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Mi madre es una yonqui de Internet, y me ha destrozado la vida

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¿Y si las redes sociales también son una droga? Esta ficción en primera persona es una muestra de ello

Luna Miguel

12 Junio 2015 09:46

Asunto: “Adicción a las redes sociales”

Por: Estrella94

10:45

Mi madre ha desarrollado una adicción muy preocupante a las redes sociales.

Todo empezó cuando mi padre y yo le regalamos un móvil nuevo, uno de esos a los que ella llamaba “máquinas del diablo” porque hacían que tanto papá como mis hermanos o yo no levantáramos jamás la cabeza en reuniones familiares.

"¡Dejad esas máquinas del diablo!", nos decía, y nosotros nos reíamos y nos enviábamos emojis divertidos y bromas para hacerla enfurecer un poquito más.

De todos, yo soy la mayor, así que cuando me fui de casa para estudiar mi padre decidió que lo mejor sería que le regaláramos un teléfono con el que pudiera mantener el contacto conmigo a todas horas.


La familia debería estar para ayudarse



Al principio me pareció una idea genial, pero en poco tiempo comencé a lamentarme.

Mis primeros meses en la capital fueron geniales, hice muchos amigos y disfruté mucho de la beca que el Estado me había concedido para estudiar fuera de mi ciudad de provincias.


De pronto mi madre estaba en todas partes



Todo era perfecto, si no fuera por que de vez en cuando mi madre se volvía loca por Whatsapp, o me mandaba mensajes preguntándome quiénes eran los chicos y chicas que salían en mis fotos.

Poco a poco, mi madre empezó a meterse en todas las redes sociales en las que yo estaba registrada tanto con mi nombre como con mi seudónimo.

Jamás me dijo cómo logró encontrar mi cuenta de Instagram, pero estoy segura de que estuvo más de un día intentándolo y repasando todas las fotos de mis amigos hasta dar conmigo.

Fotos de fiestas, salidas nocturnas, mensajes que seguramente ningún hijo en su sano juicio querría que su familia encontrara… y allí estaba yo, a mis 22 años, dando explicaciones por Skype de por qué no les había dicho que tenía novio, o que hacía unos meses había enfermado, o incluso de aquella excursión express que hice a Barcelona para ver un concierto.


Me sentía espiada



"¡Para qué voy a contártelo todo!", le grité a mi madre. "¡Si ya estás tú para cotillearlo como una enferma! ¿Es que no tienes nada mejor que hacer?".

Reconozco que me pasé tres pueblos diciendo eso.

Cerré la aplicación furiosa, y me apresuré a borrar a mi madre de todas las redes sociales a las que me había agregado, e incluso llegué a bloquearla en otras.

Casi no había bloqueado a nadie en mi vida, quizá a algún pesado de esos que intentan ligar por el chat de Facebook a las tantas de la mañana, pero a nadie más.

Empecé a sentir pena por mi madre y por todo lo que le había dicho.

La verdad es que yo tenía razón: tristemente y por circunstancias de la vida mi madre no tiene nada mejor que hacer que la comida y la cena para mis dos hermanos y para mi padre.

Ya ni siquiera tiene que sacar al perro, porque se nos murió el año pasado, y la casa la limpia una señora.


Creo que con su comportamiento intenta parecer más joven



Su vida, ahora, se resume en horas y horas de espiar a sus antiguas compañeras de colegio, a sus hijos, a sus primos, a los famosos que sigue en Twitter y de los que habla como si fueran sus amigos sólo porque le han dado un par de likes y le han agradecido sus comentarios de ánimo.

Hacía tiempo que no hablaba con ella, pero mi hermano pequeño me informó de que últimamente la notan muy cambiada.

El otro día se compró una tablet para “verlo todo mejor” y ahora le ha dado por apoyar a todos los crowfundings que se le cruzan, inscribirse a todas las newsletters de marcas, quejarse a sus correspondientes communities de si el yogur le ha salido malo o de si el último anuncio no le ha gustado.


Pasó algo que me dejó helada



Además de hacer todas estas cosas, de gastar dinero inútil en la red y de stalkear a gente que no conoce, mi padre me ha llamado recientemente para contarme que desde que la borré de mis redes está muy deprimida, y que amenaza con venir a Madrid a pedirme perdón en persona.

Para ahorrarles el viaje, le dije que no, que prefería hablar con ella por teléfono, y que me la pasara.

Ya habían pasado semanas desde nuestro enfado, y la verdad es que yo me sentía mal por mi decisión.

Cuando nos pusimos a hablar, las dos lloramos, y no fue difícil llegar a una reconciliación.

Sin embargo, cuando estábamos a punto de colgar pasó algo que me dejó helada.

"Qué ganas tengo de verte, cariño, y qué bien te sienta ese vestido blanco nuevo".

Estuve a punto de pasar por alto estas palabras cuando de pronto caí en la cuenta de que era prácticamente imposible que lo hubiera visto. ¡Sólo lo había subido a mi blindadísima cuenta de Instagram!

Le dije que ni se le ocurriera colgar, y le pedí que me explicara cómo había logrado ver mis fotos.

Mi madre no había entrado a los teléfonos de mis hermanos.

Mi madre no se había hecho pasar por otra persona para poder agregarme.

Lo que mi madre hizo fue mucho peor.

Superó mi paciencia


"He… he… descubierto tus contraseñas y he estado revisando algunas de tus redes estos últimos días, pero sólo porque te echo de menos, mi vida…", titubeó.

Me quedé tan horrorizada que no sabía qué hacer.

Cuando un novio celoso se mete en tus mensajes del móvil y tú le pillas, lo más comúnmente aceptado es que le puedas dejar por celoso y por imbécil.

Pero cuando tu madre te ataca con lo mismo, ¿qué puedes hacer?

He pedido a mi padre que la mande a un psicólogo, o que quite Internet de casa, o que haga cualquier cosa para que esto se solucione.

Es una yonqui de Internet, nos está destrozando la vida, y lo que es peor, se la está destrozando a sí misma.

¿Alguno de vosotros ha vivido una experiencia parecida?

¿Podéis ayudarnos?


¿Qué va a pasarnos ahora?





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