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3 paradojas que te volarán la tapa de los sesos por todo lo alto

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¡Ah, el lenguaje!

Elena Rue Morgue

29 Julio 2016 14:47

La paradoja de Protágoras


Protágoras era un sofista experto en retórica que se llenaba los bolsillos de la toga a dos manos cobrando elevadas tarifas por sus clases. A pesar de ser conocido por su carácter pesetero, en una ocasión decidió fiar a un alumno que no tenía recursos y se topó con la horma de su zapato.




Eulato era un joven que quería estudiar derecho pero al que no le llegaban las monedas, así que Protágoras le ofreció el siguiente trato: él le enseñaría sin cobrarle a condición de que le pagase la deuda cuando ganase su primer juicio. Tras acabar su formación Eulato, que era bastante jeta, decidió que no quería ejercer como abogado, así que no estaba en la obligación de saldar su deuda con Protágoras.



Protágoras se encabronó lo que no está escrito y amenazó a Eulato con denunciarle para recuperar su dinero. Frente a la amenaza, Eulato le explicó que se representaría a sí mismo  y, de esta forma, ganase o perdiese, él no podría reclamarle nada:



Si vamos a juicio y yo gano, por este mandamiento judicial, no te tendré que pagar; si pierdo, dado que aún no habré ganado mi primer pleito, y esta era nuestra condición, tampoco tendré que pagar. Así, pues, Protágoras, no te conviene ir a juicio: seguro que lo perderás.”



Pero Protágoras, experto en ver las dos caras de todo, argumentaba:



Si vamos a juicio y gano, por este mandamiento judicial, me habrás de pagar; si pierdo, tú habrás ganado tu primer pleito y por razón de nuestro antiguo pacto, me habrás de pagar.”



¿Cuál de los dos hombres está en lo cierto?


Paradoja de Olbers

Por si todavía no habías tenido suficiente con las 500 pajas mentales que te has podido hacer mirando al cielo a lo largo de tu vida, aquí tienes una nueva:



Esta paja mental en concreto está patrocinada por el señor Heinrich Wilhelm Olbers, el astrónomo que da nombre a esta paradoja.



En 1823 andaba Olbes reflexivo y trasnochado cuando se percató de algo que le estalló la puta cabeza “A ver, el universo es infinito, eso lo sabemos de bellón, y también es estático, eso es así. Por lo tanto hay infinitas estrellas en infinitos puntos del universo. O sea, si miramos al cielo de noche, en cada punto hay de hecho una estrella. Pero, si es así, ¿por qué en lugar de ver un cielo completamente cubierto de luz tenemos un cielo negro con unos pocos puntos de luz? ¿Por qué carajo es oscura la noche si el universo es infinito?”



Ala, ahí lo llevas.





La paradoja de Ronald Opus


La historia de Roland Opus sería un caso que en la tele española lo narrarían entre Iker Jimenez y Pedro García Aguado:

Ronald Opus había saltado desde lo alto de un edificio con la intención de suicidarse. Durante la caída, su vida se vio interrumpida por un disparo de escopeta que paso a través de una ventana y lo mató instantáneamente. Ni el que disparó ni el suicida eran conscientes de que se había instalado una red de seguridad por unas obras, por lo tanto Ronald Opus no habría podido ver completado su suicidio.

En la habitación desde donde se disparó la escopeta estaban discutiendo un hombre mayor y su esposa. Él la amenazó con la escopeta, disparó y los perdigones atravesaron la ventana alcanzando al Sr. Opus.

Cuando el anciano fue acusado de homicidio, él y su esposa dijeron que pensaban que la escopeta estaba descargada, era algo habitual en sus discusiones. Por lo tanto la muerte del Sr. Opus parecía ser un accidente.

Según un testigo, fue el hijo de la pareja quien había cargado la escopeta unas semanas antes. La anciana había quitado el apoyo financiero a su hijo (que suponemos sería un nini) y este, sabiendo de la propensión del viejo a apuntar a su madre, cargó el arma con la esperanza de que la matara. El asesinato del Sr. Opus ahora era responsabilidad del hijo.

Y aquí viene el toque más retorcido, investigaciones posteriores revelaron que el hijo era, de hecho, Ronald Opus. Se había deprimido tanto por el intento fallido de asesinar de su madre que decidió quitarse la vida. El hijo se había asesinado a si mismo, por lo tanto el forense cerró el caso como suicidio.

¿Cómo tas quedao?

Por cierto, la historia se la inventó Don Harper Mills , el expresidente de la Academia Americana de Ciencias Forenses. O sea, no es un caso real, pero la puedes explicar en la sobremesa de alguna comida familiar y quedar fetén.



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