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Okja, la película animalista que debería ver cualquier carnívoro

Parece un cuento de hadas de una niña y su cerdo gigante, pero es el ataque más feroz contra la industria cárnica del cine reciente

El director coreano Bong Joon-ho ha logrado tres milagros en Okja, su nueva película y primer gran blockbuster oficial de Netflix . El primero y más importante es colar un mensaje anticapitalista dentro de un superproducción para todos los públicos. El segundo es que este mensaje anticapitalista lleva implítico un fogonazo extra para que los carnívoros se lo piensen dos veces antes de volver a saborear un bocado de carne. Y el tercer milagro es confeccionar un cóctel de géneros cinematográficos y salir victorioso con una película inclasificable, fresca y necesaria.

De hecho, en "The Host" y "The Snowpiercer", sus anteriores películas ultra recomendables, ya daba buenos indicios del talentoso director que podía ser, pero aquí hay cine lírico, naturalista, de acción, de aventuras y drama. Y no decepciona. Pero empecemos por el principio. No es casualidad que alguien muy destacado dentro del activismo contra el maltrato animal me dijera una frase para recordar toda una vida: “¿Sabes por qué no podemos hacer campañas contra el maltrato con animales marinos? Porque los peces no chillan”.

Así es. El chillido iguala a todos los mamíferos en un mismo grupo. Incluso a los humanos. Nos emociona, nos duele, nos aterra y, sobre todo, nos pone en alerta. Algo extremadamente parecido recalca Tilda Swinton interpretando a la jefa de la corporación cárnica más importante de EEUU. De su boca saldrán todos los golpes bajos contra empresarios cegados por la codicia: “Del cerdo todo es comestible. Todo, menos los chillidos. Y sólo podemos venderlos muertos”.

 Este es el pequeño gran abismo que separa a la mala malísima de la niña de 10 años que protagoniza esta película. Donde la cría ve a su amigo del alma, la empresaria sólo ve solomillos para vender a restaurantes caros.

Del cerdo todo es comestible. Todo, menos los chillidos.

“El mundo tiene 7 mil millones de habitantes. 805 millones de personas pasan hambre todos los días, incluídos 30 millones en los EE.UU. Nos quedamos sin comida y ni hablamos del tema”. Esta es la excusa para criar millones de cerdos. Pero como los cerdos que existen naturalmente no son suficiente, hay que crear cerdos transgénicos mucho más grandes: los supercerdos. Animales de laboratorio que acabarán convertidos en barritas de cecina con la excusa de satisfacer el hambre en el mundo.

“Nos hacía falta un milagro y nos llegó. Decid hola al supercerdo”. Como a nadie le gusta que le den de comer veneno conscientemente, se viste de mentira con etiquetas naturales, 100% ecológico y sin transgénicos para evitar remordimientos. Remordimeintos que sí tendrá el espectador por visionar los 121 minutos del metraje porque logra que seamos conscientes de que formamos parte de esta gran farsa actual llamada "sistema alimentario".

La montaña rusa de géneros te lleva de la alegría al dolor y concentra todas las emociones en el sitio que ningún carnívoro puede negar: el matadero, donde la cruda verdad se esconde. No hay nada más impactante que ver la mirada atónita de una niña al descubrir cómo se pueden hacer hamburguesas de la carne de su mascota.

La mirada atónita de una niña al descubrir cómo se pueden hacer hamburguesas de la carne de su mascota.

Por cierto, es posible que esta película empiece a cambiar algunas de las normas del juego. Okja ha recibido varios palos. Y curiosamente no vienen de la industira cárnica (de momento) ni de la crítica cinematográfica que la está dejando por las nubes. El mundo del cine primero se negó a financiar este film: "Nadie en Hollywood quiso poner dinero en Okja salvo Netflix", asegura el actor Giancarlo Espósito, concocido por su papel como dueño de Pollos Hermanos en Breaking Bad. Pero no sólo eso, el visionado del film en el Festival de Cannes fue recibido con silbidos por aquellos puristas que en nombre del cine clásico creen que sólo las salas de cine son territorio exclusivo del séptimo arte.

Lo que nadie ha logrado resolver es la pregunta del millón: ¿Cómo ha logrado el director coreano convencer a Netflix para invertir en esta bomba anticapitalista? Es algo que nunca sabremos, pero queda claro que les va la marcha. “No es culpa nuestra que el consumidor sea tan paranoico con la comida transgénica”, dice Tilda Swindon con una barrita de cecina a medio terminar. Claro que no es culpa de nadie... y tampoco lo es que esta película remueva un-no-se-qué antes de poder comer una costilla de cerdo de nuevo.

No es culpa nuestra que el consumidor sea tan paranoico con la comida transgénica.

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