Food

¿Has pensado en toda la fruta desperdiciada en los árboles urbanos? Así es como se recupera

Comprar fruta es absurdo cuando se encuentra gratis en tu ciudad, pensaron los responsables de estos proyectos que están ayudando a reutilizar la fruta que se encuentra en el espacio público

Era verano. La canícula centelleante. El fuerte olor dulce de la fermentación de la fruta está en el aire. A los pies de un árbol hay un montón de peras podridas que llega hasta los tobillos. A unos pocos metros, arbustos con ciruelas silvestres, bayas de saúco, y algún que otro manzano. A nuestro alrededor, una inmensa cantidad de fruta fresca olvidada, abandonada, sin uso”.

Katharina Frosch recuerda así el momento en el que nació el picor que les llevó a dar el paso. Frosch y su amigo Kai Gildhorn estaban haciendo un viaje en piragua por el río Unstrut, en el estado alemán de Sajonia-Anhalt. Cada vez que se acercaban a la orilla para hacer un descanso, el cuadro se repetía: árboles y arbustos frutales medrando en los márgenes del dominio público; kilos de fruta cayendo literalmente en sus bocas.

La escena les pareció un tremendo sinsentido. Idílica, y a la vez completamente absurda.

Allí estaban ellos a punto de regalarse un tentempié, urgando en su bandeja de manzanas envueltas en plástico de supermercado, probablemente llegadas desde algún lugar a miles de kilómetros. Les hubiera bastado alargar la mano para coger lo mismo directamente del árbol.

Aquel día ambos se sintieron incómodos y estúpidos. Una semana después nacía la plataforma Mundraub; literalmente 'hurto famélico' en alemán. Robar para comer, vaya. ¿Su idea? Reclamar para el consumo público los frutos que nacen en el espacio público. O como ellos prefieren decir: transformar espacios ignorados en escenarios colectivos de vivencias comestibles.

Hacia una gobernanza alimentaria en común

En Alemania no existe ningún árbol sin dueño”, explica Frosch. “Los frutales que quedan fuera de los nucleos urbanos suelen pertenecer a personas privadas, incluso aunque los terrenos no estén cercados. Las filas kilométricas de árboles frutales que dominan el paisaje en muchos Estados pertenecen a los municipios o al gobierno federal, y los árboles de los parques son propiedad de las ciudades. Coger esa fruta sin pedir permiso a los respectivos propietarios supone, en teoría, el robo de la misma”.

Mundraub hace que ese “robo” esté bien visto. Porque la necesidad no tiene ley. Porque parten de una realidad desagradable que intentan mejorar (la abundancia de fruta olvidada en el espacio público). Y porque detrás del proyecto hay una clara intención de aportar al entorno tanto como se toma del entorno.

La plataforma se estructura alrededor de un mapa interactivo en el que cualquiera puede indicar “puntos de interés”. Es decir, marcar lugares concretos del espacio público donde existen árboles o arbustos con fruto, para que quien quiera pueda ir a cosechar lo que allí crece.

Esa es su razón de ser fundamental, hacer comestible el dominio público, aunque también hay propietarios privados que recurren a Mundraub para socializar el fruto que crece en sus tierras o sus jardines. Siempre será mejor que se lo coma otro a que se pudra.

Hoy la plataforma cuenta con más de 54.000 usuarios registrados que han marcado más de 48.000 puntos de interés en una veintena de países. Frutas, vayas silvestres, frutos secos, hierbas comestibles... “Juntos plantamos, cultivamos y recolectamos en lugares que han sido abandonados. Percibimos aquello que ha sido ignorado y compartimos lo que allí crece con cualquiera”, explican desde Mundraub.

Más que una mera plataforma, Mundraub es una comunidad que trabaja para construir la 'ciudad comestible'. No es una idea nueva. Los huertos urbanos llevan años proliferando en todo el mundo, iniciativas de 'guerrilla gardening' como la de Incredible Edible se han reproducido en otros muchos lugares y existen precedentes notorios como el de Andernach, cuna de Bukowski, donde el gobierno local consiente y anima a los ciudadanos a cultivar en parques públicos y otras áreas verdes de propiedad municipal. Hace años que los letreros de “No pisar la hierba” fueron sustituidos en Andernach por los de “Permitido plantar” o “Coja lo que quiera”.

