Ficciones

El amor es fácil si no eres tan imbécil como yo

Un pan como unas hostias

Fotografías de Simone Paccini

¿Cuándo fue la última vez que lo hicimos?

1. Herida

Estoy sentado con el portátil sobre las rodillas mirándola a ella y a una baldosa. A ella cuando está de espaldas. A la baldosa más rato. Sé que mi novia me daría una respuesta antes que la baldosa, pero al final acabo con la mirada fija en la puta baldosa.

La puta baldosa y el puto verano. Todas los editores de todas las putas oficinas de vacaciones y yo aquí, sin ningún encargo de nada hasta cuándo, ¿hasta septiembre? Con este calor sacado de una película antirracista.

Dicen que en verano es cuando más rupturas hay, que las parejas pasan más tiempo juntas y que, claro, ahí es cuando se dan cuenta de que cada vez hay menos que rascar.

Ella sí tiene trabajo. Mucho. Casi todo en casa, también. Y por cuatro pavos. Se mata a hacer fotos de puta madre por ahí para que luego le paguen una mierda. No tenemos pasta para irnos de vacaciones. Todo el verano en casa y en cuanto se va un poco el calor, bajamos a la calle a tomar cervezas con Javi.

Cuándo, joder. ¿Cuándo fue? "Oye, cariño, perdona, es que tengo una duda. Nada, es una tontería. Mira a ver si tú me sabes decir cuándo fue la última vez que lo hicimos". Desde luego, no es una pregunta que un tío le haga a su novia como si nada.

Lo que sí sé, o al menos me imagino, es que no le doy lo que se supone que debo darle. Me quiere y por eso me oculta lo jodida que está. Si yo fuera ella me sentiría fea, joder. Como poco. ¡Si tu propio novio pasa de ti!

2. Culpa

"Cielo, ya está Javi abajo en la terraza, que se está llenando y cada vez hay menos sillas libres".

Sí, ya voy. Me acabo de fijar bien y se ha puesto lo primero que ha cogido. Antes no era así. ¿Y hace cuánto que no se pinta? No hace falta ser psicólogo para darse cuenta de que se arregla menos. Joder, joder, joder, la estoy hundiendo.

Necesito volver a hacer que se sienta atractiva. Que sigue gustando. A mí y a cualquier tío.

3. Mentira

6 cervezas, una tapa de calamares congelados y los mismos temas de siempre. El trabajo, el dinero y la reputísima madre de ambos. La Santa Trinidad de la mierda. De vuelta en casa se me ocurrió una cosa.

– Cariño, creo que le molas a Javi.

– Vaya, si que estaba fuerte la cerveza, ¿no?

– Que sí, en serio. Que le molas. Me he fijado y joder, es que cuando estás contando algo, te mira como hipnotizado. Y tiene una sonrisa ahí como que casi no se nota, pero que ahí está. Sé que suena raro pero te digo yo que le pones. Hazme, caso, que sé cómo va esto. Que soy un tío.

– Tú eres tonto.

En efecto, ni yo mismo me creía lo que decía. Pero de alguna manera seguí con el teatro. Le lanzaba indirectas cuando subíamos de tomar unas cervezas con Javi. A veces, cuando hablábamos de algo los tres, yo trataba de defender de manera forzada una posición contraria a la de ellos, solo para que hicieran una especie de equipo.

4. Mierdajoder  

Una noche, al cabo de dos semanas, me fijé en ella con especial atención. En efecto, estaba comunicativa, risueña. La veía incluso más guapa. Mis celos inventados la estaban haciendo sentirse mejor.

Todo con un simple "a Javi le gustas". Coelho, Moccia, moríos: yo soy el puto amo. Ella solo necesitaba un poco de autoestima. 

Va, joder, mi novia es la hostia. ¿A qué tío no va a gustarle? Sinceramente, no creo que Javi fuera una excepción. ¿Y si ella se encuentra bien porque es a ella a quien le gusta él?

Mierda.

Mierdajoder.

¿Y si había arrojado a mi novia a los brazos de mi amigo?

Javi, con lo buitre que ha sido siempre. Y ella, cómo podría hacerme algo así. No han hecho nada juntos, eso lo sé porque yo estoy siempre delante. Pero y si se están molando, qué. A mí eso ya me vale para conseguir el papel de tonto de la película.

5. Todos

Aquella noche bajé a la terraza dispuesto a no seguir mirando hacia otro lado. Y lo vi todo claro. Se gustaban, joder. Me di cuenta de todo lo que ella se reía con él. Y, sobre todo, de cómo se reía con él. Como conmigo al principio.

Y yo jugando a subirle el puto ego.

Pero mira, la cosa es muy fácil. A esta mierda podemos jugar todos.

Nunca pensé que iba a bajarme Tinder. Pero mira tú qué cosas.

Ahora me toca a mí que me suban el ego.

Autosabotaje emocional

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