Ficciones

Un rato loco en la mente de Patti Smith

Monólogos interiores de la musa del rock durante el Primavera Sound

Hace un día precioso pero llevo toda la mañana encerrada contestando entrevistas. Los periodistas no han dejado de llamarme cosas bonitas como “musa del rock neoyorquina”, “poetisa de vanguardia” o “fundadora histórica del punk”... Todo eso a mí que, si digo la verdad, solo estoy aquí por la sangría, la paella y el “caloret” como una guiri más...

No voy a mentir, me encanta que me regalen los oídos, pero también puede llegar a ser verdaderamente aburrido. Todos esperan que me comporte como una leyenda viva del rock pero yo soy más de carne y hueso que un chuletón de ternera. Sobre todo de hueso. Y hasta se me olvida si he apagado o no el gas en cuanto salgo de casa, como al resto de la humanidad.

La gente espera que me comporte como una leyenda viva pero soy más de carne y hueso que una chuleta. Sobre todo de hueso

Además, si actuara como una leyenda, tendría que comportarme como Morrissey que, a pesar de que yo lo quiero mucho, se cree un dios griego de paseo por la Tierra y yo prefiero ser más maja que las pesetas.

Aunque, bueno, reconozco que también tengo mis cositas, eh. Que, luego, cuando me pongo y alimento un poquito el mito, los periodistas se enfadan y van diciendo por ahí que llevo siempre el pelo por la cara porque tengo un ojo mirando a Cuenca.

Mira, yo por las buenas soy muy buena y amiga de mis amigos, pero que no falten a mi condición de artista porque también estoy muy loca, que yo he vivido en la calle y tengo una canción sobre mear en el río. Cuidadito.

Por cierto, estuve dudando pero, al final, sí que me he traído mi urnita de viaje con las cenizas de mi queridisísimo amigo Robert Mapplethorpe. Ya para la próxima me traigo a los críos si eso.

Quería que Robert conociera el Mediterráneo y esta luz postapocalíptica maravillosa. Lo cierto es que empiezo a pensar que es la responsable de que los españoles tengan esa fama mundial de simpáticos. Al principio parece que todo el mundo te sonríe por la calle pero creo que solo están deslumbrados.

 

Soy más maja que las pesetas pero también estoy muy loca, que viví en la calle y tengo una canción sobre mear en el río

Pero bueno, menos mal que yo me he traído mis gafas de sol de marca de expunkarra.

De todos modos, aunque parezca que no, aún sigo siendo una gamberra. Ayer le dije a mi equipo que me iba de museos pero, en realidad, me quedé toda la tarde en la cama durmiendo la siesta. Y luego le iba diciendo a todo el mundo: “ay, qué bonicos los picassos”, “qué bonicos los mirós” y era todo mentira.

HAHAHAHAHAHA

Es como cuando me dan para que les firme el libro de Éramos unos niños, que todos me vienen con que si han llorado leyéndolo, que si les has salvado la vida, que si no sé qué... Y yo lo único que quiero decirles es que si les ha gustado el libro, que se esperen a ver la peli que van a flipar en colores vibratorios. Pero claro, yo eso no lo puedo decir porque tengo una imagen que cuidar.

Además, ni siquiera es verdad que vayan a hacer la película pero estaría guay.

Luego, otro día fui recogiendo a gente de la calle y los colé en mi hotel para hacer una fiesta, que siendo una leyenda viva del punk no puedo irme de rositas sin dejar desperfectos en la habitación. Cuando digo "gente de la calle" me refiero a vagabundos, claro. Resultó una ideaca porque así ya trajeron ellos el vino y no tuve que ir yo al Mercadona, que está siempre petao.

Bueno, pues eso, que yo he venido secretamente a Barcelona de vacaciones pero la excusa oficial es rendirle homenaje a mi disco Horses.

Mi bigote es un icono que rivaliza con el entrecejo de Frida Kahlo

La gente me para por la calle y me preguntan: “Patri, tía, ¿pero es que no te cansas de llevar ya 40 años con lo mismo?” Y yo les digo: “¿Qué dices loco? ¡¿Cómo me va a cansar haber hecho algo bien una vez y que 40 años después aún me siga dando alegrías?!”. Pobrecicos, no saben lo que se pierden.

Que ahí también le eché narices yo, eh, que ya en los años setenta le daban al retoque fotográfico y me querían quitar el bigote de la foto. Y yo dije que no, que por mis huevos toreros me dejaban la pelusilla en su sitio y mira, ahora es todo un icono que rivaliza con el mismísimo entrecejo de Frida Kahlo.

Mira, eso es lo más valioso que he que aprendido con los años:

A la vida no hay que echarle narices, hay que echarle pelo

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