Ficciones

Querido instinto maternal, ¿dónde carajo te has metido?

"Sé que estás en el Caribe con una caipiriña en cada mano, pedazo de c%&!#"

Querido instinto maternal,

esto que te voy a decir lo sabemos tú y yo perfectamente: eres un pequeño cabroncete.

Y lo eres porque te ha dado la gana de pirarte de vacaciones perpetuas y me has dejado aquí, sobrepasados los 30, girándome de tanto en tanto para ver si estás agazapado detrás de algún arbusto, riéndote de mí por la espalda.

Y no te confundas, no. Que no es que yo esté desesperada por que aparezcas por sorpresa y colmes mi vida de chiquillos gritones.

NO.

Yo vivo libre, tranquila y feliz y, para qué negarlo, encantada de no tener que hacerme cargo de pañales rebosantes ni de toneladas de mocos. Me importa un carajo que estés en el Caribe con una caipiriña en cada mano, te lo digo muy sinceramente.

Entonces, ¿dónde está el problema?, me preguntarás tú.

El problema son los otros, te responderé yo.

El problema es que tengo la sensación de que el mundo a mi alrededor me grita sin ningún disimulo que mi vida sería inmensamente más feliz si me convirtiera en mamá. Que sería entonces cuando, de pronto, lo entendería todo. Cuando las piezas de un gran puzle cósmico encajarían.

Y es ahí donde germina la odiosa semilla de LA DUDA.

Temo que estés agazapado detrás de un arbusto, riéndote de mí

Ah, y para el carro, que ya sé lo que me vas a decir: que a ver qué me importa a mí lo que digan los demás, que eso es ser muy antigua, y que ya estamos todas mayorcitas para hacer lo que nos dé la gana con nuestro cuerpo y con nuestra vida.

Lo sé, querido, lo sé. No nos pongamos tan obvios y vayamos a los matices de este tinglado.

Da por supuesto que en un tema tan serio como el de seguir superpoblando este castigado planeta, haré lo que me dicten el cerebro y el corazón tras un intenso pero cordial encuentro asambleario. Es decir:

Haré lo que me de la gana.

Pero, dime la verdad: ¿Nunca has tenido la sensación de que una gran parte de la población mundial sabe algo que tú no sabes? ¿Que cuchichean a tus espaldas como diciendo "pobre miope, ya lo verá algún día"?

A mí eso me intriga.

¿Y si veo la luz cuando ya sea TARDE?

Y también me intriga el hecho de que un amigo me diga, con unas ojeras violáceas de aquí a Lima, que no ha sido nunca en la vida tan feliz como ahora. Ahora, casualmente, que lleva cuatro meses sin dormir y va por la vida hecho unos zorros.

¿De verdad que aquí no hay trampa? ¿Por qué me parece que hay un abismo entre lo que yo entiendo por maternidad (buf!) y lo que entienden los otros (yuju!)? ¿Y si veo la luz cuando ya sea TARDE?

Pero vamos a ver: ¿Es que a nadie más le asaltan estas dudas?

Está claro que aquí hay algo que se me escapa. Y yo sola no puedo responder. Sin ti, no tiene sentido.

Por tanto, te diré algo, pequeño desertor:

Seguiré siendo inmensamente feliz si no apareces, porque si no hay rastro de ti tampoco hay añoranza de algo que no tengo.

Pero una cosa te advierto: a mí o me dejas tranquila para siempre o te vuelves del Caribe A TIEMPO.

Así que da la cara y aclara las cosas de una vez, que me tienes frita.

P.S.: Si finalmente no vas a venir, ¡guárdame sitio en la playa que me apunto!

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