Ficciones

Si es sincero, "te amo" solo significa "me importas más que el dinero"

¿Por qué gastamos dinero cuando tenemos un día de mierda?

Me llamo Marian y acabo de romper. Aunque esa no es la historia. O sí. Porque por amor me he degradado y humillado más de lo que nunca he llegado a hacer por dinero: nada superará jamás las cosas asquerosas que he hecho estando enamorada.

Digo esto porque soy capaz de reconocer sin ningún tipo de pudor ni remordimiento que, actualmente, prefiero un fajo de billetes a una relación.

A los pobres nos gusta sentirnos mejor pensando que la muerte va a poner a nuestra misma altura a Amancio Ortega o a los herederos Hilton porque nadie puede comprar la vida eterna con dinero. Pero eso solo sería así si la vida no se redujera solo a vivir lo mejor posible durante el tiempo que tienes.

Y de eso va el dinero.

El dinero está tan metido en tu esencia que, cuando tienes un día de mierda, sientes la necesidad de gastar

Mira a tu alrededor, ¿cuánta gente hay en tu vida que sea más importante que eso?, ¿cuánta gente hay en tu vida que sea más importante que el dinero, ¿de cuántos de tus amigos, familiares y conocidos (de los que te caen bien) podrías prescindir a cambio de 5.000 euros libres de impuestos, con la condición de no volver a saber nunca más de ellos? ¿Y a cambio de un millón?

¿Serías capaz de cambiar a tu pareja por un millón de euros?

Cuando es sincero, un “te amo” solo es el eufemismo de la siguiente frase: “para mí, eres más importante que el dinero”.

Esto no es malo. Tampoco bueno. Pero no hay que avergonzarse si no hace daño a nadie.

El dinero es una droga. Un número. Un simple trozo de papel que se te mete dentro como si fuera poesía. O droga. De él dependen tu bienestar y tu miseria.

Está tan dentro de ti que, cuando tienes un día de mierda, sientes la necesidad de gastar. Su colocón sube rápido. Después de haber pasado la banda magnética de tu tarjeta por el datáfono acaricias con la punta de los dedos algo que debe de ser eso que llaman "felicidad". Solo dura un rato, pero la felicidad siempre es efímera.

Cuando se alinean los astros y encuentras algo que de verdad deseas a buen precio, la fortuna te sonríe. Entonces la felicidad se puede alargar días y el mundo te parece un lugar justo en el que, por fin, todo está en armonía. Es mucho mejor que el yoga.

Cuando es sincero, un “te amo” solo es el eufemismo de la siguiente frase: “para mí, eres más importante que el dinero”

Si gastas demasiado puedes llegar a sentirte culpable. Pero, en realidad, no tiene ningún sentido sentirse culpable de algo que puedes hacer.

Por otro lado, cuando necesitas gastar y no encuentras en qué, tu malestar va en ascenso con cada tienda por la que te paseas con las manos vacías: a veces acabas con algo que realmente no quieres dentro de una bolsa de plástico, o, en el peor de los casos, en tu casa sin nada, sintiéndote peor que antes.

Es desolador porque no se trata de acumular sino de cómo podría haber cambiado tu vida aquello que no has encontrado. Los números mágicos de tu cuenta bancaria te permiten acercarte a ser esa persona que siempre has pensado que te gustaría ser. El dinero te ha llevado de viaje, a cenar en buenos restaurantes y te ha hecho los mejores regalos de cumpleaños.

Cuando todo lo demás falla, el dinero es el amor de tu vida.

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