Ficciones

¿Por qué los ascensores de los hospitales no tienen espejos?

"No quieren que nos veamos la cara. No quieren que conozcamos la verdad"

—Imágenes de Guillaume Amat

Todas las mañanas me miro en el espejo.

En el espejo del cuarto de baño.

Me pregunto si esto es un espejo.

Me veo exactamente igual a cuando vine.

Son 15 días ya.

15.

15 pero parecen 30. O 50. O 100.

He aprendido a contar las horas según la cantidad de gotas que caen de este sobre azul hasta el plástico transparente que lo une a mis venas.

Clap. Clap. Clap.

En realidad no hace ruido. Me lo imagino yo.

Clap. Clap. Clap. Y así hasta 100 veces más y luego otras 100. Y luego es cuando empiezo a dudar cuántos días llevo levantándome por las mañanas mirándome a un espejo del que desconfío.

“Estás muy guapo hoy, Jorge.”

“¿Cómo nos hemos levantado esta mañana Jorge?”

“Qué bien te veo, Jorge.”

Las enfermeras mienten. Colocan una versión de mí que no soy yo en el espejo de mi cuarto de baño y me hacen creer que estoy bien, que soy guapo, que me he despertado sin problemas.

No confío en mi reflejo.

Ese no soy yo.

Intento mirarme en otro sitio que parezca más real, pero todo es borroso.

No consigo reflejarme en las uñas de mis manos, cada vez más amarillas.

No consigo reflejarme en la pantalla del televisor, tan negra y fría.

No consigo reflejarme en la máquina de refrescos del pasillo, me veo deforme.

¿Pero, y si soy deforme?

¿Y si la bolsa azul que bombea hasta mis venas es en realidad un veneno que me intoxica?

“Estás muy bien, Jorge.”

“Me estáis matando putas.”

“Todo va a ir bien, Jorge.”

“Me estáis matando cabrones.”

“El cáncer es así, Jorge”.

“Devolvedme mi reflejo, u os juro que…”

Quiero arrancarme las vías.

Ayer escupí la morfina pero después me arrepentí porque vino el dolor.

Clap. Clap. Clap.

15 días.

¿O 100?

¿Si no consigo ver mi reflejo cómo voy a saber qué estoy pensando?

Estoy cansado pero no quiero dormir.

Cuando a veces me duermo no sé qué día es al despertar, no sé si voy a despertar, no sé si el veneno azul al que me han atado habrá acabado conmigo para entonces.

“Vamos a subirte la dosis, Jorge.”

“Quiero morfina.”

“Vamos a darte un baño, Jorge.”

“Sois unas putas”.

“Te estamos cuidando, Jorge.”

“Si no puedo verme en el espejo, ¿cómo voy a saber que no estoy muerto?”

Las enfermeras ya no me miran a la cara.

No tengo cara.

Los viejos de las habitaciones contiguas mueren cada día.

Ya no tienen cara.

Los celadores no me dejan salir de la planta.

Llevan máscara.

Clap. Clap. Clap.

Tengo un plan perfecto.

Clap. Clap. Clap.

Si voy a morir antes necesito verme la cara.

Clap. Clap. Clap.

Son las cuatro de la madrugada, sé porque las gotas caen Clap, Clap, Clap.

Me arranco las vías.

Salgo al pasillo en pijama, las rodillas se tambalean, estoy débil pero no tanto como ellos desearían.

No hay nadie.

En el ascensor.

No hay nadie.

En el ascensor, ¿por qué no hay espejo en el ascensor?

No quieren que nos veamos. No quieren que sepamos la verdad.

¿Por qué en ninguno de los ascensores de este hospital hay espejos para que podamos mirarnos?

¿Por qué tienen miedo de que los enfermos nos tengamos miedo?

¿Por qué no quieren que veamos cómo somos, en qué nos hemos convertido, cuánto daño queda por curar?

Subo todo lo que puedo.

Me cuelo en la azotea y espero a que amanezca.

Tumbado en una bolsa de tierra, me quedo dormido. Ya no suena Clap. Clap. Clap. Y entonces despierto.

Hacía mucho que no veía el sol de esta manera.

Que su calor no chocaba contra mi piel.

Miro al cielo azul y entonces me veo.

Ahí estoy.

Grito.

“¡Ahí estoy!”

Ya no necesito espejos. No necesito Clap. No necesito morfina, ni veneno, ni suero.

Ahí estoy.

Me asomo al borde de la azotea y me balanceo.

Por fin veo mi cara y es tal y como la recordaba.

Reflejado en el aire azul.

Ahí estoy.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar