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Llegan los coach sexuales, entrenadores que te enseñan a follar mejor

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Crece en EEUU la demanda de entrenadores sexuales para aprender a fornicar como dioses o, como mínimo, para superar las frustraciones en la cama

C.M.

15 Junio 2017 15:43

Follar es un verbo polisémico que abarca las fases de una relación raída. Follar significa lo que estás pensando, pero también se utiliza, o se utilizó -está en desuso- como sinónimo de destruir. De talar aquello que sembraste. La última acepción es el infinitivo de darle fuelle a la llamita endeble y ahí entra él, tu última esperanza: el coach sexual que te enseña a follar como siempre quisiste.

El concepto nos lo hemos traído de Nueva York y sirve para designar a los entrenadores del amor. Se encargan de formar a los menos preparados, pero también a las parejas que, afectadas por la rutina o el estrés, han ido dejándose la pasión. Asimismo existe un tercer perfil que sin haber descuidado el deseo no disfruta ni hace disfrutar. Estos acaban perdidos entre terminaciones nerviosas, preguntándose por dónde se sale de ahí.

Quizás suene a rareza, pero una búsqueda rápida en Google revela que los entrenadores sexuales se cuentan por decenas. También en España. Nos dicen que "nadie nace sabiendo, y en cuestión de sexo, menos", y a partir de ahí se ofrecen para cada caso particular. A diferencia del terapeuta matrimonial, éste busca los motivos que impiden a una persona (o pareja) disfrutar en la cama, y procura, desde la psicología, mejorar su vida sexual. Como es obvio la forma de ayudar varía en función de cada caso: mientras algunos precisan simple enseñanza teórica, otros necesitan que les corrijan las posturas sobre la marcha.

Del último extremo surge siempre la misma pregunta, ¿se convierte el entrenamiento en un trío? Y siempre la misma respuesta: los coach sexuales guardan la distancia. Sobre todo emocional. En general se limitan a dar correcciones y quienes se involucran con juegos físicos enseñan al practicante a entender que aquello es un ejercicio. De hecho, puede ocurrir que el alumno desarrolle un afecto y aparezcan los celos, cuando esto sucede se incorpora a la terapia para que aprenda a lidiar con la decepción.

No obstante, la corrección postural es el último paso de una serie de recursos que van desde el control de la respiración al desarrollo de una comunicación efectiva. Ésta es la piedra angular de cualquier relación. A partir de aquí llega todo lo demás: cómo conocer tu cuerpo, cómo tocar otros cuerpos, cómo relajarte y disfrutar del fornicio.

El sexo que nos abate: unas veces es un tabú, otras una aspiración inalcanzable

Más allá del panegírico sobre el coaching sexual, cabe preguntarse cuántas de las personas que buscan terapia lo hacen condicionados por un defecto cultural. Pensemos en el amor romántico y en cómo Hollywood nos marca una cuota de romanticismo difícil de alcanzar. El enamoramiento sin fisuras es un artificio, pero nos tragamos el cuento como si fuéramos niños de cuna y babero. Y claro, luego vienen las decepciones.

Ahora pongamos por caso el ejemplo de un muchacho lozano que acude al coaching porque sufre eyaculación precoz. Se siente un bicho raro, cree que solo le pasa a él, e ignora que en realidad un tercio de los españoles de entre 26 y 45 años tienen su mismo problema. El entrenador sexual le explicará que el problema es la consecuencia de cómo concebimos la masturbación, un vicio vergonzoso que fuerza a muchos hombres a buscar el orgasmo rápido, y que les afecta durante toda su vida sexual.

Poque el sexo sigue siendo un tabú. El reto del coach consiste en quitarle esa capa de indecencia y dejarlo a la vista, natural. Luminoso. Otra de sus tareas tiene que ver con el caso de la eyaculación precoz. Miles de personas luchan contra la idea de que para rendir en la cama necesitan aguantar durante horas. Buscan convertirse en dioses del sexo y no llegan a buenos compañeros de cama; mientras que a su alrededor crece una industria farmacéutica para rendir como leones, 24/7, all day long al ritmo de las maracas.

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