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Las historias de amor más tristes dan hambre

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No podían decirse que se querían, pero ambos se habían dado cuenta de lo que significaba aquel amor #trípticodelhambre

Luna Miguel

18 Septiembre 2015 06:00

—Imagen de Torbjørn Rødland


Él era su profesor de inglés.

Ella era su alumna.

Él no era guapo, no era joven, ni siquiera era apuesto.

Ella tenía los labios rosas, los ojos grandes, la mente perdida.

Él llevaba canciones antiguas para analizar en clase.

Ella sentía pasión por algunos de los grupos que escuchaban.

Él estaba casado, acababa de tener una hija.

Ella era virgen, nunca se había enamorado.

Él la llamó a ella a una tutoría rutinaria.

Ella llegó al despacho con una camiseta del grupo favorito de él.

Él miró sus labios rosas y se sintió avergonzado de desearlos.

Ella no entendía por qué le ponía tan nerviosa estar allí.

Él dejó un par de discos a su alumna.

Ella no podía dejar de escuchar la música antigua de su profesor.

Él pensaba en ella cuando volvía a casa.

Ella escribía canciones sobre su relación con él.

Él sabía que no podía hacer nada.

Ella sabía que nunca pasaría nada.

Él la miraba hablar con sus amigas en los recreos.

Ella le esperaba a la salida de clase cada día para charlar un rato.

Él se ponía nervioso.

Ella quería contarle sus sentimientos.

Él se mordía los labios para no usarlos.

Ella abría los ojos como pidiendo esa palabra que él no podía pronunciar.

Él miraba el reloj y se daba cuenta de que tenía que volver a comer a casa.

Ella no sentía hambre cuando estaba a su lado.

Él se reía cuando a ella le sonaba la tripa.

Ella se reía cuando a él le sonaba también.

Él pensaba que todo lo que no podía decirle a ella lo decían sus estómagos.

Ella imaginaba que los rugidos eran palabras de amor.

Él dejaba que su cuerpo dijera lo que su mente le prohibía.

Ella se marchaba a casa cada tarde después de dedicarle a él un triste adiós.

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