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Barata, versátil y manchada de sangre: así es la industria del aceite de palma

El 50% de todo lo que ves en el supermercado contiene aceite de palma. Esta es la historia de explotación que se esconde detrás del aceite más consumido del mundo

Año 2009. Varios jefes locales de Camerún acuden a una reunión. Alguien les pone delante varios papeles en blanco. Les piden que los firmen a cambio de 10.000 francos centroafricanos, 15 euros según el cambio de divisas actual.

Ellos firman sin saber de qué se trata.

Meses después, la empresa estadounidense Herakles Farms anuncia que se ha apropiado de 73.000 hectáreas de Camerún para convertirlas en gigantes plantaciones de aceite de palma. Según la empresa, el acuerdo al que ha llegado con el Gobierno les da la posibilidad de arrendar las tierras durante 99 años pagando como máximo un dólar por hectárea.

Las tierras en las que viven y de las que dependen 45.000 pueblos indígenas se han transformado automáticamente en campos listos para ser explotados por una empresa extranjera. Las firmas de los jefes locales han servido como prueba del consentimiento de los autóctonos para llevar a cabo el plan empresarial.

La historia es completamente real. Ocurrió en Camerún pero sirve de ejemplo para todos aquellos países en los que los bosques tropicales han sido sustituidos por extensas plantaciones de palmeras listas para ser trabajadas por los locales a los que se les ha arrebatado su tierra.

Desde Malasia hasta Colombia, pasando por Indonesia, Congo, Camerún o Brasil, cada año se producen 60 millones de toneladas del aceite más barato, versátil y manchado de sangre del mundo. 60 toneladas de aceite de palma.

I. La piedra filosofal de las grasas

Aunque quizá no lo sepas, consumes aceite de palma prácticamente cada día. Según datos de la OCDE, cada ciudadano europeo consume al año 59,3 kilos de aceite de palma, aun cuando el consumo directo de este tipo de grasa no es propio del continente.

El aceite de palma es algo así como la piedra filosofal de las industrias, el componente que potencia la cremosidad de tu helado de chocolate, la conservación de tu crema hidratante y el que le da la etiqueta "bio" al biodiesel con el que alimentas tu coche. Cuando entras a un supermercado, el 50% de lo que hay expuesto en las estanterías contiene aceite de palma. Si te vas a la sección de los precocinados, el porcentaje aumenta hasta el límite.

En mayo, la Autoridad Europea de Seguridad Sanitaria (EFSA) advertía que el consumo diario de este aceite podría plantear serios problemas de salud. La EFSA se mostró preocupada sobre todo por los ésteres de ácidos grasos de glicidilo que se forman en el procesamiento del aceite de palma a altas temperaturas y los relacionó directamente con el cáncer.

Sin embargo, hay otro problema que preocupa sobremanera a los médicos: el 50% del aceite de palma son ácidos grasos saturados. Y como sucede con la mayoría de las grasas saturadas con un punto de fusión alto, el aceite de palma es aterogénico. Eso quiere decir que, a largo plazo, su consumo puede provocar problemas cardiovasculares en la medida en que aumenta el llamado 'colesterol malo' en sangre. Además, este tipo de grasas tienden a acumularse en las arterias, taponándolas .

Lo peor de todo quizás sea la naturaleza involuntaria de su consumo: cuesta evitarlo en nuestra lista de la compra, por su onmipresencia en los verticales de cualquier supermercado, y porque muchas veces cuesta identificarlo en los etiquetados de muchos productos de consumo habitual.

II. Así se crea el negocio del aceite más consumido del mundo

Durante siglos, el aceite de palma, sacado de la palmera africana Elaeis guineensis, se ha cultivado de forma tradicional en las regiones tropicales de África, donde se extraía manualmente y se usaba en la cocina. Sin embargo, en la época colonial diversas multinacionales occidentales se vieron atraídas por el bajo precio de producción de este aceite y comenzaron a introducirlo en sus jabones.

En ese preciso momento nace la gran industria del aceite de palma, cuyas exportaciones mueven en estos momentos cerca de 36 mil millones de dólares al año, según datos recopilados por The Observatory of Economic Complexity.

A día de hoy, Indonesia y Malasia exportan el 85% total de todo el aceite de palma que se produce en el mundo. Pero ese liderazgo comercial tiene su cruz: asociaciones de derechos indígenas y ecologistas denuncian que la industria del aceite de palma ha traido consigo diversas formas de explotación económica, desplazamientos humanos forzados, extinción de animales y apuñalamiento de ecosistemas.

La industria del aceite de palma mueve alrededor de 36.000 millones de dólares al año. Asociaciones de derechos indígenas y ecologistas denuncian que esa industria ha traído consigo explotación laboral, deplazamientos humanos forzados, extinción de animales y el deterioro de múltiples ecosistemas

" En Indonesia y Malasia el apoyo gubernamental a las plantaciones fue absoluto. No es un apoyo del Gobierno, es una política del Gobierno. Ha sido el propio gobierno que daba tierras y obligaba a las personas que se las daba a plantar aceite de palma como condición sine qua non", relata Laura Villadiego, periodista residente en Tailandia que lleva años investigando el tema.

