a Villanueva a hacer el pregón se va. A ver si tienen cojones los del pueblo extremeño de hacerle una rotonda a la tortilla de patatas. Hay rotondas al chorizo, al racimo de uva, al toro y a su puta madre, pero nunca una a la tortilla de patatas. Si la hacen, me comprometo a cortar la cinta en la inauguración”.

Pero no todo son buenas artes en España. David detesta las tortillas de microondas, de nevera, del súper, de gasolinera, con patatas de bolsa y sobre todo las rellenas: “son el ocaso de la civilización. Son como el virus Ébola. Una epidemia que está en todas partes. Nunca he comido una tortilla rellena decente. Son un espanto y un sin sentido. Hay gente que le pone ensaladilla con patata a una tortilla que ya lleva patata. Son ladrillos incomestibles. Si esto sigue así, algún día harán pienso con humanos para que coman los pájaros”.

Hay rotondas al chorizo, al racimo de uva, al toro y a su puta madre, pero nunca una a la tortilla.

A quien no da tregua es a los cocineros de la alta cocina. Los denomina terroristas de la tortilla por sus crímenes contra la humanidad: “A todos los cocineros, incluyéndome a mí, nos falta un poco más de sentido del humor. En este libro me tiro un balde de barro por la cabeza y las salpicaduras dan a Ferran Adrià, Dabiz Muñoz o Karlos Arguiñano. Le podría preguntar a Ferran Adriá por qué decidió reconstruir la tortilla de patatas, pero es más divertido imaginar que de pequeño los compañeros de escuela escupían en su bocadillo y ahora se está vengando”.

Ha probado la tortilla vegana sin huevo y “ si el veganismo se impone, me comprometo a hacer una expedición a Cabo Cañaveral, montarme en un cohete y llevarme la tortilla a la estación espacial. Cuando las cosas se calmen, volveré para colonizar el mundo”.

Como rey del nuevo mundo de huevo y patata deja una buena comparación para la eternidad: “La tortilla de patatas es como un solo de trompeta de John Coltrane. Siempre perdurará en el tiempo. Es la perfección absoluta”.

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