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La NASA capta miles de incendios ardiendo al mismo tiempo en África

Cada punto rojo es un incendio provocado por el hombre en busca de nueva tierra fértil

África central lleva todo el verano ardiendo.

La NASA ha podido tomar unas fotografías desde el espacio entre mayo y agosto en las que puede verse cómo un manto de puntos rojos cubre gran parte del territorio. Lo peor es que no es novedad. Y en esta época del año todos los dedos señalan a unos responsables: los humanos.

4 imágenes en 4 meses distintintos tomadas desde el espacio constatan los peores augurios: las incendios van a más.

11 de mayo/NASA

7 de junio/NASA

27 de junio/NASA

14 de agosto/NASA

Así es: el verano es la temporada en la que los campesinos preparan los campos para la época de cultivo siguiendo los pasos del método agrícola más arcaico, es decir, el roza, tumba y quema. Esta práctica se sigue aplicando en suelos de zonas cálidas, que son extremadamente frágiles, y consiste en talar y quemar el bosque tropical para conseguir una superficie de cultivo y a la par emplear las cenizas para fertilizar el suelo.

Sin embargo, no dejan de ser fuegos. “El humo que desprende cualquier tipo de fuego (bosque, arbustos, cultivo, estructura, ruedas, basura o leña) es una mezcla de partículas y químicos producidos por quemar de forma incompleta materiales que contienen carbono. Todo el humo contiene monóxido de carbono, dióxido de carbono y partículas materiales o hollín que es peligroso si se respira. El humo de los fuegos expele carbonos a la atmósfera lo que contribuye al cambio climático”, recuerda la NASA. 

En ese sentido, 2006 veía cómo se confirmaban los peores presagios de hace décadas: “En el monte Kilimanjaro, el número y la intensidad de fuegos descontrolados está aumentando, lo que está (similar al decrecimiento de los glaciares) conectado con cambios climáticos regionales como el calentamiento y la falta de lluvias. No obstante, los fuegos en el Monte Kilimanjaro, en la mayoría de casos, son provocados por el hombre”, se afirmaba en el estudio Land Use Change and Mountain Biodiversity, (CRC Press, 2006).

Ya en 1991 se tenía constancia del origen de los fuegos. En el ensayo de William Dubois Newmark, The Conservation of Mount Kilimanjaro (UCN, 1991) se decía lo siguiente: “Los fuegos se encuentran por todo África Central. Por el gran número de fuegos, es probable que sean intencionales, causados por prácticas agrícolas con el objetivo de preparar el suelo para la temporada de siembra, pero no se descarta que algunas de estos fuegos sean causados por rayos o por incendios que han escapado del control de los campesinos”, lo que no es nada extraño, porque la sequedad del ambiente prepara el terreno para que cale cualquier fuego accidental.

La Tierra desde el espacio (Man Made Planet, Channel 4, 2017)

Los rectángulos marrones significan que el bosque está siendo destruído por el hombre.

No se detienen ahí los problemas. Las nieves del Kilimanjaro están desapareciendo y la causa podrían ser esos fuegos. El testimonio que daba Simon Mtuy, un corredor de la zona que conoce bien el monte porque lo ha coronado más de 500 veces y ostenta un récord de tiempo, en el documental La Tierra desde el espacio ( Man Made Planet, 2017) era estremecedor. Él recordaba que cuando era pequeño, algunos glaciares tenían hasta 20 metros de altura y que había zonas inaccesibles porque quedaban inundadas por ríos. Pero hoy el paisaje es otro, porque desde 1966, el hielo se ha reducido a la mitad y el ecosistema es mucho más seco.

“Cuando observas el Kilimanjaro desde el espacio, ves que está rodeado por lo que parece un desierto. Es todo marrón, pero luego la falda de la montaña es verde”, decía un astronauta que pudo ver el Kilimanjaro desde el espacio. Pero hay unas manchas marrones. “Estos rectángulos significan que el bosque está siendo destruído por el hombre. La gente necesita campos para el cultivo, leña y madera. Pero los árboles devuelven el agua a la atmosféra. Por eso cuando talamos los árboles, cerramos el grifo que lleva agua a los glaciares. En los últimos 70 años, el Kilimanjaro ha perdido un tercio de sus bosques. El hombre destruye estos bosques primigenios para conseguir tierras de cultivo. Cuando ves estos enormes fuegos, sientes mucha pena”.

