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Activistas contra el hambre ponen fin al “almuerzo de la vergüenza”  

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"Necesito dinero para el almuerzo": EEUU clama contra las escuelas que castigan con marcas en los brazos a los alumnos que no pagan la comida

Marc Casanovas

10 Abril 2017 13:55

Cuando me di cuenta que tenía a un alumno hambriento en mi clase sólo tenía una solución. Mi marido cada día me prepara un desayuno completo y le pedí que ampliara al doble o triple la ración de lo que comería habitualmente. La inseguridad alimentaria ocurre en todas partes”.

Es el mensaje desesperado que posteó en The New York Times una profesora de noveno y décimo segundo grado en Sillicon Valley. Su súplica destapa un fenómeno que, sin ser nuevo, ha subido en decibelios mediáticos durante las últimas semanas en EE.UU: el “lunch shaming” o almuerzo de la vergüenza que se da cuando un alumno no puede pagar la comida escolar.



El “lunch shaming” se da cuando un alumno no puede pagar la comida escolar.






En algunas escuelas la desigualdad se tiñe de bochorno cuando las supuestas instituciones educativas permiten prácticas discriminatorias como marcar brazos de alumnos con mensajes como “I need lunch money” (Necesito dinero para el almuerzo), la obligación de limpiar mesas del comedor frente a los compañeros que pagan o trabajadores del comedor obligados a tirar a la basura la comida escolar que los alumnos sin dinero intentan comer sin permiso.

Sin establecer comparaciones con el “bulling” que infringen algunos alumnos a otros, el “lunch shaming” sería algo así como un acoso escolar perpetrado por el centro educativo contra sus propios alumnos que supuestamente más tendría que proteger. Un disparate en toda regla que aunque las leyes no lo permitían tampoco lo perseguían. Por fin parece que se pone punto y final a este despropóstio.

Retomando el mensaje inicial de la profesora, el texto deja bien a las claras dos cosas igual de desconcertantes. En primer lugar, que un alumno llegue hambriento a clase es algo atroz, pero es mucho más preocupante que la profesora crea quela solución más efectiva pase por acabar con el problema sin ayuda de la institución educativa. Conocedora del sector, confía más a corto plazo en sus recursos que en los de la escuela para revertir la situación y que ese niño deje de pasar hambre. Lo que aparentemente parece una negligencia de la profesora, deja de serlo cuando se comprende que es una manera indirecta de dejar al descubierto que el sistema de pago de las dietas escolares está fallando en EE.UU.



El “lunch shaming” sería algo así como un acoso escolar perpetrado por el centro educativo contra sus propios alumnos.





No fue hasta el jueves pasado que la gobernadora Susana Martínez firmó la “Hunger-Free Students’ Bill of Rights”, lo que vendría a ser la Declaración de Derechos de los Estudiantes Sin Hambre de Nuevo México, para que las escuelas trabjen conjuntamente con los padres para poder pagar sus deudas o acepten la asistencia alimentaria federal. Las medidas se aplicarán en todos los centros escolares públicos y privados que reciban subsidios del estado para desayunos y almuerzos.

La ley llega tarde, pero no deja de ser una victoria para los activistas contra el hambre, quienes durante mucho tiempo han criticado las prácticas desalentadoras que señalaban a los niños sin fondos suficientes en sus tarjetas electrónicas. De esta manera se acaba con las terribles muñequeras o marcas en las brazos, tareas a cambio de comida o castigos abusivos que lo único que hacían era culpabilizar a los alumnos de una situación que nada tenía que ver con su comportamiento.



La ley llega tarde, pero no deja de ser una victoria para los activistas contra el hambre.





En algunos casos, se había llegado a ordenar a los trabajadores de la cafetería escolar que tiraran los almuerzos de los niños que debían dinero, dándoles alternativas como bocadillos, leche y fruta.

Que nadie crea que Nuevo México es la excepción. De acuerdo con la Asociación de Nutrición Escolar, más de tres cuartas partes de los distritos escolares tenían deudas de plos padres sin cobrar al final del último año escolar. En una encuesta realizada por la asociación, los distritos informaron de una deuda media de unos pocos miles de dólares , pero algunos alcanzaron los 4,7 millones de dólares. 


Tenemos que alejar al niño de una deuda que nunca tendrá el poder para solucionar.



Entonces, ¿Qué pueden hacer las escuelas para recuperar esa deuda sin "castigar" a los alumnos?

Una vez que la deuda se considera incobrable, las escuelas deben anotarlo, pero no pueden compensar la pérdida con dólares federales. En vez de eso, deben buscar otras formas de ingresos, como la venta de aperitivos y comidas, o deben solicitar el reembolso en otro lugar, generalmente del fondo general del distrito.

En la guía oficial del Departamento de Agricultura se desaconseja el uso de comidas alternativas y otras prácticas que puedan estigmatizar a los alumnos. Si las escuelas deciden ofrecer una comida alternativa, el departamento sugiere tener preparados envoltorios de papel para que parezca un almuerzo casero, o ofrecer la misma comida fría al resto de estudiantes para que todos forman parte de un todo.

En esa misma linea, la señora Ramo de New Mexico Appleseed, la organización no lucrativa enfocada en mejorar la vida de los pobres en EE.UU., lo tiene claro: "Tenemos que alejar al niño de una deuda que nunca tendrá el poder para solucionar”.

[Vía The New York Times]

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