Durante el último cuarto del siglo XX, los Gobiernos de los mayores países productores de palma aceitera han creado un esquema en el que, en nombre del progreso de las regiones más pobres del país, la tierra se ha vendido a grandes multinacionales.

De acuerdo a Villadiego, la empresa a la que se le daba la tierra debía repartirla en lotes entre la gente local para que tuvieran una propiedad compartida, pero la realidad fue a menudo otra. Empresas como Hardaya Int Plantations prefirieron quedarse con los terrenos, explotarlos por su cuenta y contratar a los locales como jornaleros.

"En Indonesia y Malasia el apoyo gubernamental a las plantaciones fue absoluto. No es un apoyo del Gobierno, es una política del Gobierno. Ha sido el propio gobierno que daba tierras y obligaba a las personas que se las daba a plantar aceite de palma como condición sine qua non"

Las críticas a la industria del aceite de palma suelen aludir a las malas condiciones laborales que reinan en muchas de estas explotaciones. En las plantaciones se suele dar un tipo de trabajo generacional. Los hijos trabajan en las plantaciones donde trabajaron sus padres y sus abuelos porque no hay más opciones. Es asumir tu suerte o emigrar.

"Una vez conocí a Nila, trabajaba desde las 8:00 de la mañana hasta las 14:00 sin descanso cobrando 66.000 rupias (4,50 euros) por hora. Luego se quedaba hasta las 17:00 en la plantación ayudando a su marido gratis para que él pudiera completar los cupos de su jornada", relata Villadiego.

El caso de Nila constituye el ejemplo perfecto del trabajo femenino en la plantación. A las mujeres solo les dejan trabajar rociando y fumigando las palmas 20 días al mes por los que cobran 1,3 millones de rupias (90 euros) mientras que el salario mínimo se sitúa en 1,9 millones de rupias.

Sus maridos, en cambio, deben recoger 150 kilos de fruto al día en una jornada de 8 horas. Si no llegan a la cuota no cobran el salario y la carga de trabajo impide absolutamente cumplir dentro de las horas establecidas por lo que a menudo, las esposas y los hijos van a la plantación para ayudarle a cumplir con los objetivos empresariales.

III. Violaciones financiadas por fondos del desarrollo

Pero el crecimiento de las plantaciones tiene consecuencias más allá de su problemática social. Para poder plantar palmas aceiteras se necesitan dos cosas: un clima tropical y tierras. En países como Malasia, Indonesia, Camerún, Congo o Colombia hay clima tropical de sobra, pero no se puede decir lo mismo de la tierra.

En todas estas zonas crecen grandes selvas tropicales que son hogar de una biodiversidad enorme, pero cuando llegó el momento de potenciar el negocio, los Gobiernos y las empresas lo tuvieron claro: había que reducirlo todo a cenizas para empezar a plantar beneficios.

"Una de las preocupaciones más grandes es justamente cómo las plantaciones de palma han ido arrasando los bosques tropicales. El procedimiento es: talar todos los árboles para vender la mayor cantidad posible de madera y luego quemar lo que queda produciendo una cantidad brutal de CO2 que va directamente a la atmósfera", explica Henk Hobbelink, cofundador de la organización internacional de apoyo a campesinos GRAIN.

En Indonesia, en los últimos 25 años han desaparecido 307 mil kilómetros cuadrados de bosques tropicales, una extensión casi equivalente a la de Alemania.

Cuando se arrasa así con una selva, no te llevas por delante solo las plantas sino también a los animales. Precisamente esto es lo que ha ocurrido con los orangutanes de Borneo, isla que se reparten Indonesia, Malasia y Brunei. De acuerdo a la iniciativa conservacionista The Orangutan Project, en los últimos 20 años ha desaparecido el 80% de los orangutanes por culpa de las plantaciones de palma.  

Cada año mueren cerca de 6.000 animales de esta especie.

Si nada cambia, en solo 10 años no habrá ni un solo orangután pisando la faz de la Tierra.

El procedimiento para plantar palma es: talar todos los árboles para vender la mayor cantidad posible de madera y luego quemar lo que queda produciendo una cantidad brutal de CO2 que va directamente a la atmósfera

Pero cuando grandes empresas transnacionales buscan quedarse con un trocito de tierra que pertenece a pueblos nativos también se acciona toda una serie de mecanismos de corrupción local. Sobornos entre políticos, empresas e incluso fondos internacionales. Para Hobbelink, en el Congo hay una empresa clave que demuestra todo este juego sucio: Feronia.

"Es una empresa que empezó hace poco a construir grandes plantaciones en el Congo. A la población local les echaron de sus tierras y nosotros investigamos el caso. Descubrimos que esta empresa está registrada en paraísos fiscales como las Islas Caimán y analizando sus cuentas descubrimos que tienen muchos millones de dólares que no se pueden explicar. Con esa empresa llegamos a comprobar que estaba relacionado el vicepresidente del Congo", declara Hobbelink.

