PlayGround utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de navegación. Si sigues navegando entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

C
left
left

Lit

Año 2040. Una historia de amor extremo en medio de un mundo caníbal

H

 

Una muerte imprevista, un embarazo de riesgo y un acto de pasión extrema. ¿Hasta dónde crees que llegarías por los tuyos?

María Yuste

20 Enero 2016 18:28

En 2025, el gobierno chino aprobó el consumo de carne humana para acabar con la hambruna que atravesaba el país. Occidente recibió la noticia con rechazo pero también como un aviso del futuro, no tan lejano, al que a ellos mismos podrían tener que enfrentarse. En adelante, Débora lucharía para que el bebé que espera no nazca en un mundo que agoniza.

Capítulo 1: Si tus hijos fuesen a morir desnutridos, ¿les darías carne humana?

I

Débora, Daniel y David habían empezado a reunirse en la cafetería de la universidad casi por casualidad. Primero los había unido una clase en común y luego una idea impopular. Habían descubierto que los tres estaban a favor del consumo de carne humana, a pesar de que ninguno de los tres comía ya carne animal.

Ser vegetariano hacía tiempo que había dejado de ser una cuestión ética para convertirse en un divisor social. Las condiciones climáticas y la degradación de los ecosistemas habían obligado a reducir la explotación agrícola y, sobre todo, la ganadera.

Cada vez, menos gente podía pagar el elevado precio que la carne iba adquiriendo en el mercado y llevar una dieta herbívora se había convertido en una cuestión de clases.

Rebuscar en los contenedores de basura había dejado de ser una actividad propia de usureros y vagabundos para convertirse en algo tan habitual entre estudiantes como saltarse las clases.

En la ciudad, los edificios que durante la infancia de los tres amigos habían brillado majestuosos y lustrosos se mostraban, de repente, ensombrecidos y sucios a la vista. Simples ruinas de un pasado glorioso que se derrumbaba a sus pies.

Ellos formaban parte de una generación de niños que habían crecido marcados por las historias que llegaban desde China y pensar que la carne de los cientos de miles de personas que morían al día se podía aprovechar no les resultaba tan descabellado...

Así fue como se les les ocurrió la idea del carné de donante de carne.

II

Era tan sencillo que parecía increíble que a nadie se le hubiera ocurrido antes. Igual que estaba permitido donar el cuerpo a la ciencia o los órganos para trasplantes, ¿por qué no donar tu propia carne a la gastronomía?

¿Era mejor ser comido por gusanos que por un niño malnutrido?

Débora, David y Daniel no solo se estaban convirtiendo en los padres fundadores de uno de los movimientos activistas más importantes de los últimos tiempos, sino que, en lo personal, se habían convertido también en una familia.

Vivían juntos y lo hacían todo juntos. David y Débora se habían casado jóvenes y ella se había quedado embarazada de un bebé muy buscado. Un animalillo que crecía dentro de una barriga que se hinchaba como el mundo de esperanza que estaban contribuyendo a crear.

Sin embargo, aquel carné no tenía ningún valor hasta que el Estado lo reconociera y regulara el proceso.

La propuesta había sido bien recibida entre los jóvenes de su generación y con polémica en los estratos más conservadores.

Cada vez, más personas se unían a la causa y, a pesar de usar eslóganes y campañas agresivas en las que pedían, literalmente, ser comidos tras su muerte natural, no eran considerados unos hippies lunáticos. Verdaderamente habían conseguido convertir un tema tabú en el tema de debate nacional.

III

Un rayo de sol colándose entre los estores de la sala despertó a Débora como si fuera el beso de quien acababa de dejarla. Se incorporó y se quedó sentada en el sofá mientras dejaba que la realidad la golpeara otra vez

Desde que se había enterado de la muerte de su marido no había sido capaz de ingerir nada más que líquido. Cuando Daniel entró en la sala del tanatorio, la encontró pálida como una virgen en una estampita y se asustó. 

No solo se encontraba en un avanzado estado de gestación sino que, hacia unas semanas, el médico le había rogado volver a comer carne hasta que diera a luz.

En las últimas analíticas, había detectado ciertas deficiencias que podían desembocar en riesgos innecesarios y, aunque no había nada que Débora deseara más que traer al mundo aquella niña, había sido incapaz de llevarlo a cabo.

Había pasado tantos años sin comer animales y se había convertido en una acción que contradecía de una manera tan rotunda los pilares sobre los que había cimentado su vida adulta que, hasta su cuerpo, la devolvía.

Sin embargo, en aquel momento, nada más cruzar sus miradas, ambos supieron que estaban pensando lo mismo. Daniel tenía contactos que simpatizaban con sus ideas en el tanatorio y ya había empezado a mover los hilos.

Débora siempre se había preguntado cómo sería pasar de los ideales a la acción. En sus pensamientos la había hecho sentir nerviosa pero ahora que iban a materializarse le sorprendió la paz. Paz de que el cuerpo de quien tanto había amado fuera a fundirse con el suyo propio y el de su hija para siempre.

Paz de no tener que abandonarlo en un hoyo y volver después a casa como si no hubiera pasado nada.

VI

Débora no quiso saber nada del proceso. Ni siquiera quiso ver el plato. Pidió a Daniel que le vendara los ojos y le diera de comer.

Inmediatamente, un sabor parecido al de la carne de cerdo se apoderó de su ser. Era algo más fuerte, más agrio pero, como sucede con el pollo, los muslos fueron la parte más sabrosa.

Al fin y al cabo, ¿no eran todos animales? ¿Por qué todo el mundo actuaba como si no quisiera saberlo?

Sigue leyendo:

Capítulo 3: Año 2041. La supervivencia de la epecie se decide en un tribunal

Capítulo 4: Año 2060. La vida en el extraño balneario del que nadie sale con vida

Capítulo 5: El mismo infierno se escondía detrás de una simple puerta de madera

Capítulo 6: Lo dejaron todo para vivir como los primeros Homo sapiens en 2061

Capítulo 7: Su vida era perfecta hasta que descubrió que se basaba en una gran mentira






share