“El principal factor responsable de la pérdida de hábitat ha sido la expansión agrícola en las cotas bajas del monte Kilimanjaro. La introducción de granjas comerciales a gran escala de café y trigo en las cotas bajas del sur y el oeste del monte por los asentamientos europeos fue probablemente la mayor pérdida de hábitat crítico que se hizo en el siglo pasado. (...) la extensión de actividades agrícolas a pequeña escala ha sido el factor dominante que ha contribuído a la pérdida de hábitat crítico fuera de la reserva”, señalaba ya aquel estudio de 1991.

Y afirmaba también que en los últimos 25 años esta circunstancia se ha agravado y los 8 kilómetros que rodean la parte noroeste de la montaña se están cultivando. Por otro lado, la extensión de actividades agrícolas ha resultado en conflictos inevitables entre la vida salvaje y las cosechas, resultando en programas para controlarla o eliminarla porque las perjudica. Entre 1977 y 1989 se mataron 1.425 grandes mamíferos en la zona por esta razón, según el estudio anterior.

Pero esos incendios que empeoran el cambio climático también es sinónimo de subsistencia para muchos: prender fuego al bosque es la forma de ganarse la vida de entre 200 y 500 millones de agricultores pobres en todo el mundo. Son los cálculos de Rainforestsaver.org, que explican que lo hacen porque no poseen una tierra propia y/o porque la más cercana es baldía. De ahí que este sistema también se conozca como agricultura itinerante: al cabo de 2 años, la parcela pierde fertilidad y ellos y sus familias deben desplazarse para quemar otra zona.

Para EcoLogic, de este método de cultivo resultan varios problemas: deforestación, pérdida de hábitat de especies, incremento de la polución del aire y del carbono en la atmósfera, aumento de fuegos accidentales, erosión del suelo y deslizamiento de tierras, contaminación de aguas, nubes de polvo. Sugiere el alley cropping, una alternativa que combina los cultivos bajos con los árboles.

Prender fuego al bosque es la forma de ganarse la vida de entre 200 y 500 millones de agricultores.

Asimismo, existen iniciativas como las del llamado Obispo Árbol, Fredrick Shoo, que con su parroquia de 360 fieles han conseguido plantar 3 millones de árboles. “Estas manos pueden mover montañas” es su lema. Por su lado, el General Waitara, del gobierno de Tanzania, dijo en una rueda de prensa que tenía claro que el parque nacional debía plantar muchos más árboles para mantener la nieve de la montaña.

Pero no es que durante milenios se haya estado llevando a cabo un método perjudicial: la agricultura de roza, tumba y quema era eficiente cuando la población no había crecido tanto como lo ha hecho ahora. “En tiempos anteriores cuando la densidad poblacional era menor, el talar y quemar funcionaba relativamente bien. Entonces era posible dejar descansar las parcelas unos 15 a 20 años lo cual permitía considerable crecimiento del bosque y buena restauración de la fertilidad de la tierra. Actualmente las parcelas deben ser reutilizadas muy pronto con aumento en la pérdida de fertilidad. Pero aún cuando era posible cultivar suficiente alimento razonablemente fácil con este sistema los agricultores aún permanecían relativamente pobres”, dicen desde Rainforestsaver.

Es por esta razón que el aumento de la población también es otro de los factores que se consideran como desencadenantes de esa explosión agrícola. Desde 1895, los asentamientos humanos se han multiplicado 20 veces primero para la extracción de recursos vegetales y luego, desde 1972 con la apertura del Parque Nacional del Kilimanjaro, a los turistas, que desde entonces se han multiplicado por 5, según indica el estudio de Spehn, Liberman y Korner.

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