PlayGround utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de navegación. Si sigues navegando entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

C
left
left

Lit

Me equivoqué de conversación en Whatsapp y la vida me cambió

H

 

Todo cambia con un solo mensaje de Whatsapp

María Yuste

08 Julio 2015 12:07

Imágenes de Arvida Byström

Todas las parejas felices se parecen, sin embargo, las desgraciadas lo son cada una a su manera. Mi novio y yo somos muy felices así que supongo que debemos de parecernos a tantas otras alrededor del mundo. O al menos hasta ayer mismo debíamos de parecernos, cuando todo iba sobre ruedas… hasta que me entró hambre y abrí Whatsapp.

1. La tragedia

Se acercaba la hora de salir. El tecleo frenético en la oficina había empezado a disminuir y, de repente, me había dado un antojo brutal de comida japonesa. Sin embargo, la última vez ya había sido yo la encargada de elegir dónde íbamos a cenar y ahora le tocaba a él.


Tenía antojo de comida japonesa y le mandé un Whatsapp a mi novio



Cogí el móvil y le mandé un Whatsapp:

“¿Dónde cenamos esta noche?”

Sabía que él no era muy fan del sushi pero, mientras esperaba respuesta, se me ocurrió que podía convencerlo... Tenía ya el móvil entre las manos, dispuesta a exagerar mi larga y dura jornada laboral, cuando la realidad se convirtió en una pesadilla:

La última conversación que aparecía en la lista no era con “Amor”, sino con “Amador”, el compañero de trabajo de mi novio.


No había estado hablando con "Amor" sino con "Amador"


Un golpe de calor me recorrió el cuerpo extendiéndose lentamente de mi cabeza a los pies: acababa de escribirle al compañero de trabajo de mi novio un mensaje que en realidad solo tenía que leer mi pareja. El calor se intensificó al ver aquellas dos rayas grises volverse azules delante de mis ojos



¡Ay, Dios mío! No solo habían pasado ya dos minutos desde que había enviado equivocadamente aquel mensaje sino que ¡¡¡¡ahora Amador estaba viendo que yo estaba en linea y no había rectificado!!!! Empecé a sudar a pesar de que en la oficina teníamos el aire acondicionado en modo congelador industrial. Pero ya era demasiado tarde para decir nada: Amador estaba “escribiendo"…


“Donde tú quieras”

“Hace tiempo que no nos vemos”

“Así nos ponemos al día”


Su respuesta me sorprendió. No solo por la naturalidad con la que se lo había tomado sino porque nosotros no eramos más que un par de conocidos que habían compartido alguna cena de navidad y alguna que otra cerveza de viernes después del trabajo.


Amador quería verme aunque no eramos más que un par de conocidos



Estaba a punto de darle largas con alguna excusa para salir del paso cuando me llegó otro mensaje, esta vez de mi novio:

Cari, hoy no puedo cenar contigo. Tengo reunión hasta tarde. Lo siento mucho :(“

Aquello me hizo replantearme las cosas. Al fin y al cabo no hay nada más deprimente que comer solo.

Le escribí a Amador:

“¿Te hace un japonés?”


2. La no-cita 



Hay algo que no he contado sobre Amador y es que para mí él es una de una de esas personas por las que uno siente una atracción dormida. Alguien con quien sabes que si no tuvieras pareja te gustaría tener una cita y ver qué pasa.


Me fui a un japonés con Amador pero no era una cita



Aunque aquello no era una cita. Bajo ningún concepto. Solo era una inocente reunión de dos personas con un gusto afín por la sopa de miso. Dos seres humanos que no querían cenar solas porque ya se sabe que en cuanto uno se sienta solo en una mesa, se le quita el hambre de golpe.

O al menos, de eso trataba yo de convencerme.