Mundraub trabaja en esa línea pero introduce un matiz de autogestión y responsabilidad colectiva. Detrás de la idea de tomar gratis está la idea de volver a aportar algo al entorno. A sus responsables les gusta aludir el espíritu de “ la escuela Ostrom”, a su análisis de la gobernanza económica, los commons y la organización de la cooperación. Quieren ser un ejemplo de que las personas pueden autoorganizarse con eficacia, más allá del mercado y el Estado, para mantener y administrar de forma efectiva los bienes comunes. En este caso, la naturaleza que da fruto.

Parece que la idea va cuajando. Coincidiendo con el relanzamiento de la plataforma, hace un par de semanas, por primera vez los gobiernos locales de varias de las principales ciudades alemanas (también el de Viena) les han dado acceso a sus catastros municipales de árboles.

Incentivando el cambio de conciencia

“Cuando descubrí Mundraub pensé que era un proyecto fantástico. Me gusta su propósito. Pero a la vez creo que su visión es demasiado idealista. Es una visión para una vida sin capitalismo. Creo que debemos analizar cómo funciona el mundo y cómo podemos actuar sobre el mundo. Y un aspecto que no podemos olvidar es que el dinero es un buen incentivo. Nuestra plataforma quiere ser una motivación para que las personas hagan algo con toda esa materia prima que crece en espacios públicos o privados y que nadie usa. Que no se desperdicie”.

El que habla es Johannes Schubert, usuario de Mundraub y emprendedor atípico. Su último proyecto, aún en fase beta, es Marmaloo, un marketplace comunitario para productos alimentarios que se sostiene sobre una idea central: conocer el origen de lo que consumes.

Hemos sido alienados de nuestra comida. Ya no sabemos de dónde viene lo que comemos, y mucha gente se está cansando de eso. Se dice que somos la Generación Why. Queremos saber más sobre el origen de lo que consumimos. Queremos pensar sobre el impacto de nuestros comportamientos y nuestros consumos en el mundo”.

La idea de Marmaloo nació alrededor de una filia personal de Schubert: las mermeladas caseras. Mermeladas que elabora con las frutas que él mismo recolecta en los alrededores de Berlín. Tiene que haber más como él, pensó. Gente dispuesta a vender y comprar esas creaciones artesanas. Gente que valora la confianza que da saber quién ha elaborado lo que estás comiendo.

Conocer su nombre, su cara, y hasta el aspecto que tiene la cocina en la que se ha preparado ese producto que no vas a encontrar en las tiendas.

“Siempre que alguien prueba una mermelada casera, la respuesta es la misma: sabe diferente, sabe mejor. La gente percibe la diferencia entre lo que es artesano, hecho en casa, y lo que sale de la producción industrial. Y no es solo una cuestión de sabor. La experiencia también es distinta a nivel de texturas. Recolectar tú mismo la fruta te da además acceso a una materia prima más amplia. Vas a un super e igual encuentras 9 tipos de manzana, siempre las mismas. Solo en Alemania hay 2.000 variedades de manzana distintas. Nos estamos perdiendo sabores”.

El marketplace de Marmaloo se activirá el próximo mes. Quieren impulsar el intercambio entre particulares que gustan de elaborar sus propios manjares. Incentivarlo ofreciendo la posibilidad de vender esos productos a un precio justo. Ademas de mermeladas, la idea es que la gente ofrezca chutneys, salsas, frutas secas, siropes, hierbas aromáticas... “Cualquier producto elaborado con frutos o vegetales de forma artesanal y que tengan un origen claro”, explican.

“Creo que el futuro pasa por lo pequeño, por lo regional, por recuperar una cierta independencia frente a un sistema agroalimentario global”, sentencia Johannes. “La gente que vive en las ciudades busca autenticidad, reconectar con la tierra. Veo un cambio de mentalidad, y queremos ser parte de ese cambio. Marmaloo es un marketplace comunitario. Va del producto, pero también sobre quienes están detrás del producto. Se trata de comer mejor, más rico y de fomentar la creación de vínculos entre personas que sienten igual en relación a la comida”.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar