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"La carne humana la comíamos cruda y sabe a carne de vaca"

A Carlitos Páez, superviviente de la tragedia de los Andes, el padre de una víctima le preguntó si se había alimentado con su hijo

Carlitos Páez tenía 18 años cuando probó la carne humana por primera vez. La comía cruda y aseguró en televisión que “sabe a carne de vaca”.

Es una historia de supervivencia durante los 72 largos días que sufrió a 3.600 metros de altitud en los Andes, cuando el avión en el que viajaba con su equipo uruguayo de rugby Old Christians, familiares y amigos se estrelló contra la cordillera nevada.

Entrevistado en el programa Chester in Love, de la cadena española Cuatro, recordó lo que se conoció como “el desastre aéreo de los Andes” y tras el rescate de 16 de los 45 viajeros como “el Milagro de los Andes. Seguramente, uno de los momentos más destacados de la entrevista, fue cuando explicó cómo los médicos eran los que decidían a quién se comían. “Y creo que agarraron a quién tenían más cerca”, asegura Carlitos.

“No cocinábamos la carne. Algún día la podíamos cocinar pero si no, era cruda”, contó el superviviente y añadió que: “Sabe igual que la carne de vaca, exactamente igual. Te lo digo porque todos cuando llegamos a casa todos probamos la carne de vaca cruda y tiene el mismo gusto”, recalca.

Cuando escucharon por la radio que los daban por muertos y las operaciones de rescate no iban a proseguir, sin calefacción ni alimentos, tuvieron que recurrir a la carne humana de sus compañeros para sobrevivir. Así lo ilustraba un diálogo de la película ¡Viven! (1993):

-Si ya no nos buscan, tenemos que salvar la vida por nuestra cuenta y tenemos que comer.

-¿Comer qué?

-¿A los muertos?

-No, yo no podría.

-¡Es repugnante!

-Lo que hay en la nieve sólo es carne, Antonio.

-Yo no lo haré. Prefiero morir.

Páez cuenta que no comían en privado, como si fuera algo vergonzoso, porque “El ser humano se va acostumbrando. Llegás a un momento que al final, de pronto, te sentás arriba de un muerto para no mojarte en la nieve”.

El entrevistador recuerda que muchos de los que se comieron eran amigos y Páez explica que los médicos preparaban la carne y no sabían a quién se estaban comiendo. “Tuvimos un pacto de no decir quién”. Pero después del rescate sí lo supieron.

“Hubo un familiar que me preguntó: ‘Carlitos, quiero saber si dispusiste de mi hijo para alimentarte’. Yo le dije que sí y me dijo ‘Te agradezco tu sinceridad’ y ahí se terminó el diálogo”,  rememora Páez.

Con 63 años, Carlos Páez ha dado centenares de conferencias sobre su experiencia como superviviente. Y afirmó que “Lo peor son las veces que no me han preguntado [sobre comer carne humana] porque no se han animado. Muchas veces, en las conferencias en empresas, empiezo hablando del tema para quitárselo de encima”.

[Vía Cuatro]

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