Sin embargo, me sentía nerviosa como uno se siente nervioso en una primera cita. Hacía tanto tiempo que no quedaba a solas con un hombre que no fuera ni mi novio, ni hermano... Además, al contrario de lo que pueda parecer lógico, el hecho de que la cena transcurriera con tanta normalidad y tranquilidad incrementaba mi nerviosismo.


Me hablaba muy bien de mi chico y aquello lo hacía a él más sexy



Amador me contaba historias de la oficina y siempre me hablaba muy bien de mi chico. Se interesaba genuinamente por el estado de nuestra relación y los preparativos de la boda y, no acabo de entender por qué, aquello hacía que pareciera terriblemente sexy.

Vale, me da vergüenza reconocerlo, pero hay otra cosa que no he contado y es que, antes de llegar al restaurante, había entrado a una tienda de cosméticos fingiendo querer comprar maquillaje para que me maquillaran gratis. Quería esconder un poco mis ojeras y cara de cansancio. Pero también lo habría hecho si hubiera quedado con una amiga a la que hace tiempo que no veo. Creo.


Me maquillé para ir a la cena y quiero pensar que también lo habría hecho con una amiga



3. Culpa nocturna

Cuando llegué a casa, mi novio aún no había vuelto. ¡Menos mal! No me apetecía verle, me sentía rara y algo culpable. Aunque, ¿por qué? Si no había hecho nada malo... Como mucho, ocultarle información. Pero eso no cuenta, ¿no?

Me desmaquillé lo más deprisa que es humanamente posible y me di una ducha a contrarreloj. Estaba ya terminando de ponerme el pijama cuando escuché abrirse la puerta del ascensor y un tintineo familiar de llaves acercándose hacia nuestro piso... ¡Era él!


Aunque no había hecho nada, me sentía culpable y no quería hablar con mi novio



Apagué corriendo todas las luces de la casa y me tiré sobre la cama, consiguiendo cerrar los ojos justo al mismo tiempo que la puerta del piso se abría y lo oía entrar.

Genial, había colado. Lo escuchaba moverse por toda la casa intentando no hacer mucho ruido. Así que, cuando se le cayó un vaso al suelo, decidí ignorarlo. De normal me cuesta mucho quedarme dormida y me despierto al paso de una mosca, pero mi sueño ficticio es muy profundo.


Fingí estar profundamente dormida para no tener que hablar



Sin embargo, no contaba con que cuando se acostara a mi lado en la cama se fuera a pegar a mí con ganas de hacer la cucharita... Como quien no quiere la cosa, de estar profundamente dormida, me desperté con unas repentinas ganas locas de leer:

“Mañana hablamos, amor, que es que la novela está muy interesante”

Y me fui al salón.

Sencillamente, el contacto físico con él me incomodaba.


4. Dudas



A veces, después de dormir, parece como si las cosas que te pasaron el día anterior le hubieran pasado a otra persona. Yo tenía la esperanza de que ese fuera mi caso, pero no ha sido así... Cuando he abierto los ojos, esta culpa extraña seguía aquí tal y como la había dejado anoche. Así como el recuerdo de la sonrisa perfecta de aparato dental de Amador.


Al día siguiente, la culpa seguía allí



Por suerte, entro a trabajar antes que mi novio y he podido escaquearme de casa sin tener que hablar con él pero, en cuanto se ha despertado, me ha enviado un Whatsapp:


“Anoche estabas muy rara”

“Estás enfadada, ¿verdad?”

“Siento haberte dejado tirada”

“Fue culpa de Amador”

“Le salió un plan repentino para cenar con una chica que le gusta mucho

“Y me pidió sustituirle”

“Te lo compensaré”


El corazón me dio un vuelco, ¡menudo gañán!

Pero qué gañán tan mono...

Y encima yo le gusto.

Y, por lo visto, mucho.

Ahora se acerca el mediodía y hay una pregunta que tengo que volver a hacer:

“¿Dónde comemos hoy?”

El problema es que no sé a quién enviársela.


La tentación vive en tu móvil



share