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Adolescentes y vegetarianos: una nueva generación con doble conflicto

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"A los 17 años le daba la carne a mi perro para no decirle a mi madre que era vegetariana"

Izabela Carmen Pecherska

27 Mayo 2017 06:41

Nadie dijo que ser adolescente fuera fácil. La lucha por encajar e intentar sentirse cómodo en un cuerpo en plena metamorfosis es una pequeña locura con la que hay que luchar cada día. Hacer frente a las hormonas a flor de piel es una tarea complicada para alguien en plena fase de maduración. Y si a eso se le añade el peso adicional de dejar de comer carne sin saber cómo se lo tomaran amigos, familiares ni tu propio organismo, aún más. ¿Qué motiva a un adolescente dejar la carne? ¿Cómo reacciona su entorno? ¿Cómo lo viven ellos? ¿Cuáles son sus preocupaciones?

3 jóvenes nos cuentan en primera persona su "despertar vegetariano" y el nacimiento inevitable de un doble conflicto en su interior: crecer y crecer siendo vegetariano.


Me di cuenta de que era una ignorante.



“Un día volví del instituto, tenía carne para comer y me quedé bloqueada cuando vi el plato. Me quedé mirando el trozo durante bastante tiempo. En ese momento, me di cuenta de que me iba a comer un animal. No toque ese trozo de carne y desde entonces hasta hoy no he vuelto a probar la carne”, recuerda Hilda Sangonzalo. A sus 17 años se convirtió en ovolactea y hasta una semana después no le contó a su madre su decisión, "le estaba dando la carne a mi perro para no contarle nada".

“Antes de ese día, no podía ni ver las verduras. Era carnívora y me encantaba. Sobre todo, me alimentaba de carne. Nunca me había planteado de donde venía, sabía que la leche salía de la vaca, pero no me podía imaginar de donde procedía la carne. Por mucho que mirase unas costillas, nunca pensé que fuese parte de un animal. No hablé con nadie, ni vi ningún documental que me cambiara la vida. Después sí y me di cuenta de que era una ignorante”, nos dice Hilda al otro lado del teléfono.


Tenía carne para comer y me quedé bloqueada cuando vi el plato.



“Mis padres se sorprendieron al principio, pero lo aceptaron y respetaron mi decisión”, cuenta la joven. A pesar de eso, decidió tomar la iniciativa e ir ella misma a comprar su comida y cocinársela. “Quería investigar y, por suerte, me gusta cocinar y tengo facilidad”, añade.

“Tuve suerte de que mis amigos fueran abiertos y no me decían nada. Aun así, no fue fácil. Cuando quedaban para comer o cenar yo no iba si sabía que no podría comer”, añade. Un problema que se solucionó cuando varios de sus amigos también se hicieron vegetarianos. Ahora tiene veintiún años y desde el año pasado que hizo la transición de ovolactea a vegana no consume ningún producto que proceda de los animales.


Mi familia y amigos se pensaban que estaba loco, que me iba a morir.



Daniel Ferri Ribes se convirtió en vegetariano a los 17 años y su experiencia como adolescente y vegetariano: “El darse cuenta de las cosas desde joven es maravilloso, te permite llevar a cabo tu vida en paz y sintonía con los demás animales. Si me gustan los animales, ¿por qué me los como? ¿Por qué contribuyo a su tortura?”.

No tuvo ningún tipo de preocupación a la hora de hacerse vegetariano, pero si se sintió rechazado. “La gente me miraba como si estuviera loco y se reía de mí cuando les decía que llevaba una alimentación vegetariana. Pero con el paso del tiempo se ha ido normalizando”, confiesa. Una sensación que también percibía de sus allegados, aunque no cambió su relación con ellos. “Mi familia y amigos se pensaban que estaba loco, que me iba a morir por un fallo en el organismo por no consumir carne”, relata.

En cuanto a su vida de adolescente, cuando sus amigos iban a comer o cenar a sitios de comida rápida ante la opción de no ir, Daniel optaba por acompañarles sin consumir nada. Aunque confiesa que pasaba más tiempo fuera del establecimiento que dentro.

“Empecé a fijarme más en lo que consumía. Productos más frescos y recetas más elaboradas. En cuanto al ejercicio y vida saludable, seguía exactamente igual”, comenta sobre el cambio de alimentación que supuso. “Me pasé al vegetarianismo por amor y respeto a los animales, no por una vida saludable”, aclara.

“Siempre me he sentido orgulloso por ser vegetariano y tengo pensado hacer la transición al veganismo y en el momento en el que sea vegano, mientras que conserve la cordura siempre lo seré”, concluye.


Ser adolescente y vegano no es una experiencia solitaria.



“De ningún modo ser adolescente y vegano es una experiencia solitaria. De hecho, me ha permitido conocer gente e interactuar con un grupo de personas más amplio y diverso de lo que jamás podría haber imaginado”, comienza a contar Gemma Sneddon, usuaria de TeenVGN, la plataforma inglesa que está dirigida a los jóvenes veganos entre 12 y 19 años. “La conexión con otros veganos es instantánea, dos personas con este estilo de vida tienen la misma moral y puntos de vista muy similares”, añade.

“Este movimiento me ha abierto los ojos y ha cambiado mi vida. Nunca podría volver a comer carne y productos lácteos ahora que sé cómo tratan a los animales y el efecto perjudicial que tiene en nuestro planeta”, asegura la joven que tiene muy claro su futuro pese a no tener la mayoría de edad.


Había muchas organizaciones de derechos animales y veganas increíbles, pero no había nada sólo para jóvenes.



La iniciativa de Kylie Fackrell y Laura Edwards, fundadoras de TeenVGN - The Social Network, está orientada a darle voz a jóvenes veganos y les ofrece un lugar al que pertenecer. Un sitio donde puedes participar en un chat para hablar con cientos de adolescentes con la filosofía vegana por bandera, compartir recetas y experiencias y aconsejar sobre productos, entre otras. El proyecto lo emprendieron en 2013 y se ha vuelto un éxito con un alcance de 35.000 usuarios en redes sociales, además de sus 1.500 miembros activos en su sitio web. “Había muchas organizaciones de derechos animales y veganas increíbles, pero no había nada sólo para jóvenes. Sentimos que necesitaban una red de apoyo y una voz”, explica Kylie Fackrell, una de las fundadoras.

Pero, sin duda, donde reside el éxito de la plataforma es en sus campamentos de verano, donde los jóvenes, entre once y diecisiete años, se reúnen en persona y comparten experiencias mientras que realizan actividades. “Hay tanta gente encantadora en los campamentos, con la que se puede conectar y todos entienden mis puntos de vista en un nivel básico”, asegura Tiegan Handley que ha asistido a todas las ediciones. “Los campamentos son geniales para el veganismo, porque nos permite estar en mayoría y no en minoría. Allí todos se sienten cómodos el uno con el otro, tanto monitores como campistas”, comenta Amber Hughes, otra joven excursionista.


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