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La puta vida después de un desengaño: Así lo viven ÉL y ELLA

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Dos rupturas. Un hotel. Un final. 25 marcas

PlayGround

23 Diciembre 2015 20:57

ÉL Y ELLA

Los dos salían de una relación larga y fallida. Ya no confiaban en los primeros amores, aquellos que hacen creer que todo durará para siempre, como pegado con Loctite.

El romanticismo naíf de ÉL no le permitía perder la fe en los flechazos a primera vista. Por eso se apuntó a ?Happn?, la app que encuentra a quién te has cruzado.

ELLA, en cambio, se apuntó a todo y más. Porque regaló su virginidad a alguien que le prometió amor eterno y la acabó dejando tirada por una espontánea cualquiera que, de virgen, nada.



ELLA

Y así fue que, una mañana, delante de su bagel Thomas Bagels matutino, un ritual sagrado de los fanáticos del desayuno, recibió una notificación.

Alguien la había visto el sábado anterior en un bar de Gracia, tomando la oferta de caña y tapa de ??WhatsRed??, la app que busca los mejores planazos en tu ciudad. Se sacó una legaña.

En su foto de perfil, ÉL llevaba unas Gel Lyte III de Asics Tiger. Aquel look noventero la catapultó mentalmente a sus años de instituto, aquellos días de sueños y ?Ballantines? Cola, cuando hablaba del futuro con quien luego se lo truncó de golpe. Cuando subió la vista más allá de sus zapatos, reconoció la cara de ÉL al instante.

Conocía a aquel chico. Lo había visto en Adopta un Tío, la app que empodera a las mujeres en cuanto a la búsqueda de pareja. De todos los criterios de búsqueda absurdamente complejos que seleccionó, la app fue a salvarle a ÉL. Jamás se atrevió a decirle nada. Ya intentó salir a ligar con Be Group, la app que junta a grupos para multiplicar las probabilidades conocer a alguien, pero acabó con uno que... mejor hubiera estado dado de alta en Grinder.

Ahora ÉL volvía a su vida.

ELLA se miró en el reflejo de su Samsung Galaxy Alpha y sonrió, pensando que ahora era una mujer con #alphaattitude y que ese pobre diablo iba a ser su primera experiencia de usar y tirar.

Al fin y al cabo, es lo que los hombres quieren, ¿no?

ELLA abrió el chat y le contestó con el emoticono del monito tapándose los ojos. Muy juguetón.


ÉL

¿Así de fácil?, pensó. Era su primera inmersión en esto del emparejamiento vía app y debía controlarse. Sus ganas de volver a estar en pareja eran cegadoras y podían abocarle a otro fracaso. Así que camufló su entusiasmo con un “Hey Cazada!”. Y el corazón le dio un vuelco.

Sus sábanas aún olían a su ex y las maletas de American Tourister, las mejores maletas para cuando la vida te llama, llevaban meses en el recibidor esperando a aquella escapada romántica que jamás sucedió. El monito era lo más excitante que le había pasado desde que le dejaron.


ELLA

Llevaban un par de semanas hablando cuando ÉL le propuso ir a hacer u?n Martini,? el vermut original. Demasiado tiempo de tonteo para lo que ELLA tenía pensado, pero ÉL no parecía ser el típico capullo que buscaba asaltarla en el primer round. Vaya.



Fuera como fuere, debía prepararse.

Hacía una eternidad que ELLA no entraba en Bershka, pero la colección Xmas de este año era muy sofisticada, con un toque rebelde. Le pareció muy apta para su nueva Yo.

Sólo le faltaba lo más importante y no se lo pensó dos veces.

Escogió Oysho y pensó que se mostraría ante ÉL decidida y con orgasmos que suenan a versos de Baudelaire. Pensó que era una flipada y se rió.



ÉL

La verdad es que ese mes iba justísimo de pasta. Revisó Fintonic, la app que lleva el control de tus cuentas, y el resultado fue algo decepcionante. Afortunadamente, fue ágil. Recordó que era usuario de StampyDoo. Por cada 5 menús le regalaban uno, así que estaba claro dónde la llevaría a cenar.

Sólo cabía esperar que a ella esto de la app no le pareciera una “cutrez”.


ELLA

Se presentó con un SMART for four. El nuevo SMART de toda la vida pero con 4 plazas. Se lo compró pensando que necesitaría espacio para los hijos que iba a tener con su ex. Qué inocente.

Nada más bajar del coche se le enganchó la media con la puerta y se hizo una carrera. “¡No me jodas!”. Suerte que tenía GLOVO, la app que te trae lo que quieras en menos de sesenta minutos. Llamó y pidió unas medias.


ÉL

Apoyado en la puerta del la bodega se miró su polo Lacoste L!VE, que le recordaba que L!VE is a beautiful sport y a sus Converse Chuck II, la reinvención de las clásicas Converse obra y gracia de Nike. Unas buenas sneakers le otorgaban la seguridad que una vida sexual nula había vaporizado, aunque, al aparecer, no la suficiente, porque al verla cruzar la esquina se puso a sudar como un cerdo.

