Ficciones

Vine a España de vacaciones y me enamoré de una swagger

El amor se esconde en todas partes y yo lo encontré en la Apple Store

Era mi primer día en Barcelona y ya había sudado dos de mis mejores camisetas. Oficialmente, el viaje pintaba peor de lo que había imaginado. El verano mediterráneo no parecía la mejor opción para cuatro estadounidenses hechos a las tormentas de nieve.

Mis padres habían creído que alojarnos en un hotel de lujo de la milla de oro de Barcelona nos protegería de deshacernos en sudor y nos mantendría alejados del olor a insecticida y mierda reseca de la zona antigua.

Aunque, por esa parte, estaba contento porque odio que mis padres sean ricos y blancos. Sobre todo, blancos. Ojalá fuera negro. Es evidente que los negros son una raza superior.

Andaba yo enfrascado en esos pensamientos y echando de menos mi colección de gorras cuando mi hermana me propuso ir a dar una vuelta. Mi hermana es cinco años mayor que yo y ya está en la universidad. No es swagger como yo pero podría decirse que es una tía guay. 

Aunque debo confesar que solo acepté porque había decidido aprovechar mis vacaciones en aquel horno humano para ponerme moreno. Si no podía ser negro, al menos intentaría parecer latino

Sin embargo, todo cambió cuando la vi a ella... 

Apoyada en la puerta de la Apple Store, su pelo moreno teñido de rubio ondeaba al viento mecido por las ondas del wifi que estaba pillando gratis. No se podía estar más guapa. Nunca en mi vida había visto a nadie a quien le quedaran tan bien los pitillos remangados...

Tenía que hablar con ella. Convencer a mi hermana de que nos apalancáramos allí un rato a descansar me resultó tan fácil como pronunciar la palabra “wifi”. Me puse cerca de ella y activé el bluetooth de mi móvil. El dispositivo más cercano que aparecía se llamaba “CaMiLa”. ¡Tenía que ser ella! 

Pensé un piropo y le envié una nota: “Eres tan bonita que podrías ser la chica por la que Drake lloriquea en su último disco”.

Su respuesta no se hizo esperar: “kien es ese?” 

Pero mi hermana ya había terminado de revisar su Facebook y no pude retenerla durante más tiempo. Me tuve que ir sin contestarle.

Al día siguiente me esperaba un largo y aburrido día de turismo con mis padres. Pero el recuerdo de Camila me impedía disfrutar de la arquitectura modernista de la ciudad. Intentaba olvidarme de ella concentrándome en lo terrible que era que no supiera quién es Drake. ¿Qué clase de swagger no sabe quién es el autor del mejor disco de rap del año? Aunque también me parecía bonita la idea de descubrírselo yo. ¿Qué mejor regalo podía hacerle?

Tenía que volver a verla, tenía que volver a la tienda Apple y sabía cómo conseguirlo...

En un descuido, rebusqué en el bolso de mi madre y le quité el iphone. Dejé el bolso abierto y la mala fama carterista de Barcelona hizo el resto.

Al día siguiente ya estábamos de excursión en la tienda; sin embargo, ella no. Pregunté a sus amigos y me dijeron que podría encontrarla aquella misma noche en una discoteca llamada Famee, lugar de reunión de los swaggers catalanes.

Así que allí me planté con mi hermana.

Ya había empezado a sospechar que los swaggers españoles y los estadounidenses eran parecidos pero muy diferentes. Aquello fue mi confirmación. Nadie sabía quién era A$AP Rocky. No pinchaban hip hop, solo un sucedáneo que ellos llamaban reggeaton y que les hacía bailar restregándose unos con otros como los canis de mi país.

Yo no quería que Camila viera que no sabía bailar su música. Sabía que así nunca me ganaría su respeto, así que pensé que lo mejor era una retirada a tiempo. Aunque antes le mandé otro mensaje: “te espero mañana en la playa, junto al puerto”.

La agenda turística de mis padres nos llevaba al día siguiente allí y pensaba zafarme de ellos para rapearle mi amor a través de Bound 2 de Kanye West. Era imposible que pudiera resistirse a las palabras del tío que había conseguido enamorar a Kim Kardashian...

Me sentía exultante. Por un lado, estaba empezando a coger un poco de color y ya me sentía un negrata. Por otro, estaba a punto de dar mi primer beso. Me escondí detrás de una palmera con mis altavoces, preparado para sorprenderla.

La vi llegar a lo lejos... sin embargo no venía sola. Iba con un chico, un latino auténtico con gorra para atrás y cara de pocos amigos. Consideré que lo más prudente era no salir de mi escondite. Pero ellos me encontraron.

Aquel maromo quería pegarme por cortejar a su piba. Ya me tenía agarrado por el cuello de la camiseta y su puño se acercaba a cámara lenta a mi cara cuando atiné a balbucear: "No me pegues, no me pegues... que soy primo de Tayler the Creator ". 

Kien?

Eeeeh... Kanye West.

Kien?

Eeeeeeh... Nicki Minaj.

Kien?

Eeeeh... ¿Eminem?

Eminem si sabía quién era pero no coló y me pegó igualmente. No había sido agredido en nombre del amor. Había sido agredido en nombre de los posers del swag y aquello sí que me dolía. El rap era mi auténtico gran amor. Tenía que vengar su honor.

Volví a a la tienda Apple y hice lo peor que se le puede hacer a una persona en esta parte del siglo XXI: le conté a todos sus amigos que sus Nike eran falsas.

No, no di mi primer beso en Barcelona. No encontré el amor sino algo infinitamente más importante para un rapero: hice mi primer enemigo.

Puede que tengas swag pero, si no te gusta Drake, no tienes flow

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