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Cuando los celos son una sombra enferma que se expande por nuestro cuerpo

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Empiezan como una canción siniestra, y acaban mordiéndote el corazón #trilogíadeloscelos

Luna Miguel

10 Septiembre 2015 06:00

—Imagen de Ben Zank

Al comienzo, la sensación es la misma que cuando una canción triste y pegadiza se instala en tu cerebro.

Después, el ritmo oscuro contagia a tus dedos, que empiezan a temblar de miedo y nerviosismo: ya no sabes qué tocar, ya no sabes dónde agarrarte, ya no sabes si acariciarte o si arañar tu propia piel.

La canción pegadiza y triste suena en tu cabeza una y otra vez, y por mucho que quieras acabar con ella —canta algo alegre, te dices, canta algo alegre— no te deja.

Con los miembros temblorosos y la mente ennegrecida, un humo polvoriento se apodera de todo tu cuerpo, y tu estómago es una náusea teñida de gris.

Así, tu miedo se reproduce mil veces.

Tu humo se reproduce mil veces.

Tu estómago negro y púrpura se reproduce mil veces.

Entonces quedas sin aire cuando todas esas cosas malas hacen metástasis en tu indefenso corazón.

Poco a poco, el miedo se convierte en rabia, la rabia se convierte en llanto, el llanto se convierte en furia, la furia se convierte en miedo, otra vez.

Poco a poco, las dudas te muerden las uñas.

Los ojos se te inyectan en preguntas.

Y en el espejo ya no te puedes ni mirar.

¿Por qué no puedes dejar de pensar en esa nube de ceniza?

¿Por qué no puedes espantar de tu pecho a esa jauría de ideas feas y dañinas?

¿Por qué la canción sigue sonando entre tus huesos?


¿Por qué te duelen tanto los celos?


(Sigue leyendo: Trilogía de los celos #2 y #3)

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