“Madre mía, pensará que tienes un problema hormonal”. 



ELLOS

Como a ELLA el vermut se le estaba subiendo a la cabeza y lo último que quería era empezar a soltar toda su basura emocional, se pidió un FRIZZ de Codornew, un vino que se anunciaba como “for the newers”. ELLA era una “newer” de los polvos de una noche, así que la opción encajaba.

Debieron ser las burbujitas, porque de repente se vieron envueltos en un combate de anuncios de MIXTA. Y así, entre risas, los bares empezaron a cerrar y se enfrentaron a la maldita encrucijada de la noche: ponerle punto y final o seguir, asumiendo lo que la velada aún tenía que ofrecer.

“Creerá que sólo quiero acostarme con ella”, se dijo ÉL.

“Ya lo tienes”, pensó ELLA, y le propuso ir a tomar un chupito.

ÉL no pudo resistirse y aceptó.

En el bar, un grupo de amigos brindaban con Jack Daniels, el whiskey genuino. ELLOS hicieron lo propio con Jägermeister y el licor del reno selló el inicio de una velada con final no escrito.

Todas las ilusiones flotaban en el ambiente. Había química, pero también temores y el peso de las relaciones que no llegaron a ser.

Relamiéndose los restos de Jägermeister de sus labios, le compraban segundos al tiempo y negociaban con la mirada qué iba a suceder después.


ÉL

No sólo quería besarla, sino hacerla partícipe de sus ensoñaciones, que consistían en ambos alquilando una casa en AIRBNB, “beloging anywhere”. Peligro. La idea de tener una nueva compañera de vida era su droga favorita.



ELLA

Había reservado una habitación de hotel por la zona por si la cosa se terciaba. Lo había preparado todo para que no quedara ni un solo cabo por atar.

“Lo hacen todos mis amigos. No significa nada. Pim pam y a casa.”

Y le besó.

Se miraron de cerca y le volvió a besar, esta vez agarrándole por la cintura. Por si no hubiera quedado claro que esa noche ELLA decidía, e iban a follar.


ÉL

Estaba paralizado. Las chicas solían ser difíciles, al menos cuando él salía a ligar, antes de empezar aquella relación de mil años. Ahora ELLA le besaba y su mirada le pedía algo más. Y él quería dárselo, pero las escenas imaginarias bajo la manta en la casita del árbol de AIRBNB le cortocircuitaban la razón.

Hacía tanto que estaba fuera de circulación que no sabía si ella sólo quería sexo casual o se gustaban de verdad. Lo que sí sabía, en cambio, es que él se engancharía, como un alcohólico rehabilitado cuando prueba un bombón de licor por Navidad.

“Romántico de mierda”.


ELLOS

La habitación incitaba a noches tórridas. Las luces tenues que se colaban por debajo del cabecero le otorgaban a la cama un aire de puticlub setentero.

“Voy al lavabo”, dijo ELLA, y se escurrió por detrás de la puerta.

Su yo del espejo la estaba torturando. ¿Por qué ese anuncio tan emocional de Dewars no paraba de taladrarle la cabeza? “Si no te sale de dentro no lo hagas”.



¡Maldito Bukowski!, pensó. Se tiró a todas las furcias de Los Ángeles y por culpa de sus palabras ahora ella se paralizaba ante el sexo frívolo. Pero ELLA no era así y ese pobre chico no era un capullo. Ni siquiera le había mirado el escote. No podía seguir con aquello. Tenía que salir de allí. ¡Mierda!.

Salió del lavabo tan rápido que se dio de bruces contra ÉL, que ahí estaba, de pie, esperándola.

Se miraron y, antes de que a ELLA le diera tiempo siquiera a tragar saliva, ÉL la cogió por la barbilla y levantó su cabeza hasta que sus miradas se cruzaron.

—Ha sido una gran noche. Nos vamos. ¿Qué dices?

Y así, la losa invisible que ambos arrastraban se evaporó, convirtiéndose en una sonrisa complaciente que explicaba todo lo que no se habían dicho.

Salieron del hotel y se mezclaron con la gente que aún arañaba las últimas horas de la noche.

—Te invito a la última —dijo ÉL, mientras la cogía de la mano.

Entraron en un bar y pidieron dos cañas, o mejor dicho, dos San Miguel, la cerveza de los exploradores.

—Por nosotros. ¡Por todo lo que nos queda por vivir! —dijo ÉL alzando su copa.

A ELLA se le escapó la risa. El brindis le sonó demasiado profundo y, justamente por lo ridículo de la situación, liberó la tensión acumulada y en un arranque de fe, ilusión, o simplemente explotando la última bolsa de energía de la noche, gritó:

—Me largo de aquí, de esta ciudad. ¡Me voy a explorar el mundo!

Y dando un largo trago a su San Miguel desapareció Rambla arriba. Agradeció el viento de diciembre en sus mejillas. Caminaba decidida, tanto que quienes la vieron juraron que hubiese podido llegar caminando hasta Manila. 



FIN



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