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18 pensamientos de un toro horas antes de morir desangrado

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Mi cuerpo es tu diversión. O cuando la violación no es solo sexual

Ignacio Pato

08 Julio 2015 06:00

Ilustración de Luis Quiles

1. Sí, yo también noto esta ola de calor. Sudo. Es un sudor caliente que ha salido antes que el sol. Sudo pero estoy bien; es solo este maldito calor, el maldito calor que hace en verano en el país que jura adorarnos.

2. Sobre la arena y oliendo a madera, amanece para mí. Hace calor pero tengo agua. Estoy descansado. Nos tratan bien aquí. Me trajeron a este corral hace unos días, desde mi pradera de siempre. Hoy, aquí, hay más personas que otros días. No sé qué quieren, pero me miran con excitación.

3. Me empujan hacia la madera de la puerta. Estoy ya tan cerca de ella que casi puedo dejar de olerla. Las personas que tengo al lado no paran de moverse; están inquietas. Yo estaba tranquilo hasta que han comenzado a ponerse a mi alrededor. El nerviosismo es como una enfermedad más: también se contagia.

4. Dejo de sentir el tacto de la arena y el olor de la madera delante de mí. Suena un disparo. La puerta está abierta. La arena ya no está. Ahora piso la dureza del asfalto. Corro mientras veo un grupo de personas que parecen esperarme.

5. ¿Soy libre?

6. Tienen su mirada clavada en mí. Mucho antes de acercarme al grupo de personas, ellos salen corriendo. De lado, sin dejar de mirarme, de gritarme. No controlo mi respiración. Mi cuerpo ya no es mi cuerpo. Mi cuerpo les pertenece.

7. Los tengo delante. Hay manchas rojas y blancas. No por correr sobre él es menos duro el asfalto. Sudo; gritan. Sudo más y corro más.



8. Quienes son ahora verdaderamente libres son estas personas. Más personas que se unen a la carrera. Más gente, más ruido, más gritos. Gritos por detrás. Miradas desde arriba. Carreras por delante. Me tocan por todos lados. Sigo corriendo y el sudor ya es ácido. Hay periódicos en el suelo y lucho por no resbalar.



9. Caigo y me levanto. Creo que ya no soy yo quien corre. Es la inercia la que corre. Cada segundo dura minutos. Más manchas rojas y blancas se cruzan ante mí. Cada vez más desdibujadas. Oigo, pero no escucho. Me siento violado.

10. Muchos más hombres de los que puedo contar están utilizando mi cuerpo.

11. Esto no lo hacen por mí, lo hacen por ellos. Aunque sí me necesitan a mí. Para su diversión, para su vacío.

12. La sensación de libertad que se abrió con la puerta ya no existe. Me avergüenzo incluso de haberla sentido.

13. Sigo corriendo, sin fuerzas, como si mi físico pudiera cambiar algo. Sé que mi única resistencia, mi única victoria posible es desaparecer. Quiero volver a estar solo. Quiero ser yo otra vez. Quiero silencio.

14. Atravieso otra puerta abierta. Vuelve la arena. Vuelve el sudor. Frío, esta vez.

15. Me siento culpable de lo que ha ocurrido.

16. Vuelve el silencio y con él la vida. Sé que ha sido todo una pesadilla.

17. Estoy seguro de que ya ha pasado lo peor.

18. Viva San Fermín.


Cuando la diversión de uno implica sufrimiento de otro, tiene más de violación que de fiesta








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