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A las niñas buenas tampoco les gusta el colegio

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¿Quién no odiaba ponerse el uniforme para ir a clase? Un microrrelato basado en las fotografías del japonés Yuki Aoyama

Luna Miguel

15 Abril 2015 06:00

Que sea buena no significa que ame el colegio.

Que me porte bien no significa que ame las reglas.

Que mis notas sean buenas no es sinónimo de que a veces no desee arrancarme este uniforme que me han puesto, decir palabrotas y huir muy lejos.

Estoy harta de ser una más.

De vestir como visten todas y cortarme el pelo como todas se lo cortan.

Cualquiera que nos vea podría pensar, ¿acaso son colegialas, o tal vez un ejército?

Pero en eso llevan razón: somos un ejército.

Un pelotón de hormonas y de sueños.

Una masa de olores pálidos y de muchas, muchísimas risas desvergonzadas.

Que sea buena no quiere decir que no me gusten las cosas malas.

Adoro las cosas malas, entre otras cosas, porque sé que no son malas.

Me gusta morder los bolígrafos, hacerme sangre en las rodillas, tocar las piernas suaves de mis amigas, alborotarme el pelo.

Paso tantas horas entre las paredes de mi escuela que a veces pienso que mi verdadero trabajo es ir a dormir.

Que los minutos que marca el reloj de la pared frente a mi pupitre son mi única dedicación.

Que el tiempo libre no existe, salvo en la imaginación y en el deseo.

Soy un soldado.

Soy buena.

Soy perfecta.

Soy un demonio con el corazón caliente y a veces quiero pegar un grito, decirles a todos los adultos que esta tiranía se acabó.

A mí nadie me pone la mano encima.

A mí nadie me da lecciones de conducta.

A mí nadie me llama niña.


A mí nadie me dice lo que tengo que hacer




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