Ficciones

15 cosas que piensa un avión antes de morir

"No es culpa nuestra que nos odies"

1. He venido al desierto a morir . Será una muerte cruel; me descuartizarán. Pieza a pieza, me arrancarán la identidad hasta dejarme en los huesos. 35 años de vida convertidos en un amasijo informe. No, no soy un soplón de la mafia. Soy un avión, y he llegado a mi destino definitivo.

2. El sueño llega a su fin y el silencio de este lugar invita al recuerdo. Prefiero perderme en mi memoria que mirar alrededor. Aquí solo hay gigantes de acero que lloran por tiempos que ya no volverán. Es muy duro acabar así tras estar en lo más alto.

3. Se me hace raro pensar que nunca más volveré a despegar, es una sensación incomparable, una invitación a la aventura en la que se mezclan la adrenalina, la euforia y la intriga. Dicen que es parecido al amor a primera vista. Y yo me sentía como si cada día conociera a la mujer de mi vida.

4. Sé que en este cementerio el panorama es desolador. Sin embargo, he visto más que lo que la mayoría de personas verían en tres vidas. Además, lo más probable es que alguna vez tú también nos hayas odiado.

5. Mi vida no siempre ha sido una fiesta. Los últimos años han sido especialmente duros. Y no porque mi cuerpo me pidiera descanso; con el mantenimiento adecuado, podemos ser eternos. Han sido difíciles porque he sido testigo de cómo la gente ha dejado de querernos.

6. Recuerdo perfectamente mi primer día de trabajo. Eran principios de los ochenta y todavía generábamos mucha fascinación. Al abrir mis puertas, todo fueron sonrisas. Los pasajeros parecían felices, emocionados de subir a bordo. Entonces el vuelo era una de las experiencias más importantes de cualquier viaje. La gente incluso se vestía de gala para la ocasión.

7. Últimamente, en cambio, tenía la sensación de que la gente entraba en el avión en contra de su voluntad. Como si fuera un mal necesario del que no pudiesen escabullirse, un trámite engorroso que hay que cumplir para poder llegar a su destino lo antes posible. Cada vez que veía sus caras de circunstancias, se me rompía el corazón. No hay nada peor que sentirse utilizado.

8. Una de mis películas preferidas es Casino. Sí, también vemos las películas cuando el piloto automático está haciendo su trabajo. Hay una escena en la que las corporaciones empiezan a comprar todos los viejos casinos y los demuelen para construir resorts modernos. De pronto, la ciudad se llena de familias y turistas gordos con pantalones cortos y la magia se esfuma. Pues bien, cada vez que veía la película pensaba que era exactamente lo mismo que nos había ocurrido desde que se liberalizó el transporte aéreo. De pronto, las compañías ya no competían para ofrecer el mejor servicio, sino para ofrecer el servicio más barato.

9. No me malinterpretéis. Claro que veo positivo que volar esté al alcance de todos. Pero me parece excesivo el hecho de que los pasajeros asuman que pueden ser tratados como un rebaño porque han pagado un billete barato. He oído historias sobre compañías de bajo coste que me han hecho plantearme si realmente eran aerolíneas o experimentos sociales para poner a prueba los límites de la gente. Es cierto que, antes, para algunas personas volar era un sueño inalcanzable. El problema es que ahora se ha convertido en una pesadilla para todos.

11. Yo me dí cuenta de ello cuando la gente dejó de hablarse durante los trayectos. Hace años, lo habitual era que los pasajeros mantuvieran conversaciones cordiales. Ahora, lo único que queda es el resentimiento. Los otros son el enemigo. Todo parece una lucha para ver quién ocupa más espacio, hace más ruido y se levanta más veces para ir al baño. No me extraña que cada vez haya más gente que lo único que quiera es tomarse una pastilla para olvidarse de donde está.

12. Pero sé que no era nada personal. Soy consciente de que últimamente los controles de seguridad se han vuelto insoportables. Y que la sensación de tomadura de pelo es inevitable cada vez que tienes que pagar un sobrecoste del que nadie te había avisado. Y que se te queda cara de tonto cuando te obligan a dejar tu maleta de mano en la bodega por culpa de los listillos que entran al avión con maletas del tamaño de una bolsa de cadáver y ocupan cuatro compartimentos ellos solos. Y si encima te toca sentarte entre un tipo que lleva tres días sin ducharse y otro que desde buen comienzo se apropia unilateralmente del reposabrazos, el cabreo está más que justificado.

13. Lo único que puedo decir en mi defensa es que vuestros controles de seguridad son una broma comparados con los que tenía que pasar yo. ¿Os imagináis como sería tener que ir al dentista cada día antes de empezar a trabajar? Pues más o menos es eso.

14. Es una pena que nuestra relación haya acabado siendo así. Pero no es culpa mía. Ni vuestra. Somos víctimas de las circunstancias. En el transporte aéreo, como en todo, ya solo importan los beneficios. Y el corazón y el alma son demasiado valiosos para tomar partido en eso. Sé que los más jóvenes nunca entenderán que hubo en tiempo en que volar fuera un placer. Sé que para ellos siempre será sinónimo de estar hacinados en el menor espacio posible, contando los minutos para que acabe la tortura. Solo espero que entiendan que no es como nosotros hubiésemos querido que fuera.

15. Aún así, he vivido una vida maravillosa. Y estoy seguro que he contribuido a mejorar la de muchos. Quizá fui yo quien te devolvió a casa tras esa temporada viviendo fuera, quizá fui yo quién te abrió las puertas a oportunidades que nunca habías imaginado, quizá fui yo quién inició ese viaje que ya no olvidarás jamás. Es por eso por lo que estoy tranquilo. Por mucho que a mí se me desgarren las entrañas, sé que seguiré vivo en millones de recuerdos. Y que estos nunca dejarán de volar.

Recuerdos que vuelan

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