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¿Qué pasó aquella noche de amnesia en el matadero?

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Una ficción inspirada en la serie de fotografías 'Skotoboinya' (Matadero) de Sasha Mademuaselle

Ignacio Pato

18 Septiembre 2015 12:05

Ficción inspirada en la serie de fotografías 'Skotoboinya' (Matadero) de Sasha Mademuaselle

¿Dónde estás, Kolya?

Te perdí. Dónde estás. Recuerdo los bajos golpeándome como una maza el vientre. El techno no tiene misericordia. No había piedad para los cuerpos. Estábamos entregados.

A los golpes en un vientre que es un gong. Entregados a las luces. A los colores. A horribles chándals Kappa y Adidas de hace veinte años. A las gorras, a los collares dorados. A la lycra y las coletas de gimnasta.


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Festejábamos una época en la que no habíamos nacido. Lo que no se vive tiene la ventaja de poder ser moldeado en la cabeza a nuestro antojo. Recuerdos inventados. Creo que lo pasábamos bien hasta que te perdí de vista, Kolya. Dónde estás.

La pareja que conocimos antes de entrar tampoco te vio. O no te recordaba.

¿Te acuerdas de Masha, la chica que estudia diseño en Londres y nos dio su móvil para cuando fuéramos allí? Le he escrito y ella tampoco sabe nada de ti.

Dónde estás, Kolya. No puedo volver sin tí a Zelenograd. Nuestros padres nos matarían.

Han pasado casi dos días y no sé dónde te has metido. Tampoco sé por qué estas fiestas se llaman Matadero. Supongo que esto sería un antiguo matadero.

En Zelenograd también hay mataderos viejos. Naves destartaladas. Museos de la nada. Herencia del sueño hueco de unos abuelos idealistas.

Kolya, no puedo volver a Zelenograd sin ti. Vivimos a 40 kilómetros y una vida entera de distancia de aquí.

Aunque Moscú se diferencie de nuestra ciudad triste solo en una cosa: en Zelenograd están nuestros padres y en Moscú hay raves como esta.

Necesitábamos venir. Conocer chicos y chicas que sean como nosotros. Como nosotros queremos ser. Chicos y chicas que nos prometan que existe un futuro que no sea sinónimo de ser miniaturas de nuestros padres y madres.

Nuestros padres y madres, trabajando como idiotas toda la vida.

Creyéndose cosas. Nuestros padres y madres fueron creyéndose cosas cada vez peores. Primero, se creyeron el comunismo. Después, se creyeron el amor. Y por último, se creyeron el trabajo.

Kolya, nuestros padres y madres nos creyeron incluso a ti y a mí cuando les mentimos diciendo que veníamos a Moscú a un partido del CSKA.

Nuestros padres y madres y los amigos de nuestros padres y madres organizando fiestas como estas cuando tenían nuestra edad. ¿Eran nuestros padres y madres como nosotros a esta edad? Dime que no, Kolya.

Nuestros padres y madres no entendiendo nada. No puedo decirles nada.

¿Por qué está tu móvil apagado, Kolya?

No consigo recordar nada. ¿Tan mal íbamos?

¿Sigues de fiesta?

¿Dónde estás?

Esta tarde volvemos a Zelenograd y tienes que aparecer a tiempo. Si estás muerto, Kolya, no vamos a estar mucho más tiempo separados.

Vuelve.


Si nuestros padres se creyeron las peores mentiras del mundo, ¿por qué no mentirles sobre el Matadero?



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