Ficciones

No leas esto, probablemente ya estoy muerta

14 de abril de 2014

Tengo la manía de guardar mi diario bajo el pijama, por eso la noche en que me secuestraron también se llevaron el lápiz y la libreta.

Me llamo Amina y probablemente ya estoy muerta. No deberías perder el tiempo leyendo lo que he escrito durante este tiempo.

¿Dónde has encontrado este diario?, ¿en el bosque?, ¿en un agujero cavado en la tierra? Tengo curiosidad.

No te asustes, no soy un fantasma. Te contaré mi historia.

Todo ocurrió el 14 de abril de 2014. Era uno de esos días en que todo parece normal.

Hacia las seis de la tarde ocho policías entraron en nuestro colegio y preguntaron por la directora, la señora Kwambura.

Todas las alumnas corrimos para ver de qué se trataba. Un agente nos miró y dijo: “Podéis estar tranquilas, nadie os hará daño”.

Cuando terminaron las clases y el sol empezó a ponerse había gente del pueblo cuchicheando cerca de la verja.

Cuando anocheció, la carretera con más vida del pueblo estaba desierta. Sentí que algo malo iba a suceder.

Por suerte, mi amiga Deborah me quitó esa idea de la cabeza: 

– ¡Mañana hay examen de inglés! ¡Vámonos a estudiar!

Era casi medianoche y las demás dormían. Sólo se oía al señor Suleimán, el vigilante, que barría el patio e iba cerrando las puertas.

Deborah y yo fingíamos que estudiábamos la lección, tumbadas en una misma litera pero del revés: yo olía sus pies y ella los míos. Jaja, aún me río al recordarlo.

De pronto oímos coches y nos asomamos a la ventana. Suleimán tenía los brazos abiertos y la luz de los focos le impactaba en la cara: “¡No podéis pasar! ¡Fuera!”.

Un camión rompió la verja y el viejo cayó al suelo: “¡Allah u Akbar!”, “¡Alá es grande!”. Todas se despertaron y empezaron a gritar.

Aquellos hombres vestían de verde y llevaban metralletas.

Olimos el humo y corrimos hacia fuera. Nos obligaron a sentarnos en la pista de voley. Cuando las llamas se apoderaron del colegio, Deborah me apretó la mano con fuerza.

Los hombres señalaban las llamas para que las miráramos, como hacía la maestra con la pizarra. Debíamos aprender que nuestras lágrimas eran inútiles.

De pronto empezaron a disparar al aire. Todas se taparon los oídos. Yo no.

–¡Amina! – leí en los labios de Deborah.

Apreté los dientes y cerré los ojos. No quería obedecerles.

Vamos a Sambissa – susurró Deborah con los ojos perdidos – Mi madre morirá de pena

Éramos unas 200 y nos empujaron hacia dentro de los camiones. Algunas niñas tuvieron que quedarse en tierra junto a algunos soldados.

No sabíamos si era mejor estar arriba o abajo.

–Vamos a Sambissa – susurró Deborah con los ojos perdidos – Mi madre morirá de pena. 

Íbamos en dirección a un bosque que hay en el norte del país. Suleimán decía que Sambissa es un lugar sin ley, pero no sabíamos lo que eso significaba.

De camino nos detuvimos en un edificio abandonado y los hombres empezaron a repartirnos unas túnicas grises.

Uno de ellos tenía los ojos muy abiertos y enrojecidos. Nos miraba mientras fumaba y señaló a algunas niñas con el dedo. Cuando terminó, empezó a hablar.

–Mujeres infieles, deberíais estar casadas y no en la escuela. A partir de ahora vais a servir a Dios, sois parte del Estado Islámico. Cubríos la cabeza, todo el cuerpo, con estos velos. Preparaos para la lucha y para servir a nuestros hombres.

Algunas niñas empezaron a llorar, Deborah temblaba. De pronto giré la cabeza y vi un montón de estatuas: éramos como pequeñas montañas de ceniza en medio de la selva.

Llevábamos días en el campamento cuando se llevaron a Deborah al porche, allí está siempre el jefe de los ojos abiertos. Unos soldados empezaron a atarle unas barras negras al cuerpo, después la subieron a una pick up y se marcharon.

Días después un hombre se acercó a mí: " Tu amiga es una terrorista, ha matado a decenas de personas en el mercado de Gamboru. Todo está lleno de sangre".

Deborah, tú no eres terrorista. No te has suicidado. Creo que pronto te veré, así que guárdame una litera.

Mujeres infieles, deberíais estar casadas y no en la escuela

Esa misma noche un hombre me arrastró del brazo con mucha fuerza y me cargó al hombro: "Tienes que ser solidaria con tu amiga, ahora te entregarás a Alá". Me sentó en una mesa rodeada de soldados, todos empezaron a decir versos del Corán mientras él se quitaba los pantalones.

No sé quién eres ni dónde has encontrado mi diario, pero quiero pedirte algo.

Dile a mi mamá y a mi papá que no teman. Aún me llamo Amina Tsawur, pero ya no soy Amina. Ella se fue hace meses.

Y no sientas pena, probablemente ya estoy muerta. 

*

Hace exactamente un año el grupo terrorista Boko Haram secuestró 219 alumnas de la escuela de secundaria de Chibok, Nigeria. Nadie ha averiguado su paradero. Naciones Unidas asegura que pueden haber sido asesinadas.

Pequeñas montañas de ceniza en medio de la selva

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