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¿Qué harías si tu novio se convirtiera en tu padre?

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Vacaciones, magia negra y sangre menstrual

María Yuste

13 Julio 2015 06:00

Imagenes Mai Nhi Tran Le

Cuando mis padres me dijeron que, finalmente, iríamos de vacaciones a Acapulco, casi me desmayo. Y no solo porque lo que yo quería era que fuéramos a Finlandia, sino porque sabía que evitar ponerme morena allí iba a ser un auténtico coñazo.

Tenía las expectativas más bajas de la historia con respecto a mis vacaciones de verano pero, por suerte, el amor y la magia negra vinieron al rescate...


I.

Nos alojábamos en un gran resort turístico de esos que, la verdad, lo mismo podía haber estado en México que en La Manga del Mar Menor.

Los primeros días los pasé encerrada en mi habitación leyendo un libro de Edgar Allan Poe y escuchando discos viejos de The Cure. Pero, al tercero, mi madre me sobornó con dejarme beber mojito si me bajaba a la playa con ella.



Como me acababa de bajar la regla, pensé que no me darían demasiado el follón con que me bañara. Además, con un poco de alcohol el día se me pasaría más rápido, así que acepté.

Me embadurné entera en pantalla total y me senté en una tumbona con mi libro de Poe. Al rato, un mexicano de unos 18 años, me trajo el mojito.

Era alto. Tenía la piel del color del oro viejo y una bonita melena ondulada. Era tan mono que, aún con el uniforme del resort seguía siendo atractivo. Sin darme cuenta, me quedé embobada mirándolo mientras me perdía en pensamientos de amor y lujuria. Él me sonrió, me dijo que se llamaba Mario y que también le gustaba Poe pero se fue sin que me diera tiempo a reaccionar.

No me dejaron pedir otro Mojito.


II.

Por la tarde salimos por el pueblo en una excursión organizada por el hotel. Creo que, más que nada, para hacernos fotos en un entorno exótico y poder demostrar luego que habíamos estado veraneando en un país extranjero.

En un momento dado, hicimos algo muy peligroso, porque nos despistamos del grupo y acabamos en un mercadillo callejero. Decían que allí se vendía, literalmente, de todo. Desde comida hasta riñones humanos. Aunque yo no vi ninguno.

Lo que sí descubrí allí fue el fascinante mundo de la brujería mexicana y los amarres. Yo siempre había querido ser como Neve Campbell en 'Jóvenes y brujas', así que encontrarme con aquellos libros tan viscerales llenos de hechizos que se hacían con excrementos, orina o sangre me voló la cabeza.



No lo dudé. Vendí mi alma al diablo y negocié con mis padres bañarme todos los días a cambio de uno de aquellos libros.

III.

El sol se puso y la noche se llenó de luna llena. Definitivamente, el destino estaba intentando echarme un cable. Me había puesto en bandeja hacer aquel hechizo y yo estaba dispuesta a cumplir su voluntad. Si aún no tenía la edad legal para beber, mejoraría mis vacaciones mediante magia: tendría un romance de verano con Mario.

El problema es que para hacer el hechizo necesitaba sangre de cabra y, obviamente, no tenía sangre de cabra a mano. Se me ocurrió que, como estaba menstruando y hacía poco que me había pasado a la copa menstrual, podría usar mi propia sangre para el amarre.

Y así lo hice sin pensar en las consecuencias. Me metí al cuarto de baño y empecé a hechizar.


IV.


Al día siguiente pude comprobar que, efectivamente, había salido todo al revés. O demasiado bien, según como se mirara. Había hecho un hechizo para acercar a mí a la persona que me gustaba y ahora Mario estaba atrapado en el cuerpo de mi padre y mi padre en el cuerpo de Mario...

Acordamos que lo mejor era no contarle nada a nadie, ni siquiera a mamá porque no nos habrían creído. Lo que teníamos que hacer era volver a aquel mercado a buscar ayuda, pero no lo volvían a montar hasta al día siguiente.

No sabía si llorar o reír. Iba a pasar un día entero junto al chico que me gustaba, sí, pero en la forma de un señor de 47 años que, además, resultaba ser mi padre.

Encima, mi padre en el cuerpo de Mario no dejaba de flirtear con Mamá y luego, como ella se dejaba querer, se ponía celoso de sí mismo y era todo muy ridículo porque no se daba cuenta de que, en realidad, aquello pasaba porque mamá lo quiere de verdad.

Por el contrario, a mí cada vez que Mario intentaba tocarme con el cuerpo de mi padre me daba un repelús que hasta me daban arcadas. Definitivamente, era su cuerpo y no él lo que me gustaba.



V.

Al día siguiente, mientras mamá estaba en la clase de aquagym, nos escapamos y fuimos los tres al mercadillo. Allí encontramos a una mujer anciana que decía ser experta en amarres. Nos dijo que para revertir el hechizo simplemente tenía que volver a hacerse, pero a la inversa. Todos los ojos se clavaron en mí. Sabía que lo que estaba a punto de decir no les iba a gustar nada porque, para hacer el hechizo, me había bebido mi propia sangre menstrual directamente de la copa.

Pero no había otra solución.

Volvimos al hotel y pedí dos vasos de chupito. Me metí al baño y los saqué bien colmados de mi propia sangre. Se los puse encima de la mesa y...

Lo vi claro, haberme pasado a la copa había sido la mejor decisión de mi vida.



Para saber si te gusta de verdad una persona o no, imagínatelo en el cuerpo de tus padres







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