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Si crees que sabes algo sobre los vapeadores, espera a leer esto

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Mucho más que ex-adictos al tabaco: Un recorrido por la subcultura de los vapeadores

víctor parkas

20 Enero 2017 19:00

“¿Sabéis que la gente que fuma cigarrillo electrónico no fuma nunca después de hacer el amor? Porque no hay nadie que se quiera acostar con ellos”. La lapidaria forma parte de un monólogo de Patricia Sornosa, en el que la humorista también se pregunta cómo alguien iba a querer tener sexo con otra persona “que chupa un boli que echa humo”.

Accediendo al vídeo del stand-up y haciendo scroll down, además de encontrarnos con comentarios que tachan el contenido del monólogo de proselitismo feminista, hay otro grupo de usuarios que responden a Sornosa con construcciones como ‘peladita cancerosa’ o ‘cuando mueras a causa de un enfisema pulmonar, haremos una vapeparty en tu honor’.

Otros, como Alquimia para Vapers, se despachan con un “haznos un favor y desaparece”.

“Con lo de esa monologuista se formó una trifulca un poco extraña”, recuerda Javisko, uno de los gestores de Alquimia para Vapers que, al preguntarle por el episodio, dice no acordarse de haber dejado ningún comentario en el vídeo. “Lo que desde luego no me gusta de estos asuntos es que al final salen perjudicadas las dos partes”.

Si en Alien VS Predator, ganase quién ganase, nosotros perdíamos, en la pugna entre Sornosa y los vapeadores fue justo al contrario: puede que ambos bandos saliesen con heridas del conflicto pero, los que sólo participamos como espectadores, abandonamos el campo de batalla con la certeza de que los vapers tienen, cuanto menos, el sentido de comunidad y pertenencia propio de una tribu urbana.

Ahora bien, ¿se puede saber qué co***es es una vapeparty?

“Terminos como ‘vapeparty’ o ‘vapefest’ se han ido inventando sobre la marcha, y todos ellos surgen de la propia comunidad vaper”, me explica Javisko sobre convenciones como la Expovape, una feria internacional e itinerante, dedicada al vaping, que el pasado año hizo parada en Madrid. “Los vapers no sólo nos organizamos en forma de comunidad, sino que también nos comunicamos con otras de, por ejemplo, Latinoamérica”.

“Así, formamos una comunidad mundial”.

Lo más sorprendente, quizás, del we belong que comparten los usuarios del cigarrillo electrónico choca con la imagen mayoritaria que desde fuera se pueda tener de ellos —y que Patricia, pese a quién pese, capturó tan bien en su monólogo. Su entereza, en ese sentido, no está lejos de la del emo: desde la otra acera, podrás señalarlo y reírte de él, pero eso no hará que My Chemical Romance dejen de ser la puta bomba.

La entereza del vapeador no está lejos de la de un emo: podrás señalarlo y reírte de él, pero eso no hará que My Chemical Romance dejen de ser la bomba

“Habrá quién vea esto como algo ridículo, no me cabe la menor duda”, se resigna, sin mostrar preocupación, Javisko. “Aunque he de decirte que este mundillo es igual que cualquier otro; es igual que el del cine o el de la música”, me cuenta. “Dentro de la comunidad vaper, hay mucho mamoneo; mucho ego; mucha envidia y mucho aprovechado”.

También, como cualquier otra disciplina, el vaping tiene sus prescriptores; o, como se hacen llamar ellos, ‘revisores’. “En Alquimia para Vapers, por ejemplo, probamos un sabor durante toda una semana; luego lo comentamos en nuestro canal de YouTube”, dice Javisko, sobre el videopodcast semanal en el que él y otros vapers opinan sobre los aromas que, directamente, les envían las marcas de líquidos. “No revisamos sabores de fabricantes que no conocemos”, matiza, “porque nos han llegado a escribir de Alemania, Polonia o Checoslovaquia”.

La duración por episodio de La Noche de la Alquimia puede ir de las dos a las cuatro horas.

Más allá de Javisko y su gang, revisores en habla hispana hay casi tantos como sabores —y de sabores, palabra de scout, hay infinidad. Si, por envergadura, no hay que dejar de mencionar a Julio Ruades y su proyecto El Mono Vapeador, el interés antropológico nos hace girar la vista hacia el canal de 2 Vapers 2 Furious.

Félix y Mary, la pareja de vapeadores furiosos, defienden uno de los canales de vaping más histriónicos y desopilantes de YouTube: ya sea echándole vapor encima a un cachorro de husky, ya sea ridiculizando al padre (fumador) de Félix, y siempre bajo un continuo de electrónica machacona, 2 Vapers 2 Furious excede con creces la simple etiqueta de ‘canal vaper’.

