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Esta es la enfermedad que está destrozando a mi generación

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¿Y si las enfermedades del futuro se contagiaran por redes sociales?

Luna Miguel

19 Junio 2015 06:00

Me llamo Cris y nací en marzo de 2009, es decir, acabo de cumplir 17 años.

Mientras escribo esto me encuentro recostada en una cama del hospital.

Hoy es el primer día en el que me dejan tener cualquier tipo de aparato electrónico con el que comunicarme con el exterior, así que aprovecho para escribiros por aquí a todos y deciros que estoy mejor, que la crisis nerviosa se me ha pasado y que ya no tengo ganas de arrancarme la piel.

Los anteriores días, sin embargo, estuve realmente mal, tengo vendas por todas partes que curan mis autolesiones, y me han dejado conectada al oxígeno, porque temen que aún esté débil.

Los médicos no saben qué tengo exactamente, pero yo sí lo sé.



Lo sé porque mi novio también lo tiene, es una clase de rabia que no se trata con pastillas. 

Es una especie de angustia que lleva meses rondándonos a todos, y que ahora, por fin, ha hecho efecto en nuestros cuerpos.

Todo empezó cuando Jota, mi novio, me contó que una chica de su clase se había suicidado.

Me dijo que nadie se imaginaba por qué lo habría hecho: era una chica feliz, mona, que sacaba buenas notas y que vivía una vida aparentemente feliz.

Con el tiempo, se descubrió que aquella chica frecuentaba algunos foros y blogs en los que otras chicas compartían sus pensamientos depresivos, y contaban a nuevos miembros del grupo sus maneras de cortarse, de dañarse y de tentar a la muerte. 

No eran las únicas; Jota y yo ya nos habíamos dado cuenta de que otros amigos hacían cosas así.

De hecho, empecé a sospechar que él también se había contagiado por algunos retuits que encontré en su cuenta.

Me preocupé por él y fue entonces cuando mi temor por su salud se convirtió en mi propia angustia.

Era un sentimiento raro.

Como si me doliera estar viva.



Yo quería estar bien, pero cuanto más miraba las redes sociales más encontraba a otra gente absolutemente desolada, compartiendo estados patéticos.

Era como un virus silencioso.

Me hice adicta a esa sensación: saber que otros estaban tan mal como yo me reconfortaba.

?Era como si aquellos virus que antes se comían nuestros ordenadores ahora estuvieran engulléndonos. ?

No penséis que estoy loca, no exagero. Esta es la mayor epidemia que va a sufrir mi generación.

Os lo digo desde esta habitación de hospital después de varios días de calma, dándome cuenta de lo que realmente pasaba.

Pero conforme voy escribiendo mi miedo vuelve.

Lo último que recuerdo antes de estar aquí es haberme despertado una mañana, haber abierto un email de Jota, y haber sentido el impulso de saltar por la ventana.



Ahora no sé si este mensaje os curará u os hará enfermar aún más. Si hará más grande la epidemia.

No sé si este mensaje me hará daño.

Quiero hacerme daño.

Quiero cortarme.

La vida es fea.


Por favor, ¿podéis ayudarme?





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