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Monsanto pagó a un panel de científicos por un estudio 'independiente' a favor del glifosato

La intención era rebatir las afirmaciones de la OMS de que se trata de un producto cancerígeno

Se abre el telón y aparece una carpeta con la etiqueta ‘????’. Contiene más de 150 documentos que explican cómo una multinacional agroquímica pagó para que se escribieran artículos académicos favorables a sus productos. Se cierra el telón. ¿Cómo se llama la obra? ‘Monsanto tiene quien le escriba papers’.

Tal es el mensaje que parece indicar la nueva hornada de correos que han salido a la luz gracias a los abogados de la acusación y que se suman a los Monsanto Papers.

Concretamente, Monsanto contrató a Intertek Group Plc para que rebatiera los argumentos de la International Agency for Research on Cancer (IARC), una rama de la Organización Mundial de la Salud, que había descubierto indicios de elementos cancerígenos en el glifosato que contiene uno de sus pesticidas más famosos, el Roundup. Paradójicamente, este era el título del paper publicado en 2016: “ An Independent Review of the Carcinogenic Potential of Glyphosate”.

Dichos correos muestran que el jefe del comité regulador científico [‘regulatory science’], William Heydens, y otros científicos de Monsanto, estaban muy involucrados en organizar, revisar y editar los borradores enviados por los expertos externos. El mismo Heydens vetó las posteriores sugerencias de edición de los científicos que lo redactaron.

“Es necesaria una revisión profunda del sumario del artículo”, dijo uno de los expertos, John Acquavella, epidemiólogo en la Universidad de Aarhaus, en un mail donde sugería sus ediciones. Ashley Roberts, coordinadora en Intertek de estos artículos sobre el glifosato, mandó las ediciones a Heydens, que rechazó las ediciones del experto. Extrañamente, Acquavella afirmó más tarde en una entrevista que estaba satisfecho con el tono final. De acuerdo con una factura que mandó a Monsanto también recogida en estos documentos recientemente publicados, cobró 20.700 dólares por un único mes de trabajo en el artículo, que costó casi un año completar, según ha informado Bloomberg.

También solicitó que en las secciones de Agradecimientos y Declaración de Interés omitiera a la contratante: “Si puedes decir que no intervino Monsanto, sería fantástico”.

Por su lado, Monsanto ha aclaró en su momento lo siguiente: “El panel de expertos se decidió y actuaron como consultores de Intertek y no fueron directamento contactados por Monsanto. Tampoco ningún empleado de Monsanto ni ningún abogado revisó los manuscritos antes de que fueran enviados a la revista”. El vicepresidente de estrategia global de Monsanto, Scott Partridge, se ha acabado defendiendo diciendo que su edición solamente fue “cosmética” y “no cambió la ciencia”.

Otros emails muestran casos similares. La toxicóloga líder de Monsanto, Donna Farmer, fue echada como coautora de un estudio sobre los efectos del glifosato en 2011 en la salud reproductiva, no sin antes haber hecho cambios sustanciales y adiciones. En este caso, el artículo quería contrarrestar los descubrimientos que señalaban al glifosato como disruptor hormonal.

La noticia ha provocado una cascada de denuncias de personas que afirman haber contraído linfoma a causa de una exposición al Roundup, que US Right to Know ha recogido.

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