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Food

Este es el rostro de los alimentos que matan lentamente

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Hablamos con el fotoperiodista que retrató los alimentos más contaminados del planeta como si fueran personas: "El precio de alimentarse en Chernóbil es una muerte lenta y silenciosa"

Marc Casanovas

15 Noviembre 2017 06:00

"Veneno".

Con este concepto define el fotógrafo y documentalista Raúl Moreno la manzana que cambió radicalmente su trabajo en Chernóbil (Ucrania), la zona prohibida desde ese fatídico 26 de abril de 1986 cuando el reactor número 4 de la central nuclear saltó por los aires para debastarlo todo de la forma más cruel: lentamente.

Como muy bien escribe él mismo para 5W, “Fue un cataclismo que, en silencio, sigue escribiéndose. Empezó con titulares y ahora lo hace con letra cada vez más pequeña, porque no tiene la épica de otros conflictos de nuestro tiempo; (...) aquí el enemigo es invisible y trabaja a cámara lenta”.

Zona contaminada.

Mirando las protuberancias del fruto prohibido se dio cuenta que no estaba abordando correctamente su trabajo: “Un día vi una bolsa llena de manzanas. La miré y pensé en la manzana del cuento de Blanca Nieves, de como al comer esa manzana la protagonista entraba en un profundo sueño y lo extrapolé a Chernóbil. Fue aquí donde me di cuenta de la importancia de la alimentación”, dice.

Raúl observó que en las tierras donde la radiactividad lo mancha todo de muerte se comen frutas y verduras envenenadas. Y que la gente se las come porque no tienen nada más que llevarse a la boca.“De algo tenemos que morir”, le dijeron con una fina ironía a prueba de reactores nucleares.

Imagina por un momento comer sabiendo que esa comida te está matando, pero sabiendo que si no comes esa comida que te mata, el hambre te matará antes. "Su relación con la comida la definiría como una relación tóxica", dice de los supervivientes.

La intención es hacer que el espectador mire directamente "el rostro" del alimento.

Raúl Moreno

Así fue como ese saco de manzanas lo cambió todo. Seleccionó una manzana del cesto y le sacó una foto descomunal. Casi como si fuera una persona; con todos sus defectos en la piel.

“La intención es hacer que el espectador mire directamente "el rostro" del alimento . Hacerle pensar acerca de lo invisible de la radiación, de como se camufla en forma de manzana. Hacerle reflexionar sobre esto y plantearle la siguiente pregunta... ¿Sabemos realmente lo que comemos?”, nos dice.

Y así fue como decidió hacer lo mismo con otros alimentos marcados por la tragedia. Y su trabajo fotoperiodístico adquirió otra categoría. Pasado el tiempo es capaz de poner un concepto o frase para cada uno de sus bodegones "casi" humanos. Y este es el resultado:

Patata: "El corazón enfermo".

Pedazo de carne: "Muerte".

Pescado: "Agonía".

Pera: "El carácter de lo afable".

Seta deshidratada: "Bosques radiactivos".

Leche: "Niños de Chernóbil, tiroides".

Huevo: "La duda. ¿Qué les espera a las nuevas generaciones?"

En cada una de estas fotos el trasfondo era el mismo: "Los pocos recursos con los que cuenta esta población hacen que les sea casi imposible consumir alimentos importados (limpios) y por eso siguen cultivando la tierra. En su mayoría son conscientes de que la tierra contiene Cesio 137 y Estroncio 90 en cantidades en ciertos lugares muy altas. Los isótopos radiactivos van conquistando su cuerpo. El precio de alimentarse en Chernóbil es una muerte lenta y silenciosa".

No hay escapatoria. La descontaminación de radiactividad ya es imposible después de ingerir estos alimentos a diario aunque sea en pequeñas dosis: "Lo que se puede hacer es reducir su impacto en el cuerpo, aunque para eso habría que salir de la zona contaminada y dejar de comer estos productos durante un tiempo".

​Que sean gente enferma no signfica que no sean hospitalarios. Al revés. Raúl explica como le ofrecían lo poco que tenían. Y él "hacía lo que creo tenía que hacer, comer. Yo permanezco poco tiempo en estos lugares y no es demasiado peligroso. El verdadero problema es vivir allí. Creo que no aceptar comer o beber crearía una especie de barrera entre ellos y yo, eso no me interesa si quiero plasmar su realidad. No obstante, me hago pruebas para ver mis niveles de Cesio 137 en mi organismo. Todo está bien".

No aceptar su comida crearía una especie de barrera entre ellos y yo.

Raúl Moreno

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¿Y el futuro? Las fotos van y vienen, pero ellos siguen ahí sin ayuda: "No se hace nada por ellos. Ni siquiera su gobierno es capaz de solucionar el problema. Deberían ayudar a las personas que viven en zonas contaminadas proporcionándoles alimentos limpios​, de esta manera se alargaría su esperanza de vida y se gastaría menos en sanidad. Se hablaba también de limpiar el terreno contaminado, una capa de tierra de unos 20 cm. Es una tarea difícil pero seguro que se podría hacer algo con tal que estas personas puedan tener una vida algo más sana y digna. No es fácil vivir en uno de los lugares más contaminados del planeta".

Nada fácil.

Fotos: Raúl Moreno (Instagram)

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