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“Imagínate que el Rubius dejase de hacer gameplays y se pusiera a hablar de economía”

¿Revolución aceleracionista o irreverencia programada? Hablamos con Homo Velamine

Es la una del mediodía e Ismael Crespo Amine, que dice estar recién levantado, ametralla conceptos como ‘empleo y gol’, ‘valor grasa’ o ‘sufrir y rezar’. Se trata de la terminología que maneja Homo Velamine, un grupo del que Ismael forma parte, y que, entre otras gestas, acudieron a una firma de libros de la exalcaldesa de Madrid con camisetas en las que aparecía su rostro bajo las siglas FEA (Feministas con Esperanza Aguirre).

No, en serio.

Homo Velamine, que se han definido como ‘ultraracionalistas’, aseguran que sus gestos no tienen nada de frívolos. “¿Crees que hay una dicotomía entre lo comprometido y lo ultraracionalista? ¿Piensas que hacemos esto de forma irónica? Yo lo concibo más como una forma de aceleracionismo”, expone Ismael. “No estamos siendo irónicos, sino que, en realidad, intentamos ser más papistas que el Papa; llevar las cosas hasta sus últimas consecuencias”.

“Si el pueblo quiere estatuas de ocho metros, nosotros les vamos a dar estatuas de 800 metros”.

Esto, traducido en forma de acto ultraracional —así han bautizado Homo Velamine a sus happenings—, pasa por cortar la Gran Vía madrileña pidiendo la vuelta del ‘mundo antiguo’ o por personarse en la celebración de la victoria del PP con carteles de ‘hipsters con Rajoy’o ‘menos Podemos y más torreznos’.

“De entre todos nuestros actos, destacaría el que hicimos en el aniversario del 15-M, donde nos presentamos con lemas como ‘sí nos representan’ o ‘we’re 73%’ en nuestras pancartas”, recuerda Crespo Amine. “La reacción de los manifestantes fue súper violenta; la gente de izquierdas es muy, muy violenta”.

Aunque movimientos como éste último puedan emparentarse con, por ejemplo, aquella ocasión en la que Vice llevó a unos modelos hasta Occupy Wall Street para realizar una sesión de fotos, Crespo Amine asegura que él y el resto de miembros de Homo Velamine no son enfants terribles. “Aunque nos hayan influido los surrealistas, no buscamos el escándalo per se”, asegura. “Nuestros actos tienen un contenido teórico con el que la gente, aunque sea de manera dolorosa, puede sentirse identificada”.

“La gente se pregunta si somos de derechas o de izquierdas, porque no puede pensar en otros parámetros que no sean esos”, continúa Ismael. “Los auténticos parámetros hoy día son, por un lado, el mal menor y, por el otro, el aceleracionismo; Hillary por un lado y Trump por otro”. Como ya queda apuntado más arriba, Homo Velamine se sitúan en el segundo grupo; la única de las dos vías en las que uno puede “ser honesto”.

Acelerar. De acuerdo; pero, ¿para llegar a dónde?

“Hasta el punto en el que las cosas puedan resolverse”, contesta Crespo Amine.

“Imagínate que el Rubius, que tiene 12 millones de seguidores, dejase de hacer gameplays y se pusiera a hablar de economía. Imagínate que los YouTubers se pusieran en plan Ensayo sobre la lucidez de Saramago; que empezasen a explicar cómo surge el sistema de bienestar; qué es el dinero; cómo funcionan los bancos”, plantea Ismael. “Si mañana el Rubius hiciese algo así, caben dos escenarios posibles: o bien pierde a todos sus seguidores, o bien inicia una revolución”.

“No puede haber una revolución, a no ser que la revolución tenga la misma forma que el culo de Kim Kardashian”.

A parte de jugarse la integridad en la calle – “cuando sacamos una bandera española en las ‘marchas de la dignidad’, tardaron 20 segundos en echarnos a empujones”-, desde Homo Velamine también publican un fanzine de nombre homónimo y gestionan, en el caso concreto de Ismael, la página Cuñadología.

“La palabra ‘cuñado’ es un insulto que ya utiliza todo el mundo. Llamar ‘cuñado’ a otro es ser incapaz de refutarle; significa que no tienes herramientas analíticas para desmontar el discurso de la otra persona”, reflexiona Crespo Amine, sobre el término al que hace referencia su página. “ Cuñadología, además, es una forma de poner las pilas a la gente”.

En Cuñadología encontramos publicaciones de todo tipo: en la página caben desde el meme viralizable hasta el ensayo filosófico más denso. “Nosotros estudiamos filosofía analítica, que es es como la mili de la filosofía: te convierte en una máquina de matar argumentativa”, me explica Ismael. Y es que el precedente de Cuñadología fue, justo, Círculo Podemos Filosofía Analítica; a pesar incluso de que la gente de Podemos sean todos “unos jipis súper despreciables”.

“Cuando hacíamos radio, comparábamos a Íñigo Errejón con Primo de Rivera; hablábamos de Primo de Rivera como si fuese Íñigo Errejón, y colaba”. Cuñadología, sin embargo, no sólo se nutre del odio ancestral hacia Errejón, sino que otra de las obsesiones (malsanas) de la página es el economista liberal Juan Ramón Rallo. “Subimos una foto de él comiendo macarrones que era magnífica”.

Cuñadología es pura retórica”, añade Ismael. “La gente debe entender que tiene diferentes capas de lectura; que no todo es blanco o negro”. Quizás ésa sea la mejor manera de enfrentarse a una página que lo mismo divaga sobre el conservadurismo en Harry Potter que te lanza un meme (aparentemente) inocuo sobre el argumentario de distintos regímenes políticos.

Preguntarse si Cuñadología –y, por extensión, Homo Velamine– van o no en serio, tienen alguna filiación política más allá del ‘ultraracionalismo’ o si, simplemente, están convirtiendo el troleo en una forma de activismo, es mirar al dedo; es como preguntarte si Kitchen Nightmares o First Dates están o no guionizadas.

“En lugar de seguir ocultando las contradicciones inherentes bajo el mito”, termina Ismael, “nosotros las hacemos patentes”.

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