Ficciones

Los mendigos no existen; todo forma parte de un plan secreto

¿Y si el mendigo que duerme en la puerta del banco formara parte de un plan secreto?

23 de septiembre de 2035

De lunes a viernes, la sirena suena sin falta a las siete en punto. Para entonces yo ya estoy despierto pero permanezco en la cama con los ojos cerrados porque tengo estipuladas ocho horas de sueño al día por contrato. Luego un cuarto de hora de aseo personal, veinte minutos para desayunar y treinta para desplazarme hasta el trabajo.

Todo ha sido calculado y diseñado por un peritaje profesional del tiempo para sacarle el mayor rendimiento posible al día. Está todo en el contrato, ellos lo llaman “exprimir el día”. Unos sensores repartidos por la casa se cercioran y dan parte de que cada minuto estoy donde se supone que tengo que estar para dar lo mejor de mí.

Tengo estipuladas por contrato 8 horas de sueño

Cuando este sistema empezó a funcionar hace 20 años, todo el mundo puso el grito en el cielo, pero entonces el hambre se acabó, volvieron las hipotecas, los coches nuevos, las segundas residencias a la orilla del mar y, sobre todo, la seguridad económica...

El sistema funciona. Hace más de 10 años que cuando suena la sirena por las mañanas ya no me retuerzo en la cama deseando que sea sábado. Simplemente, me levanto y lo hago.

13 de octubre de 2035

Últimamente he estado fallando, tengo que concentrarme. Todo empezó con una simple foto. Mario estaba jugando en el desván cuando tiró la caja y todos nuestros recuerdos se esparcieron por el suelo: aquel verano recorriendo el país en bici, las mañanas en las que no íbamos a clase y nos quedábamos en la cama, las noches jugando y hablando hasta que se hacía de día... Los sensores han estado pitando desde entonces y no me puedo permitir otro parte.

Si no estoy donde tengo que estar, pitan los sensores

Estoy preocupado. Ayer apareció un vagabundo en el banco que hay delante de casa. Parece haberse instalado ahí. Verlo durmiendo tan plácidamente en el momento en el que yo acumulaba cinco minutos de retraso otra vez estuvo a punto de hacerme sentir envidia. Pero entonces el miedo se apoderó de mí. Hacía tiempo que no veía un sintecho y me hizo plantearme que, si me descuido, yo también podría acabar convirtiéndome en uno de ellos.

Soy un privilegiado, que no se me olvide.

21 de diciembre de 2041

¿Soy yo o cada vez hay más mendigos pidiendo en la calle? Cuando lo comento con la gente parezco ser el único que los ve. Al fin y al cabo vivimos en el país con menos paro del mundo pero no son fantasmas, son humanos de carne y hueso y yo no dejo de encontrármelos, es imposible que sea el único que se ha dado cuenta... No lo entiendo. Solo sé que su presencia me molesta. No me gusta pensar que el futuro es incierto y ellos me lo recuerdan a cada paso.

Los mendigos son incertidumbre con respecto a mi propio futuro

Aunque, el otro día me pasó algo muy extraño. Tomé el desvío que no debía y acabé pasando por un tramo de la ciudad bastante alejado del entorno por el que me muevo habitualmente. La cosa es que estaba parado en un semáforo cuando juraría que vi pasar al mendigo que se pone delante de mi casa. Iba perfectamente aseado, vestido y llevaba unas bolsas de la compra junto a una mujer que empujaba un carrito con un bebé pequeño. Cruzaron el semáforo y vi claramente que no eran mendigos. Como mínimo, eran clase media. Aunque tampoco puedo afirmar a ciencia cierta que fuera él...

12 de enero de 2042

He estado pensando. Bueno, en realidad no he podido dejar de darle vueltas. Todas las mañanas me acerco y le dejo unas monedas o le doy algo de comer, todo con la excusa de verlo de cerca y ganarme su confianza. Le he intentado hacer preguntas sobre su vida pero se hace el borracho. Sé que solo se lo hace porque el aliento le huele a pasta de dientes. A veces tengo la sensación de que no ha pasado toda la noche allí tumbado y que acaba de llegar. Como si estar allí fuera su trabajo.

Se hace el borracho pero el aliento le huele a menta

Me obsesiona esa idea. El otro día me salté el aseo personal para salir de casa antes de tiempo y el banco estaba vacío. Me escondí en la portería y justo cinco minutos antes de la hora en la que está estipulado que tengo que salir, llegó él y se acostó en el banco.

También me he estado fijando en los demás y, cada vez más, todo me ha parecido un decorado. Creo que estoy perdiendo el control.

28 de febrero de 2042

Hoy el jefe me ha llamado a su despacho y me ha puesto delante el gráfico de todas las faltas que he estado cometiendo durante los últimos meses. Todas las noches en las que me he acostado después de que haya sonado la alarma, las semanas en las que el podómetro no ha marcado todos los pasos que tiene que marcar, mis constantes vitales como una montaña rusa...

Mi productividad está por los suelos y yo despedido.

Para poder seguir el ritmo: no pienses, no sientas

—Sin embargo ha seguido diciéndome él no te vas a quedar en la calle, al menos no del todo. Estás teniendo sentimientos, sueños y obsesiones que no te hacen apto para formar parte del alto nivel de competencia del sistema laboral actual. Pero te vamos a derivar al plan nacional de prevención de desempleo para que puedas seguir ganándote la vida.

»A partir de ahora, quieras o no, formas parte de un secreto de estado. Desde este momento, eres un falso vagabundo con la misión de meter miedo a gente como tú para que no se salga del redil y sigan rindiendo al máximo.

»Nosotros ya no podemos ayudarte.

No es paranoia si de verdad te persiguen

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