Tampoco es anecdótica la hipersexualización que el canal ejerce sobre Mary —el short y el escote de la vapeadora, por ejemplo, aparecen en las miniaturas de algunos vídeos. Este vicio no es exclusivo de 2 Vapers 2 Furious, sino que la imaginería del microuniverso vaper está plagada de chicas en poses sugerentes echando humo y concursos de vapeo entre modelos.

Si hablamos de #vapeisthenewsexy o de #vapatriarchy, queda a juicio del lector.

Quizás una de las cosas más sorprendentes del vapeo es cómo ha conseguido erigirse no en cultura, sino en subcultura. El vaping no se ha ganado tal calificativo por estar demonizado —que lo está— o por crear microcomunidades a su alrededor —que las ha creado—, sino por funcionar, como toda subcultura que se precie, de abajo hacia arriba.

“La comunidad de vapeadores”, declara, tajante, Javisko, “influencia de forma directa al mercado y a los fabricantes de productos para vapear”.

Llegados a este punto, merece la pena empezar a hablar de alquimia.

Cuando gente joven, que ni tan siquiera fuma, viene pidiéndonos información, le mandamos a tomar por culo

“La gente, al pensar en alquimia, piensa todavía en la práctica de convertir el plomo en oro”, explica Javisko; “todavía nos sigue escribiendo gente que, confundida por el nombre de nuestro canal, nos pregunta por metales”. La alquimia que ejercen Javisko y los suyos es, sin embargo, muy diferente a la de San Cipriano. “Nosotros, en Alquimia para Vapers, llamamos alquimia a fabricar en casa nuestros propios líquidos y aromas”.

Dicho así, puede que no impresione mucho. Quizás el siguiente vídeo arregle eso.

Más allá del goce pop que supone ver a un grupo de vapeadores en plan Breaking Bad, laboratorio casero incluido, ¿qué razones llevan a tres adultos a ponerse uniforme quirúrgico para cocinar líquido de vaping? “Los motivos son, básicamente, económicos”, resuelve Javisko.

“Al sofisticarse cada vez más los aparatos para vapear, el líquido se consume más y más rápido; eso supone un gasto mensual tan o más alto que el que gasta un fumador en tabaco”, me explica Javisko. “Es por eso que, tarde o temprano, los vapeadores terminan optando por fabricar su propio líquido”, añade, “porque, con la alquimia, con cinco euros puedes vapear todo un mes”.

Para fabricar líquido de vaping, basta con propilenglicol, glicerina vegetal y el aroma que el alquimista deseé. “Yo incluso he cogido recetas americanas y las he reinterpretado con sabores mediterráneos”, me cuenta Javisko, que ha llegado a crear líquido de vaping con sabor a horchata. “Me pasé cerca de dos años consumiendo sólo lo que fabricaba, pero ahora he vuelto a comprar porque las marcas, al ver que la alquimia se popularizaba, han bajado muchos los precios”.

“Además, lo que la gente fabricaba en su casa, aunque no lo comercializase, tenía un impacto directo en el mercado: si, por ejemplo, bajábamos a 3% el porcentaje de nicotina en el líquido, el fabricante sacaba un producto con 3% de nicotina; si nosotros bajábamos al 1%, ellos también lo hacían”, asegura Javisko. “Con los cacharros para vapear, ocurre exactamente lo mismo: si un revisor señala un fallo en un aparato, la marca corrige dicho fallo en su siguiente lanzamiento”.

“Como te decía, nosotros influimos de forma directa en el mercado del vaping”.

Alquimia y gestos tribales aparte, Javisko no parece querer engrosar el movimiento del que participa. “Esto debería ser sólo una alternativa para gente que quiera dejar de fumar tabaco”, deja claro el vaper. “Cuando gente joven, que ni tan siquiera fuma, viene pidiéndonos información, le mandamos a tomar por culo”.

“No voy a venderle bien esto a nadie, precisamente porque soy consciente de que cualquier vicio que cojas, cualquiera, te va a joder el bolsillo”.

Pese a esta prudencia, cada vez son más los intentos del vaping por mostrarse como un estilo de vida cool. Uno de los últimos, lo encontramos en Baby Lucifer, el último videoclip del rapero español Recycled J: en la pieza, las bases de Club33 se entremezclan con las ingentes bocanadas de humo vaper.

¿Se convertirá el vaping, además de en subcultura, en una moda juvenil?

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