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Su dieta vegana estuvo a punto de acabar con ellos

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Lidia y Guillermo se hicieron veganos sin pensar suficiente en las consecuencias que tal decisión podía traerles. SPOILER: no es lo que imaginas.

María Yuste

19 Noviembre 2015 13:07

1.

Habían pasado solo dos años desde que Lidia y Guillermo se habían hecho veganos cuando se llevaron el susto de sus vidas.

“Habíamos leído historias en Internet y en la prensa pero nunca pensamos que nos pudiera pasar a nosotros”, dice Lidia mientras me enseña una foto de aquella época, de sus vacaciones en Kenia.

Su historia de amor había empezado hace diez años, durante un curso de Erasmus en Lieja. Entonces todavía eran omnívoros aunque Lidia ya había dejado la comida rápida y había empezado a hacer sus primeras compras en supermercados bio y eco; en aquel tiempo, no obstante, todo eso le parecía demasiado caro y se limitaba a comprar algunos productos básicso.

Guillermo no tardó en seguir sus pasos.

Lidia y Guillermo se conocieron en Lieja y dejaron juntos la comida rápida

“Antes me pegaba un atracón en McDonald's todas las semanas. Para mí era casi como un acto artístico, una especie de performance irónica pop del siglo XXI. Ahora me avergüenza decirlo”, dice Guillermo mientras agarra la mano de Lidia.

Ella añade:

“En el fondo es comprensible. El sabor de su comida ha sido diseñado en un laboratorio para engancharte”.

Con aquella etapa de sus vidas ya superada, se mudaron a vivir juntos y adoptaron a su perro, de nombre Kant. Solo entonces se despertó en ellos la empatía animal.

2.

Guillermo: “Una noche, después de cenar comida china, nos dio por bromear con que, en vez de cerdo agridulce, habíamos estado comiendo perro del tiempo, pero la risa se nos congeló al abrir la puerta de casa y ver la cara de Kant".

Y Lidia: “imaginárnoslo troceado sobre la verdura cambió nuestras vidas”.

La próxima vez que intentaron comer ternera ya no pudieron evitar ver en aquel trozo de carne un pedazo de la mejor amiga de alguien en la India y no les quedó más remedio que hacerse vegetarianos.

Después de comer comida china no podían dejar de imaginarse a su perro troceado sobre la verdura

Sin embargo, unos meses después, a raíz de un reportaje publicado en la revista Esquire, descubrieron que aquello no era suficiente.

Guillermo: “¿Sabías que las vacas lecheras lloran cuando las separan de sus crías?”.

A pesar de la tristeza e indignación que se instaló en sus mentes tras descubrir la realidad de las granjas ganaderas, no se dejaron llevar por la locura.

3.

Guillermo: “No estábamos mal de la cabeza, éramos perfectamente conscientes de lo peligroso que es cambiar radicalmente de dieta”.

¿Sabías que las vacas lloran cuando las separan de sus crías?

La pareja se documentó durante meses, consultó a nutricionistas y, cuando dejaron del todo los huevos y la leche, empezaron a acudir a su centro de salud para realizarse chequeos y análisis de sangre periódicos.

Lidia: “Yo estaba preocupada por si, de repente, se me empezaba a caer el pelo como a las anoréxicas pero, la verdad es que todas las pruebas decían que estábamos incluso mejor que antes”.

Absolutamente nada en las vidas de Guillermo y Lidia hacía presagiar la que se les venía encima...

4.

Aquel día había amanecido como otro cualquiera y, como cualquier otro sábado, la pareja se había levantado temprano para pasear en bici hasta la única tienda vegana de la ciudad que vendía su yogur de avena favorito.

Llevaban un control estricto de su salud, nada hacía presagiar lo que iba a pasar

Lidia: “Casi habíamos llegado cuando empecé a sentirme extraña”.

Tal vez, un presentimiento de que aquel día no iban a desayunar yogur de avena porque, cuando el semáforo se puso en verde y ellos se dispusieron a cruzar, un coche fuera de control apareció de la nada y los embistió.

Guillermo: “Tuvimos que ir al hospital porque me rompí un brazo y una pierna, pero podría haber sido mucho peor... Estuve a punto de morir”.

Con el susto aún metido en el cuerpo, Lida y Guillermo se sentaron después a hablar y, a pesar de todo, decidieron seguir adelante con su dieta vegana.

A pesar de haberlos llevado al borde de la muerte, han decidido continuar con su dieta vegana

Lidia: "Si no hubiéramos sido veganos, nunca hubiéramos estado en esa parte de la ciudad a esa hora, pero bueno, al fin y al cabo, de algo hay que morirse..."

5.

Lejos de dejarlo, aquel incidente ha hecho que se acaben reafirmando aún más en su estilo de vida. Lidia y Guillermo han vendido su propio coche y con el dinero han montado una ONG que lleva bicicletas a los países en desarrollo

Guillermo: Para mí, un mundo ideal es un mundo en el que haya más bicicletas que coches y lucho por conseguirlo.

Aunque, el objetivo más inmediato de ambos es el de adoptar a su primer hijo.

Lidia: “Nos han dicho que lo más fácil de conseguir es una niña china pero a nosotros nos interesa más la situación en Sudán del Sur o en Somalia. A veces parece que nadie se acuerda de que llevan 24 años en guerra".

Queremos adoptar a algún niño necesitado y exótico

Guillermo: “Nosotros amamos a todas las razas por igual. Pero procuramos mostrar más empatía con los que más sufren".

Guillermo y Lidia no tienen redes sociales, pero son el tipo de pareja que acumularía miles de seguidores y likes en Instagram. De hecho, hay momentos en los que Guillermo, fotógrafo de profesión y Lidia, documentalista, parecen sacados de un catálogo de Pull & Bear.

O de Benetton, cuando consigan agrandar la familia.

6.

La suya es una familia de la que ya forma parte Kant, el perro ciego, cojo y autista al que rescataron de la perrera y el responsable, en última instancia, de que a día de hoy se hayan convertido quienes son.

En la perrera nos aseguramos bien de que nadie nos quitara al perro cojo, ciego y autista

Lidia: “Cuando lo descubrimos en la perrera no pudimos llevárnoslo a casa, así que le suplicamos a los de la perrera que, por favor, nos lo reservaran. Obviamente, se rieron de nosotros por pensar que alguien más iba a querer llevárselo”.

A lo que Guillermo añade orgulloso:

“No todo el mundo sabe apreciar lo exclusivo”.

En ese momento, Kant entra corriendo en el salón y ladra para que su dueño le haga caso. Guillermo lo recoge del suelo, lo sienta en su regazo y lo acaricia hasta que se queda durmiendo.


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