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Food

Cuba se queda sin comida por culpa de la avalancha de turismo

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Los turistas se están comiendo literalmente el almuerzo de los cubanos

rosa molinero

16 Diciembre 2016 10:40

Desde que la aerolínea JetBlue anunciara este verano su primer vuelo directo entre los EE.UU y Cuba, a ambos lados del estrecho de Florida se frotaban las manos por el boom de turismo. Sin embargo, el aumento masivo de visitantes está comportando efectos colaterales no previstos en forma de escasez de comida para los cubanos.

El turismo en la isla caribeña ha batido un récord histórico: 3.5 millones de visitantes para una población de 11 millones de personas. En palabras del New York Times, “los turistas se están comiendo literalmente el almuerzo de los cubanos”.

Verduras tan corrientes como las cebollas y los pimientos hoy tienen precios prohibitivos, pese a que el presidente Raúl Castro fijara en mayo los precios de los productos agrícolas. Y en los mercados protegidos por el estado solamente se encuentran yuca, arroz, batatas, judías y plátanos.

Esto se debe a que los hoteles y restaurantes de inversión privada (llamados “paladares” por los locales) destinados a los visitantes acaparan la gran parte de alimentos. Las consecuencias se traducen en un aumento de precios que la mayoría de la población no puede permitirse y en que ya muchos comestibles no llegan a los mercados ni a las tiendas.

En cambio, en los mercados privados y cooperativos, donde los vendedores tienen más libertad para establecer sus precios, hay más variedad de vegetales frescos. Es allí donde los nuevos restauradores envían a batallones de compradores para hacerse con un botín que pagaran bien caro.

El problema acontece, por un lado, a causa del embargo de los Estados Unidos. Y por otro, porque el gobierno cubano no ha generado suficiente producción para satisfacer la demanda creciente tras los acuerdos con el país vecino que iba a suponer una llegada previsible de americanos con ganas de pisar la isla.

La presión por incrementar la productividad puede hacer que se abra la veda a las inversiones americanas en Cuba, algo sobre lo que muchos cubanos conservadores se mostrarían en desacuerdo.

[Vía The New York Times]

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