Ficciones

El mismo infierno se escondía detrás de una simple puerta de madera

¿Qué es lo que le da sentido a la vida? ¿Puede el amor hacer brotar la vida de nuevo en el fin del mundo como esos hierbajos que consiguen abrirse paso entre el cemento de la ciudad?

Después de que e n 2025 el gobierno chino aprobara el consumo de carne humana para acabar con la hambruna que atravesaba el país , los mismos problemas llegaron a occidente. En ese contexto Débora, su marido y un amigo fundaron un importante grupo activista que proponía el consumo de carne como alternativa al hambre en un mundo superpoblado y sobreexplotado . Tras la muerte de su marido y embarazada de su hija Luz, Débora se comió a su pareja y fue juzgada inocente en un importante juicio que sentó las bases para que, en 2050, se legalizara la antropofagia sin homicidio. Diez años después se fundó Suora, la primera residencia de lujo para donantes de carne gourmet en la que Luz se internará presa de la apatía vital.

I

Año 2061

Cuando abrió los ojos, él fue lo primero que vio. Fumaba displicente al otro lado de la piscina, recortado por el sol. No creía haberlo visto nunca antes.

Disculpa, ¿no sabes que está prohibido fumar aquí? Como te pillen, ¡te matan!

Y en aquella advertencia había mucho más de literal de lo que a Luz le hubiera gustado.

Él alejó el cigarrillo de su boca, interrumpiendo la calada que estaba a punto de darle y la miró por primera vez:

—Lo sé... ¿Quieres?

Luz no sabía que contestar. Nunca en su vida había fumado pero le gustaba la idea de sacarle el dedo a aquel lugar. Desafiarlo.

Miró alredor en busca de testigos.

Tranquila, aquí ninguna cámara puede vernos... Por cierto, me llamo Thiago.

—Yo soy Luz . ¿Llevas mucho aquí?

Un par de meses , ¿y tú?

—Un año... Nunca te había visto .

—Ya.

—¿En que pabellón estás?

No vivo aquí .

—¿Entonces?

Trabajo aquí .

Se asustó. Luz se atragantó con el humo y empezó a toser, armando un gran escándalo . Thiago la arrastró detrás de unos arbustos y le cubrió la boca con su mano para amortiguar el sonido.

—Shhhh... Estoy de vuestra parte .

—¿Y qué es lo que haces?

—Si te lo digo, ¿prometes no delatarme?

—Dímelo de una vez...

Soy el carnicero. Yo soy el que os despieza cuando morís .

Entre los internos se rumoreaba que el matadero se encontraba escondido en algún rincón del complejo pero nadie había conseguido dar con él . Eran varios los que lo habían buscado, esperando poder comprobar si era cierto que la gente que decidía abandonar el programa nunca llegaba a poner un pie en la calle .

—Entonces, ¿es cierto que el matadero está aquí mismo?

Thiago guardó silencio.

—Llévame a verlo, por favor.

—¿Pero qué te has creído, chiquita? Te acabo de conocer.

No me llames “chiquita” tú, imberbe..

Te recuerdo que e stás hablando con el mejor carnicero del país . Sé clavar el hacha en el lugar preciso. Los hombres más ricos del mundo salivan como perros por mis filetes.

—No lo entiendo. Si estás de nuestra parte, ¿cómo es que trabajas para ellos con ese orgullo?

—A lo mejor te piensas que soy tan tonto como para ponerme a fumar delante de ti así porque sí. Sé perfectamente quién eres... ¿Sabes? Aquí te tienen muchas ganas. Y fuera, también...

II

La respuesta era tan sencilla que nunca nadie lo había sospechado. Habían estado tan sumamente cerca del matadero todo el tiempo que habían sido incapaces de verlo .

Ni laberínticos pasillos secretos ni complicados sistemas de apertura. Al matadero se accedía a través de una puerta normal de madera en el comedor. D etrás, todo el mundo daba por sentado que se apilaban los manteles perfectamente doblados, montones de platos y vasos limpios y la cubertería de plata recién pulida. Sin embargo, habían estado cortando en pedacitos a aquellos que, hasta tan solo unas horas antes, habían sido cebados al otro lado de la pared.

No obstante, llegar hasta allí no había sido fácil. Al terminar su jornada laboral, Thiago había tenido que esconderse en la habitación de Luz sin poder hablar y moviéndose con cuidado. Había micrófonos escondidos.

—No siempre están escuchando. Solo cuando sospechan.

—¿De qué?

De que alguien se está arrepintiendo o de que ha empezado a desconfiar de la organización. También, simplemente, para llevar un seguimiento rutinario...

Luz había puesto el disco de los Smiths que tanto le gustaba y había subido el volumen lo suficiente como para cubrir sus movimientos sin que ningún vecino pudiera sentirse invadido por aquel golpe de vida ajena.

Se habían comunicado a través de mensajes escritos a mano, un tipo de escritura que casi nadie usaba ya. De hecho, Luz no tenía ni un solo bolígrafo en su habitación. Había sido Thiago el que, sabiendo lo de los micrófonos, había traído boli y papel.

