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Cinco razones por las que Federico Jiménez Losantos es mi youtuber favorito

Probablemente él no lo sepa, pero Federico Jiménez Losantos es, de lejos, el mejor youtuber de España

Los violines cogen impulso, alzándose, como se alza un ejército insurrecto, durante cinco agonizantes segundos en los que apenas tienes tiempo para coger aire. Entonces, es cuando empieza. Cuando arranca Suspiros de España y, con ella, Es la mañana de Federico, el programa de radio matinal de Federico Jiménez Losantos.

El programa que llevo escuchando, a diario, desde hace más de medio año.

Aunque Es la mañana de Federico se emite de seis de la mañana a doce del mediodía, yo lo consumo por la tarde, gracias a las píldoras en formato vídeo que, día tras día, cuelga esRadio en su canal de YouTube. Sí: desde noviembre de 2016 hasta ahora, Federico Jiménez Losantos se ha convertido en mi youtuber favorito.

¿Placer culpable? Es obvio: cuando mi compañero de piso entraba en una zona común, normalmente la cocina —cocinar con Es la mañana de Federico se parece bastante a follar con Caetano Veloso de fondo—, yo silenciaba el dispositivo desde el que estuviese reproduciendo el programa; normalmente desde el móvil. Es muy extraño: junto a la de mi pareja, la voz de Losantos es la que más ha expulsado el altavoz de mi teléfono en los últimos meses.

Sí: la voz de Federico, permitidme el tuteo, me es ahora mismo más familiar que la de mi propia madre. Y la culpa la tiene el algoritmo de YouTube. ¿Cómo si no yo, con un ideario en las antípodas del de Federico, habría llegado a encontrarme en Recomendados uno de sus vídeos? Yo antes veía a Ter y a soyunapringada. Ahora me pongo a Federico y su entourage —Marhuenda, Inda, Tertsch, Los Vengadores del periodismo libre.

Y España (suspiro) me duele el doble que hace seis meses.

Venir es fácil, volver no tanto. Lo cantan Ases Falsos en una de mis canciones favoritas, y la máxima se cumple cuando hablamos de Federico y su programa. ¿Cómo he podido permanecer fiel durante tanto tiempo a un espacio como el suyo? La coartada de “por las risas” aquí, considero, no es suficiente. “Por las risas” uno puede ver, de forma esporádica, El Gato al Agua o Mi Casa es la Tuya. “Esporádica”. De lo que estamos hablando aquí, sin embargo, es de la escucha religiosa y reiterada de horas y horas de actualidad política convertida en bilis.

Lo he pensado mucho, y he llegado a la conclusión de que, entre otras muchas cosas, me fascina hasta el extremo como un matinal tan matinal —empieza, decía, a las seis— puede mantener un tono tan airado como el de Es la mañana de Federico. La mayoría de nosotros, antes de las siete, apenas podemos articular palabra; para entonces, no exagero, Federico ha tenido tiempo de insultar a políticos de todo el arco parlamentario, meter cuatro cuñas publicitarias y decirte las previsiones del tiempo y las del tráfico.

Admiro mucho, también, esa capacidad para mantener el tono de cabreo extremo seis horas al día, cinco días a la semana, cuatro semanas al mes. Puede que tú el lunes curres a medio gas, pero a Federico, en cambio, lo vas a tener siempre a tope, termo de café en mano, incendiando las ondas, contra todo y contra todos. Federico es como Lobezno. “Soy el mejor en lo que hago, pero lo que hago no es muy agradable”. La frase es de uno de los dos. Elige tú de cuál.

España y yo somos así. No hace falta estar seis meses escuchándolo para conocer, ni que sea vagamente, la visión que Jiménez Losantos tiene de la realidad: José Luís Rodríguez Zapatero era un filoetarra; Al Qaeda no tuvo nada que ver con el 11-M; de Podemos, coge lo peor que hayas oído del partido, multiplícalo por mil y ni siquiera andarás cerca del dibujo que Losantos hace de la formación morada. La España de Federico es como Tierra 2, el universo paralelo de Superman y Batman: reconoces a los personajes que lo habitan, pero no las actitudes ni las acciones de éstos.

Llámale alt-reality si quieres. Porque si Es la mañana de Federico fuese una película de Star Wars, el rodillo inicial —ese texto que se desplaza de abajo arriba de la pantalla para ponernos en situación— rezaría algo así: España, gobernada por un partido socialdemócrata que dice ser el PP, se encuentra sumida bajo un yugo, la podemización, cuyos orígenes son poco menos que maquiavélicos. Podemos, “la marca roja del PP”, no es otra cosa que un instrumento auspiciado por Mariano Rajoy y los suyos con la intención de desestabilizar al PSOE, el partido más corrupto del país.

La España de Federico es como Tierra 2, el universo paralelo de Superman y Batman: reconoces a los personajes que lo habitan, pero no las actitudes ni las acciones de éstos

En este contexto, La Sexta y Cuatro, los aparatos de propaganda de Podemos, permanecen controladas por Soraya Sáenz de Santamaría. La vicepresidenta, haciendo que sus televisiones critiquen sin piedad al ejecutivo de Rajoy, tratará de ganar posiciones frente al actual presidente, con la intención de conseguir la secretaría general de su partido. La única esperanza para poner orden en todo este desaguisado, Ciudadanos, fallarán en su misión una y otra vez debido a su inexperiencia —son “bebés”; una formación con tan solo dos años de trayectoria.

El resto de partidos que habitan en el Congreso de los Diputados, con la honrosa excepción de Coalición Canaria, son ETA.

Que entre la música de John Williams.

