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El estudio de ecología extrema sobre el cambio climático que nos deja en evidencia

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Una pregunta incómoda: ¿Estás dispuesto a tener menos hijos, vender el coche, recortar tus vacaciones y cambiar tu dieta para tener un planeta sano?

C.M.

12 Julio 2017 13:27

Para salvar el planeta no basta con arrojar los envases de plástico en el contenedor amarillo. El gesto denota un cambio de mentalidad, lo cual es un gran avance, pero está lejos de resolver el problema. Un ejemplo esclarecedor: cogerse todas las vacaciones en verano es tan desastroso para el calentamiento global que anula los beneficios de 20 años de reciclaje.

La Universidad de Lund, en Suecia, y la Universidad de British Columbia, en Canadá, han revelado esta incómoda evidencia a través de una investigación orientada a concienciarnos de las necesidades reales que demanda nuestro maltrecho planeta con el avance del cambio climático.

Algo se está haciendo, pero parece insuficiente. La sensibilidad ecológica ha puesto en marcha estrategias de reciclaje vitales para reducir las emisiones de gases que provocan el efecto invernadero. Entre estas medidas, las de mayor calado han sido los cubos de basura doméstica para separar por tipología de residuo y los contenedores de colores para arrojar el contenido de esos cubos.

Sin embargo, el nuevo estudio publicado en Environmental Research Letters sostiene que los gobiernos y las escuelas están haciendo poco para comunicar los métodos más efectivos de reducir la huella de carbono, y en cambio, argumentan, se han concentrado en prácticas de impacto limitado.

Según el estudio, en lugar de alentar el reciclaje de los desechos o animar a cambiar las bombillas antiguas por otras de bajo consumo –que también es necesario–, convendría que nuestros líderes pidan a la población que prescinda de cuestiones accesorias. Esto es: vender el coche, evitar los viajes en avión, convertirnos al veganismo y dejar de tener hijos.

“Aquellos que quieran dar un paso adelante en favor del cambio climático necesitan saber la repercusión de nuestras acciones, y cómo éstas pueden tener el mayor impacto posible”, dijo el investigador Seth Wynes, doctorando de la Universidad British Columbia. “Esta investigación trata de ayudar a la gente a tomar decisiones más informadas. Por ejemplo, vivir sin coche ahorra alrededor de 2,4 toneladas de dióxido de carbono al año, mientras que llevar una dieta vegana ahorra 0,8 toneladas”.

Y añade: “La dieta vegana es cuatro veces más eficaz que las estrategias de reciclaje integral y ocho veces más que la de cambiar las bombillas domésticas”.

La investigación tomó como referencia 39 documentos revisados por sus colegas, distintos cálculos de carbono e informes gubernamentales que analizan el potencial de los diferentes estilos de vida de una persona en relación con las emisiones de gases de efecto invernadero.

También examinaron los manuales escolares y los consejos gubernamentales de toda Europa, Canadá, Estados Unidos y Australia, encontrando que la mayoría de políticas se centraban en las metodologías de menor impacto medioambiental, siempre según el criterio de los investigadores.

¿Y cuáles son las metodologías de mayor impacto? Además de la mencionada dieta, los investigadores explican que el hecho de reducir la familia puede funcionar positivamente, pues cada niño crea 60 toneladas de CO2 al año. Otro sugerencia es evitar vuelos largos como los desplazamientos transatlánticos, que ahorraría alrededor de 1,6 toneladas de emisiones de dióxido de carbono al año.  

"Reconocemos que estas son opciones profundamente personales. Pero no podemos ignorar el efecto climático que realmente tiene nuestro estilo de vida”, argumentó la coautora del estudio Kimberly Nicholas, de la Universidad de Lund.

"Personalmente, he encontrado positivo hacer muchos de estos cambios. Es especialmente importante que los jóvenes que establecen patrones de por vida sean conscientes de cuáles son las opciones que tienen el mayor impacto”, reflexionó. "Esperemos que esta información provoque debates".

[Vía IOP Science]

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