Después se echaron a dormir el resto del día y despertaron pasada la media noche, el momento ideal para salir de excursión...

—Aquí podemos hablar. No tienen vigilancia porque solo tienen acceso personas de extrema confianza.

—Entonces, ¿cómo es que tú estás aquí?

—Adivina....

A su alrededor, cuerpos sin cabeza y abiertos en canal colgaban de las paredes. Hacía frío y había manchas de sangre salpicadas, como gotas de lluvia, sobre las paredes blancas.

Aunque lo peor era el fuerte olor metálico que se metía en las papilas gustativas a través de la nariz.

—Esta situación ya es lo suficientemente macabra, déjate de rodeos...

—Qué aburrida... Yo soy el heredero de todo esto. Mi padre es el dueño.

—No te creo, ¿cómo es que trabajas de carnicero entonces?

Cortar la carne es un arte... Lo que detesto es todo esto. Este sitio es el ocaso de la civilización.

Luz guardaba silencio, impactada por lo que acaba de escuchar.

—Enséñame las cabezas, por favor.

Son lo más sobrecogedor... Las hierven para hacer sopa.

—Sí. Tenía una amiga aquí. Empezó a echar mucho de menos a su familia y le habían dado permiso para abandonar el programa y volver al mundo exterior. Tengo miedo de que le haya podido pasar algo.

—No hace falta ni que lo compruebes, siento decírtelo. Si dejaran irse a la gente así como así, perderían todo el dinero que han invertido en ellos.

—Llévame.

Thiago la dirigió hacia una cámara y volvió a asegurarse de que no prefería olvidarse.

El pasillo de los horrores se desplegó ante sus ojos cuando la puerta se abrió. Allí estaba el chico que hacía largos todas las mañanas mientras ella leía junto a la piscina o la mujer que le había enseñado las fotos de sus hijos y nietos.

Y entre ellos, la cabeza de su amiga soñando que estaba en casa.

III

Quedaban todos los días a una hora y un lugar diferente. Huían de un patrón que alguien pudiera detectar. Fumaban, escuchaban discos en un viejo discman y se leían pasajes de los libros que estaban leyendo.

Pero, sobre todo, se reían a la cara de aquel lugar. Siempre que podía, Thiago le colaba carne animal. Comerla era el mayor insulto que Luz podía hacerle a Suora y a sus clientes.

Una hamburguesa de vacuno se había convertido en un plato al alcance de muy poca gente. Siendo solo un feto, Luz se había alimentado con los nutrientes de su padre fallecido. Sin embargo, nunca más había vuelto a probar la carne. La primera vez que lo hizo fue con Thiago y le pareció repugnante.

Aunque, poco a poco, había ido dejando de comerla por simple venganza y se había convertido en un acto que la hacía contactar con su naturaleza animal. El sabor, la textura sobre su lengua la ponía en contacto con sus instintos. Por unos minutos se sentía un animal sin consciencia.

—Dime una cosa, el día que nos conocimos, dijiste que sabías quien era, ¿te referías únicamente a que soy la hija de Débora Guerrero?

—No... Hacía tiempo que venía observándote.

—Vaya, y yo que pensaba que pasaba desapercibida...

—Eso es imposible. Tú eres todo lo que tu nombre representa. Eres vida en medio de la muerte, por eso tal vez nunca te ha gustado este mundo moribundo.

¿Qué harán si no consiguen hacer que me suicide? Cada vez que voy al médico finjo estar a punto de mandarlo todo a la mierda. Hago como que lloro en mi habitación pero cada vez tengo más ganas de vivir. Últimamente, hasta he estado pensando en lo bonito que sería tener un hijo algún día... E incluso tenerlo contigo.

—No lo sé Luz. A mí también me preocupa, creo que...

De repente, una voz los interrumpió.

—¡Aquí están!

—¡Papá!

Luz recordaba aquella cara. Hacía años que no lo veía y había envejecido pero seguía siendo el mismo Daniel, el viejo amigo de sus padres y fundador del grupo activista que los había llevado hasta allí.

—¿ Daniel es tu padre? ¿Daniel es el fundador de Suora?

—Luz, es ahora o nunca... ¿Quieres enfrentarte conmigo al mundo exterior? No es mucho mejor que esto pero, al menos, nos quedará ser libres.

Entonces corrieron entre le ruido de una alarma ensordecedora, consiguiendo que la puerta leyera la retina de Thiago justo en el mismo momento en que un guardia acortaba distancias con el aturdidor de descarga eléctrica con el que, en otro tiempo, se había iniciado la matanza de los animales de granja.

Capítulos anteriores:

Capítulo 1: Si tus hijos fuesen a morir desnutridos, ¿les darías carne humana?

Capítulo 2: Año 2040. Una historia de amor extremo en medio de un mundo caníbal

Capítulo 3: Año 2041. La supervivencia de la epecie se decide en un tribunal

 

Capítulos siguientes:

Capítulo 6: Lo dejaron todo para vivir como los primeros Homo sapiens en 2061

Capítulos 7: Su vida era perfecta hasta que descubrió que se basaba en una gran mentira

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