Repetida mil veces. La anterior cosmogonía (la Cosmogonía Losantos) no es una construcción que solo pueda percibirse desde mi posición. Para llegar a ese nivel de conciencia, no hace falta pasarse medio año pegado a Es la mañana de Federico. Basta, sencillamente, con escuchar el programa un solo día. Sintonízalo un solo día y toda (toda) esa política-ficción se verbalizará, sin orden ni concierto, durante las seis horas de programa. Lo que quiero decir es que a Federico le gusta repetir las cosas. Federico repite las cosas mucho, hasta el punto de que su discurso ya no es un discurso, sino un martillo hidráulico machacándote el neocortex.

Esta aliteración periodística, y aunque las comparaciones son odiosas, hace que Losantos me recuerde a Joseph Goebbels, el ministro de propaganda nazi al que se le atribuye la frase “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. Que nadie se equivoque: ni comparo la ideología de Goebbels con la de Losantos –Federico, todo el mundo lo sabe, es liberal–, ni tampoco, Dios uno y trino me libre, tacho a Federico de mentiroso. Sí encuentro similitudes, sin embargo, entre la habilidad de uno y otro para deformar el lenguaje en su propio beneficio. Goebbels, por ejemplo, logró que la palabra judío, por si sola, no tuviera significado alguno. Sí sucio judío. Sí rata judía.

Esto, trasladado a la Cosmogonía Losantos, se traduce, bueno, en ponerle motes a todo el mundo. Federico Jiménez Losantos, como si fuera un bully de primaria, ha rebautizado con nombres ridículos a todos aquellos de los que habla en su programa. Mis favoritos son: Cocomocho (Carles Puigdemont), La abuela de la lata (Manuela Carmena), Preescolar (Nacho Escolar), Murciégalo, no “murciélago, Murciégalo (Cristóbal Montoro), Echeminga Dominga (Pablo Echenique), Asesina One (Soraya Sáez de Santamaría), Asesina Two (María Dolores de Cospedal), Pablenín (Pablo Iglesias) y Pitita (Rita Maestre).

¿Cómo metes a seis millones de judíos en un 600? Todos sabéis cómo acaba el chiste: con Guillermo Zapata declarando en la Audiencia Nacional, acusado de humillar a las víctimas del terrorismo. El concejal de Ahora Madrid, que publicó éste y otros tweets en un debate en torno a los límites del humor, es, de entre todas las obsesiones de Federico, la que más me apasiona. Y me apasiona porque, cada vez que habla de Zapata, Federico se pone a sí mismo en un escenario donde nunca antes habrías imaginado encontrártelo: contando chistes de Irene Villa en una radio financiada por Libertad Digital.

Porque Federico, esos chistes, los cuenta. Íntegros. No hace simples referencias a ellos; no dice Guillermo Zapata, “el de los chistes de Irene Villa”. No dice Guillermo Zapata “el de seis millones de judíos en un 600”. Federico pronuncia, mínimo una vez al mes, “han tenido que cerrar el cementerio de las niñas de Alcasser para que no vaya Irene Villa a por repuestos”. Te pregunta cómo meter a seis millones de judíos en un 600 y, sí, también te responde. “En el cenicero”. ¿Los límites del humor, dices? Prueba en el 99.1 de la FM madrileña, de seis a doce de la mañana y quizás des con ellos.

El odio de Federico, además de ancestral, tiene rasgos de diluvio bíblico: da igual hacia qué o hacia quién tengas simpatías ideológicas, porque, para las doce del mediodía, ese alguien va a estar conviviendo con el fondo marino

Todos estos chistes, claro, estaban siendo citados. Por eso sería una completa chaladura que alguien, de forma malintencionada, los sacara de contexto y pidiera para su autor, no sé, un año y ocho meses de cárcel por “humillar y vejar” a las víctimas del terrorismo. Sería esperpéntico pensar en estas bromas como “una clara incitación al odio e injurias hacia las víctimas”, y pedir además siete años de inhabilitación absoluta para el que las profiera. Sería un delirio absoluto que alguien tuviera que sentarse en el banquillo de los acusados por utilizar, en definitiva, chistes de mal gusto para construir un discurso alrededor.

Preguntadle, si no, a Guillermo Zapata.

‘Maricomplejines’ somos todos. Es el insulto favorito de Losantos y, aunque lo acuñó para referirse a los líderes de derechas que, según él, sufrían taras progresistas, ‘maricomplejines’ podemos ser también tú y yo. Podemos serlo porque el odio de Federico, además de ancestral, tiene rasgos de diluvio bíblico: da igual hacia qué o hacia quién tengas simpatías ideológicas, porque, para las doce del mediodía, ese alguien va a estar conviviendo con el fondo marino. Y eso es un incentivo: en Es la mañana de Federico, tu equipo no pasará de cuartos, pero puedes sonreírte maliciosamente viendo como humillan a los equipos rivales durante lo que queda de liga.

Pese a todo, la atracción –como cualquier atracción que supera el medio año– está alimentada por detalles irracionales. No sé. La forma en la que, por ejemplo, interrumpe a sus becarias cuando éstas leen anuncios de Securitas Direct para meter, con calzador, chistes sobre políticos que roban. O cuando introduce la información del tráfico con lo de “y ahora vamos con el único tráfico decente; el tráfico rodado”. O también cuando se refiere a las zonas más frías de España como “el Pelotón del Pasmo”. Todas esas mierdas me rechiflan.

No hay que olvidar, en cualquier caso, en qué lado de la línea está Federico; yo no lo hago. Pero incluso así, hay veces en que algo te empuja a cruzar al otro lado, con arnés y cuerda, asegurándote poder volver dónde estabas cuando todo haya terminado. Así funciona Es la mañana de Federico. Como una sesión de ouija. Como escuchar otra vez el Room Service de Roxette. Como celebrar tu 30 cumpleaños en McDonalds. Con la misma épica y la misma decadencia.

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