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El sabor de la uva despertaba el instinto asesino de Jack el Destripador

Seducir con la fruta de la pasión para matar de la forma más violenta

La única carta que recibió la policía del verdadero Jack el Destripador tenía su famosa firma: “From Hell” (Desde el infierno). En ese preciado papel de 1888 no aparecía ninguna referencia a la fruta que siempre acompaña a la leyenda del famoso asesino británico, las uvas.

La hipótesis más extendida indica que Jack el Destripador era alguien de buena posición económica ya que en varios escenarios se encontraban uvas, que eran muy caras en aquella época. Pero si eran la herramienta rociada con veneno que utilizaba para seducir a sus vícitimas, siempre de clase muy pobre, ya entra en el campo de las suposiciones.

Lo que si es cierto es que el asesinato de Elizabeth Stride en un callejón oscuro de Berner Street el 30 de Septiembre de 1888, tiene a las uvas como protagonistas. Cuando se halló su cadáver, su puño apretaba un racimo de la fruta mortal, decía la notícia en The Times, según Wyne Weston-Davies, autor de Jack the Ripper: A True Love Story.

Como bien explica el escritor Gabriel Antonio Pombo en su libro El monstruo de Londres. La leyenda de Jack el Destripador, “Las uvas constituyeron un tópico recurrente en la mitología construida en torno a Jack el Destripador. No en vano en la obra gráfica From Hell se insiste en que el criminal ofrecía a sus víctimas racimos de esta fruta que previamente empapaba en láudano para ganarse su confianza antes de agredirlas”.

En la película donde Johnny Depp interpeta al Inspector Frederick Abberline, vemos al actor olfateando y rozando con sus dedos los labios de las mujeres para comprobar la reciente ingesta de dicho alimento. 

Según esta teoría, las mujeres, ante una fruta soñada y lujosa que sus bolsillos no podían permitirse, mordían el anzuelo y caían bajo los efectos del potente somnífero.

Si el mito de la uva salió de algún lado, cabría estimar que fue a partir de las declaraciones vertidas por Matthew Packer. Este comerciante le contó a la policía que en horas precedentes al doble acontecimiento entró a comprarle unos racimos a su tienda localizada en la calle Berner un hombre en compañía de una mujer, a la cual luego reconocería como la infortunada difunta Elizabeth Stride.  

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