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Carta de una Barbie cabreada a sus antiguos dueños

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Ahora todos quieren muñecas nuevas, menos sexistas, menos rubias, sin tacones... pero la Barbie, ¿se va a quedar de brazos cruzados?

Luna Miguel

11 Junio 2015 06:00

—Imágenes de Mariel Clayton

No me extraña que os vaya tan mal: sois unos hipócritas.

Primero me creáis, me vendéis, me adoráis. Después me tiráis a la basura.

No me estoy refiriendo solamente a mi pobre dueña —una niña tonta que durante toda su infancia imploraba ser como yo pero que de adolescente me guardó en un cajón—. Me estoy refiriendo a todos vosotros.

Durante años me tuvisteis en un pedestal, yo era el modelo de mujer independiente, hermosa; creé mi propio canon y mi propio mundo en el que Ken era un segundón y en el que lo único que importaba era lo que yo quisiera.

De pronto, empezasteis a decir que mi ejemplo era malo.

Que mi feminidad era tóxica.

Que mi delgadez era un insulto para las miles de niñas que a diario me vestían, me montaban en pony o me metían con ellas en sus camas, porque, admitámoslo, yo era su mejor y su única amiga.

La palabra Barbie empezó a daros asco: canciones que me criticaban, humanas que se operaban para parecerse a mí, escándalos y reivindicaciones para una educación menos sexista

Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza.

Pero el hombre hizo a la Barbie a su deseo y añoranza.

Soy todo lo que queréis.

Soy esa vida perfecta que todos deseáis.

Soy el sueño de tantas generaciones y de tantas mentes infantiles e imaginativas que jamás me vieron como su enemiga, hasta que vosotros me pusisteis esta metralleta en las manos.

Tengo cuernos, tengo rabo de diablo, tengo todo lo que ahora odiáis.

Y digo todo esto porque, al contrario que vosotros, yo sé lo que se siente al tener el corazón roto.

Sé lo que se siente cuando de pronto una sociedad celebra que las nuevas muñecas serán fabricadas con los pies planos (¡adiós a la represión de los tacones!), o que por fin estamos más cerca del hundimiento de la Barbie tal y como la conocíamos.

Mi corazón de plástico late acelerado.

Mi cerebro se derrite de solo pensarlo.

Mis lágrimas, azules como hilos una plastilina, tratan de convertir toda esta tristeza en rabia, toda esta rabia en violencia, y toda esta violencia en mi perfecta venganza.


¿Estáis preparados, cabrones?



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