PlayGround utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de navegación. Si sigues navegando entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

C
left
left

Lit

Maquillaje, selfies y antidepresivos: cuando tu hija se parece peligrosamente a ti

H

 

¿Y si tu hija fuera de verdad como tú?

Ignacio Pato

24 Julio 2015 06:00

—Mi princesa. Es preciosa desde que nació.

—¿Cuántos años tiene ahora?

—Once. Siempre he querido lo mejor para ella. Que no fuera una niña más. Porque no es una niña más. Ella es dulce, guapa, inteligente...

—¿Dirías que os parecéis?

—Bueno... sí y no. Yo no era así a su edad. Creo que era más tonta, más ingenua. No tan guapa tampoco. Bueno, entiéndame, no es que me haya parado a pensar si mi hija es más guapa que yo o no.

—¿Alguna vez te has comparado con ella?

—No. Eso sería horrible, ¿no? Ella es ella y yo soy yo. Ella tiene toda la vida por delante, le faltan por vivir muchas cosas bonitas.

—¿Como por ejemplo?

—Pues el cosquilleo que sentirá cuando el chico que le gusta le deje un bolígrafo en clase. Su primer beso. Su primer novio. Yo siempre he intentado conseguir al chico que me ha gustado. Aunque no siempre lo haya conseguido, o si lo he hecho haya salido mal... Como con su padre, si es que se le puede llamar así a ese indeseable.

—¿Crees que tu hija gustará a los chicos?

—Ya lo está haciendo. Tiene locos a los niños de su clase. Es preciosa. Más que yo a su edad. Es como yo, pero mejor. Como si fuera una especie de actualización. Un poco como lo de Darwin. Tiene todo para ser feliz.

—¿Cómo era ella de pequeña?

—Buf, un torbellino. No paraba un minuto. Me sacaba una energía de dentro que nunca había sentido. Aunque me sintiera deprimida, jugar con ella era como una droga para mí. Su risa es contagiosa. Y esa sonrisa... Me mantenía viva.

—¿Cuál era vuestro juego favorito?

—Le gustaba mucho bailar. Yo ponía una canción y bailaba y le retaba a que hiciera los mismos movimientos que yo. También jugábamos al juego del espejo. Se podía pasar horas imitándome. Pero sobre todo le encantaba que la maquillase, la vistiese y la sacase fotos. "Como mamá", decía.

—¿A ella le gustaba eso?

—¡Le encantaba! Ella alucinaba cuando se veía en el móvil y en el ordenador.

—"Como mamá".

—Sí. Es que era como yo. Como si yo tuviera 24 años menos. Estaba preciosa.

—¿Y a tí te gustaba?

—Bueno, fui yo la que me inventé ese juego un día. Estuve maquillándola, peinándola y vistiéndola más de una hora. Le pareció un rollo, pero al final cuando vio las fotos en Internet... tendrías que ver qué sonrisa.

—¿Colgabas las fotos en Internet?

—Claro. En Facebook. Y en Instagram. A la gente le encantaban. Las fotos que subía de las dos juntas le gustaban más a la gente que las que subía yo sola. Es normal, ¿no? ¿Cómo no van a gustarles? Una madre y una hija unidas. La gente normal queremos que nuestros amigos sepan que estamos contentos. Porque yo soy una persona normal. Usted, como psicóloga, debería saberlo después de un año viniendo a su consulta.

—¿Te sentías contenta?

—Me sentía cerca de mi hija. Supongo que eso es para estar contenta. ¿Cuántas madres hay que tienen una hija que no tiene nada que ver con ellas? Fuimos jugando cada vez más a eso. Creo que nos hacía sentirnos unidas. Cada vez más juntas, una madre y su hija. Jugando y sonriendo.

Cada vez más parecidas.

—Las primeras veces me costaba que se estuviera quieta. Me decía que quería jugar a otra cosa. Que se aburría. Que había que estar ahí parada mucho rato. Pero en cuanto se miraba al espejo, siempre decía lo mismo. "Como mamá". Y me pedía que pusiera la foto en "el ordenador". Qué rica. Se refería a Facebook o Instagram. Al cabo de cuatro o cinco veces ya fue ella misma la que me pidió "ponme como tú, mamá".

—¿En algún momento pensaste que tu hija quería parecerse tanto a ti?

—No. Bueno... No lo sé. 

—¿Cómo se encuentra ella ahora mismo?

—Está mejor, salió la semana pasada del hospital. Tuvieron que hacerle un lavado. No sé cómo pudo pasar. Creo que me ha debido ver tomar esos antidepresivos cada día. Pero yo no tengo 11 años. Ni todo por delante. Ni soy tan guapa. Y me siento muy sola.

—Bueno. Al final quizá has conseguido que ella sea exactamente como tú.


Como mamá




share