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"La gente cree que el bar está en obras o que hacemos fotocopias"

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Hablamos con el creador del primer bar del mundo impreso con máquinas 3D

Marc Casanovas

30 Enero 2017 19:30

El 5 de noviembre de 2015 tres máquinas empezaron a imprimir una baldosa del primer bar del mundo creado en su totalidad con impresoras 3D. Paredes, barra, muebles, vasos, platos cubiertos, comida… todo excepto las bebidas tiene que salir de la tecnología en tres dimensiones. Es el futuro de la alimentación que ya ha llegado en forma de bar que se imprime a sí mismo.


 

Un año y tres meses más tarde de la primera baldosa, el EX BAR en Barcelona sólo tiene el 10% del local impreso. Es un ritmo lento expresamente buscado: “Es como la gestación de un embarazo tecnológico”, bromea Martí Guixé. Para llegar a la sala de parto faltan 3 años y medio de impresiones, así que aproximadamente a finales de 2019 el primer bar del mundo impreso en 3D se podrá inaugurar oficialmente.

El único proyecto que se puede comparar a este bar es el Canal House Project de Holanda. Una casa en 3D en un canal de Amsterdam que se imprime desde hace 3 años: “En ese proyecto se pretende mejorar la tecnología de las impresoras 3D. Nosotros partimos de la esencia y sólo utilizamos las modelos de impresoras 3D más básicas del mercado para buscar el límite de su buen uso. Si tenemos lo mínimo, ¿dónde podemos llegar como máximo?”, puntualiza Martí.


En principio no hay límites tecnológicos aunque el problema principal es el tiempo: “Se puede hacer todo, pero a una velocidad muy lenta. Mucho más lenta de lo que inicialmente calculamos con Pau Badía (arquitecto). Por ejemplo, para imprimir cada una de las baldosas que cubre todo el bar se tardan 3 horas y para imprimir un vaso entre 4 y 6 horas. ¿Podría tener más máquinas? Sí. ¿Podríamos tener máquinas mejores? También, pero no queremos”.

No quieren porque este diseñador industrial es un hombre inquieto y peculiar que defiende algo así como un "romanticismo tecnológico". Su mente va más rápido que su discurso y a media frase siempre tienes la sensación que se te escapa porque ya está pensando en otra cosa: “Si pasas por delante del bar de madrugada ves las 3 impresoras trabajando sin descanso. Es un bar en progreso constante porque imprimen durante las 24 horas del día. En un año y dos meses hemos acabado la barra y un trozo de pared de la entrada. Como el tiempo de construcción es tan largo decidimos abrir ya".

Pese a que el bar está por hacer, ya está abierto a un público que no sabe muy bien cómo reaccionar: “Algunos entran y nos piden fotocopias pensando que es una copistería. Después hay ingenieros, arquitectos y adolescentes locos por las nuevas tecnologías que alucinan con el proyecto, pero la mayoría nos pregunta si estamos abiertos porqué está todo en construcción y es como entrar en una obra. Somos como la Sagrada Familia, pero aquí no se hacen misas”, bromea.

Como entienden de diseño y no de restauración se adaptaron a las demandas de los clientes del barrio: "La gente se quejaba porque no había sitios donde sentarse, así que imprimimos unos taburetes para los clientes más cansados”. Cuando se le pregunta por la obra finalizada tiene muy claro que es un proyecto de diseño industrial más que un bar al uso: “No queremos ser un bar hipster típico de Barcelona. Todos los bares de la ciudad están cortados por el mismo patrón. Este bar va a ser muy diferente. Ahora tiene un aspecto muy industrial, pero cuando todas las piezas con relieve conecten será increíble”.


¿Y la comida? Un bar impreso en 3D reclama comida a la altura: "Por supuesto que queremos imprimir comida. Un sponsor de Taiwán nos cederá 3 máquinas, una de ellas especializada en imprimir comida en 3D. Cuando el bar esté acabado vamos a transformar las otras impresoras para darles un uso exclusivo enfocado a la gastronomía".

Eso sí, las impresoras 3D de comida requieren un trato distinto: "Hay que pensar que la tecnología y la configuración de la impresoras cambia completamente si es para imprimir comida. Las máquinas tienen que tener un dispositivo para cocer harina que ahora no tienen".

Martí Guixé nos enseña vasos, copas, platos y tenedores impresos en 3D. Todos con certificado gastronómico que hay que ir renovando cada 3 meses porque con el uso se degradan: "Aún estamos buscando qué comida impresa queremos ofrecer al cliente, pero tiene que ser coherente con el espacio. Por ejemplo haremos bolas de pan con tomate, una construcción arquitectónica comestible para comer pan con tomate sin hacer migas".

Como diseñador industrial no quiere adelantarse al futuro pero cree que "a diez años vista tendríamos que poder imprimir nutrientes y sabores por separado. Imagina una pata frita con sabor a fresa. A largo plazo imagino que los gustos ya no tendrán ninguna relación con la naturaleza. Serán gustos mucho más complejos sin peligros tóxicos ni pesticidas".



Pese al ritmo lento de la construcción del bar no tiene miedo a la competencia: “Si supiéramos que alguien intenta hacer un bar 3D cambiaríamos la tecnología para ir más rápido, para que nadie se nos avance. Realmente podríamos ir más rápido porque hay viveros con 300 impresoras 3D para poder acelerar todo el proceso, pero no queremos”, asegura. Vuelve el romanticismo tecnológico mientras tocamos vasos recién impresos por unas máquinas sorprendentemente silenciosas.

"Las impresoras 3D tienen un potencial enorme. Aún está por descubrir todo su potencial y lo que realmente pueden aportar. Y lo mejor es que es una tecnología al alcance de todos", sentencia. Dejamos el bar con las impresoras 3D en marcha que sólo se quejan si padecen alguna avería. 









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