Food

Gorda, el manga para mujeres donde la obesidad casi es ilegal

“Si el mundo va a seguir siendo tan amable conmigo, no quiero volver a comer”

“Nunca me han gustado los gordos. Cada vez que veo a un gordo humillado por el hecho de serlo, siento una extraña paz interior”, dice con tono amenazante la malvada antagonista de este manga pensado y escrito para mujeres adultas. Tachibana es una mujer que utiliza su gran belleza para sacar tajada. Cree que los gordos son la peste y está convencida que hay que aniquilarlos para mejorar la sociedad.

El sobrepeso como inicio y final de todos los problemas. O lo que es lo mismo, la vía de escape para canalizar toda la cólera que nace de las propias miserias.

Moyoco Anno, autora de "Gorda" que Ponent Mon pondrá a la venta a partir del 20 de febrero, es una mangaka experta en el género josei que en japonés significa “femenino”. Que nadie busque ninguna connotación sexual. Tan sólo es una manera directa de hacer referencia a sus lectoras mayoritariamente mujeres y adultas. En "Gorda" tenía muy claro cuál debía ser el tema central que ya es una de las grandes obsesiones del país nipón: los ciudadanos obesos.

Qué gorda estoy...

Es curioso porque Japón está delgado para el ojo europeo. El dibujo mental de un japonés/a es de una persona pequeña y delgada. Sin embargo, según cifras oficiales del gobierno, entre los 127 millones de habitantes del país hay unos 20 millones de obesos. En 2008, los políticos llegaron a proponer multas al sobrepeso y se fomentó una campaña nacional para que las empresas premiaran al buen trabajador que lograra adelgazar.

La nueva normativa estableció los límites de la obesidad en 85 centímetros de cintura para los varones y 89,9 para las mujeres. Los que superaban esos valores estaban gordos oficialmente. En la ley se instaba a los gobiernos locales y a las empresas a que exigieran a sus trabajadores de 40 a 74 años (56 millones de personas) incluir la medición del perímetro abdominal en sus revisiones médicas anuales. Todo para reducir el talle del 10% de la población.

Lo más grave del caso es que las empresas que no metieran en cintura a sus empleados serían penalizadas en un plazo de cinco años. En un país donde el trabajo lo es todo, los efectos colaterales de esta medida fueron devastadores y miles de casos mayoritariamente femeninos con trastornos alimentarios surgieron de la nada.

¡Come y come! ¡Come todo lo que tengas a mano! ¡Come!

Noko Hanazawa es la protagonista de “Gorda”. Trabaja en el departamento de ventas de una oficina, tiene novio y es relativamente feliz. Tan solo tiene un problema: está gorda para la sociedad. La presión social y los problemas amorosos logran germinar en su interior un oscuro nudo en forma de desorden alimentario. Cada paso, cada gesto, cada mala noticia es una lucha interior entre lo que hace y lo que debería hacer. "Si el mundo va a seguir siendo tan a amable conmigo, no quiero volver a comer", dice la joven.

Rápidamente se establece un juego demasiado peligroso entre la falta de autoestima y el sobrepeso. Engullir para no pensar. El camino voluntario hacia la autodestrucción.

La autora intenta mostrar la realidad de un trastorno alimenticio en Japón. Las palabras anorexia o bulimia no aparecen en ningún momento, pero sobrevuelan cada una de las viñetas. No utiliza el recurso fácil de una joven de instituto. Noko ya es una mujer adulta con un trabajo fijo que se presupone que ha superado las tonterías de la adolescencia, pero eso no impide que caiga en falsas creencias.

 Los atracones de comida pasan a ser la solución para no afrontar los problemas del día a día. Una especie de caparazón de autodefensa le hace pensar que el único momento del día en el que no se siente juzgada es cuando está tan llena que no puede ni moverse. Es entonces cuando se siente protegida y segura: "Todo irá bien mientras lleve puesto mi vestido de grasa", llega a decir.

En ese punto, vomitar se había convertido en un hábito.

El problema viene cuando Noko se da cuenta que todos sus problemas no se resolverán cuando esté delgada. Su incapacidad por decir las cosas a la cara le generan una ansiedad que no sabe cómo canalizar. En definitiva, la autora dibuja un retrato robot de las personas enfermas que son las últimas en darse cuenta que padecen un trastorno más mental que físico.  

Un manga crudo sin concesiones que se adentra en la exigencia laboral de las empresas niponas y en la importancia de la imagen que proyectamos hacia los demás.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar