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Por qué la vida en pareja se parece a un apocalipsis zombie

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Una historia basada en las fotografías de Tomas Pospichal

Luna Miguel

29 Mayo 2015 06:00

Esta galería es obra de Tomas Pospichal y está concebida como álbum de preboda de una pareja que quería algo original y diferente. Hemos aprovechado estas fotos para escribir una breve ficción.

1.

Llevábamos varios días encerrados en casa. Las noticias auguraban lo peor, así que nosotros preferimos armarnos y esperar. No sabíamos si quedaban vecinos en el barrio, pero sí que muchos habían huido al campo o intentado salir del país.

Lo que había más allá de nuestras fronteras era un misterio. Las comunicaciones eran cada vez peores y apenas alcanzabamos a escuchar una radio local. 

Pol y yo estábamos aterrorizados, pero pasábamos los días recordando las películas de zombies que habíamos visto a lo largo de nuestra vida porque quizá nos sirvieran de ayuda cuando llegara el momento.

Éramos el blanco perfecto, de hecho, más típicos y tópicos imposibles. Una pareja a punto de separarse después de cinco años juntos, pero unida ahora por la urgencia de sobrevivir.

¿No era nuestra vida, en ese punto, como un guión malísimo de Hollywood?

2.

Pol y yo tratábamos de reír... por no llorar. Las noches eran cada vez más horribles, y se nos hacía difícil pegar ojo. A lo lejos se escuchaban gritos, murmullos, pequeñas explosiones o sonidos molestos que ya no sabíamos identificar. Mi corazón latía tan fuerte que en ocasiones quería acallarlo, por miedo a que aquellos monstruos que nos rodeaban lo escucharan y vieneran a buscarnos.

Una noche, los ruidos comenzaron a escucharse vez más cerca. Fue entonces cuando fui corriendo al sofá, donde Pol llevaba más de un mes durmiendo desde que nos peleamos. Ahora tenemos que estar más unidos que nunca, le dije. Y entonces nos abrazamos, entre lágrimas que ya no sé si eran de terror o de emoción.

3.

En las películas ocurre así:

Chica es atrapada por los zombies, chico salva a chica, chica se enamora de chico, ninguno de los dos muere.

O quizá así:

Chico es atrapado por los zombies, chica salva a chico, chica es infectada, chico se salva pero chicas muere.

O quizá, también así:

Chico y chica son atrapados por zombies, chicho y chica mueren, chico y chica se convierten en zombies y se hacen novios entre besos agusanados...

¿Será nuestro final agusanado, será terrible, o será solo el principio de algo nuevo?

4.

Pol y yo estamos abrazados en la cama. Hablamos de cosas del pasado reprochándonos, preguntándonos, intentando saber cuándo lo nuestro empezó a resquebrajarse. Estamos muy cerca, dándonos calor en la oscuridad, cuando de pronto un olor a putrefacción empieza a envolvernos.

Ya está.

Han llegado.

Damos un salto de la cama y bajamos con cuidado a la planta de abajo. Pol empuña un hacha, y yo cojo un enorme cuchillo de cocina.

El olor es cada vez más insoportable. En ese momento se me ocurre que nunca nadie en las películas ha descrito esta sensación. Este olor como a vertedero que no es otra cosa sino carne humana desintegrándose.

Si salimos de esta, le digo a Pol, quiero escribir un libro sobre zombies contando la verdad.

Saldremos de esta, me dice él.

Y entonces los zombies golpean y derriban la puerta de la cocina, pero yo me fío de él. 

5.

Nunca me había peleado así con nadie. Ni en mis peores momentos con Pol había llegado a sentir esta ira absoluta. No sabéis lo agradable y al mismo tiempo desagradable que es reventar una cabeza de una patada. No os podéis imaginar la adrenalina y el terror de enfrentarse a unos seres que hace nada eran como tú, y que hoy son puro deshecho hambriento.

Un ataque zombie es como una discusión de pareja. Huele mal, duele por dentro y todos los afectados salen perdiendo.

Horas después de nuestra batalla, Pol y yo nos encontramos tirados en el suelo de nuestro cuarto, acurrucados como hace apenas un rato y hablando de nuestros reproches, de nuestras heridas, de nuestro futuro y de lo mucho que a pesar de todo esta experiencia nos ha acabado uniendo.

¿Y que qué nos espera ahora? No podemos saberlo.


Lo único que sé es que ahora en mi corazón sólo cabe Pol. O bueno... él y dos o tres gusanos



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