" Lo interesante de esta empresa es que ha sido apoyada por fondos para el desarrollo de los gobiernos desarrollados, incluyendo España. El dinero se metió con la idea de que la empresa promocionaba el progreso y el desarrollo pero es una muestra de que los gobiernos del hemisferio norte apoyan más a sus propias empresas que al desarrollo local", sostiene el agrónomo.

"Es una empresa que empezó hace poco a construir grandes plantaciones en el Congo. A la población local les echaron de sus tierras y nosotros investigamos el caso. Descubrimos que esta empresa está registrada en paraísos fiscales como las Islas Caimán y analizando sus cuentas descubrimos que tienen muchos millones de dólares que no se pueden explicar. Con esa empresa llegamos a comprobar que estaba relacionado el vicepresidente del Congo"

Las investigaciones de GRAIN demostraron que parte de los 40 millones de euros que la Agencia Española de Cooperación Internacional al Desarrollo (Aecid) se había comprometido a invertir entre 2010 y 2020 para apoyar a agricultores africanos, había ido al rescate de la empresa Feronia, que, paradójicamente, explotaba en sus plantaciones de palma a los trabajadores africanos.

"Los locales pierden el acceso a la tierra y al agua. Destruyen su cultura y aplanan con maquinaria sus lugares sagrados. Les quitan la posibilidad de plantar su propia comida con el argumento de que pueden trabajar en las plantaciones pero ahí les pagan una miseria", denuncia Hobbelink.

IV. América Latina, nueva frontera de la palma

Conforme las plantaciones van engullendo las tierras de los trópicos, las empresas deben comenzar a buscar nuevos países en los que plantar. En estos momentos, todas las cabezas están giradas hacia Sudamérica.

Colombia ya es el cuarto productor de aceite de palma de todo el mundo y Europa el principal importador de toda esa producción. De acuerdo a Nico Muzi, coordinador de comunicaciones de la Federación Europea de Transporte y Medio Ambiente, el 46% de todo el aceite de palma que se importa a Europa va destinado al biodiesel.

En 2009, la Comisión Europea estableció que los agrocombustibles renovables como el biodiesel debían suponer el 8,9% de todos los recursos energéticos. Ahora las políticas han reculado situándolo en el 7% como respuesta a las muestras evidentes e innegables de explotación que se están dando en los países tropicales convertidos en plantaciones para satisfacer las demandas occidentales de "renovables".

Muzi, que ha coproducido el documental Frontera Invisible sobre la problemática de las plantaciones de palma en Colombia, no duda en afirmar que allí la problemática es aún más grave que, por ejemplo, en indonesia.

"El Gobierno de Juan Manuel Santos quiere convertir a Colombia en la despensa del mundo. En muchos casos, las empresas dicen que compraron la tierra de las plantaciones pero es mentira. No tienen ni papeles. Algunas incluso fueron obtenidas en la incursión paramilitar de mediados de los 90 y siguen operando a punta de fusil en la zona", denuncia el activista.

Muzi no tiene reparos en afirmar que lo que vio allí es que "todas las historias locales están teñidas de sangre", por culpa de las FARC, los paramilitares o las empresas que se quedan con la tierra con su ayuda armada.

"El Gobierno de Juan Manuel Santos quiere convertir a Colombia en la despensa del mundo"

V. ¿Puede ser la palma sostenible?

En 2004, después de décadas de explotación del medio ambiente y atropellos laborales, nacía la llamada Mesa Redonda del Aceite de Palma Sostenible o RSPO. Su objetivo era el de ser una plataforma que establezca los límites y abusos en la producción del aceite de palma. Sin embargo, todo apunta que esos objetivos eran demasiado ambiciosos para lo que se está haciendo en realidad.

La asociación Ecologistas en Acción ha denunciado que la RSPO no es más que "un maquillaje verde" promocionado por la WWF que da certificados de sostenibilidad a "empresas que son responsables de la violación de los derechos de comunidades locales".

La periodista Laura Villadiego cuenta que en 2015 una investigación a una plantación de Malasia con certificación RSPO sacó a la luz que sus obreros trabajaban en régimen de esclavitud. El problema, dice ella, es que cuando desde RSPO se presiona mucho a una empresa para que corrija su actuación, esta puede simplemente abandonar el certificado sin ninguna represalia.

La asociación Ecologistas en Acción ha denunciado que la RSPO no es más que "un maquillaje verde" promocionado por la WWF que da certificados de sostenibilidad a "empresas que son responsables de la violación de los derechos de comunidades locales".

Pero lo que no se tiene en cuenta tampoco desde la RSPO es la cantidad de plantaciones que se permiten y su dimensión. "Desde la RSPO nunca se plantearon que para hacer que el aceite de palma fuera sostenible había que ponerle un límite a su producción. Si se decide individualmente si una plantación es sostenible o no, el conjunto no tiene límite. Puedes reproducir plantaciones sostenibles hasta el infinito", explica Villadiego.

Lo preocupante es que todo apunta a que el modelo de plantaciones se va a multiplicar hasta el infinito mientras haya tierras que expropiar, bosques que talar y gobiernos a los que sobornar.  

Y mientras nosotros sigamos demandando productos baratos en nuestros supermercados, sin saber que el aceite de palma es el sumun de lo barato.

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