Ficciones

Mi hija, fan de One Direction, ha robado un arsenal de fotos íntimas

¿Qué hay peor que tener una hija fan de de One Direction? Que robe fotos íntimas, las publique en Internet y se convierta en una delincuente

Este fin de semana, una fan filtraba fotos de Harry Styles, componente de One Direction, después de hackear la nube de su madre. Así se confirmaba su relación con la top Kendall Jenner. Lo que sigue es una ficción basada en la historia. ¿Es posible de detectar cuándo deja de ser saludable la fijación por un ídolo?

Admito que cuando mi hija me pidió el primer disco de One Direction por su cumpleaños me sentí aliviada. La rebeldía de la adolescencia acababa de irrumpir en nuestra casa y podría haber sido mucho peor... Podría haber empezado a pedirme que le comprara pantalones en los que cupieran siete como ella, o peor... Crucifijos.

Siempre había tenido miedo de que, con la llegada de la adolescencia, mi casa se llenara de griteríos satánicos o rimas sobre culos grandes. Sin embargo, ¿qué mala influencia podía esconderse tras las melodías pop de una inocente boyband prefabricada?

Todos hemos sido fans de algo en algún momento de nuestras vidas. De hecho, algunos lo siguen siendo bien entrados en la edad adulta y a nadie le sorprende. ¿O acaso es diferente el fervor adolescente que se siente a esas edades por un ídolo del que tienen los religiosos por Jesús o un forofo por su equipo de fútbol?

 

El caso es que recuerdo bien aquella época. Yo acababa de divorciarme de mi marido y mi hija no lo estaba llevando bien. Nos habíamos mudado y se había vuelto más hermética y huraña. A muchos adolescentes les pasa, no pensé que fuera grave a pesar de que se pasaba las tardes encerrada en su habitación sin salir.

Me daba miedo que se estuviera pasando los días viendo porno o aprendiendo a fabricar bombas. Por eso, cuando entraba sin llamar con alguna excusa tonta y me la encontraba viendo el mismo videoclip en bucle, me sentía aliviada.

Prefería que estuviera obsesionada con unos chicos inalcanzables a que estuviera por ahí metiéndose en líos o fumando porros. Sabía que, a través del ordenador no podría quedarse embarazada de nadie y, para qué negarlo, su amor platónico me parecía tierno... Me recordaba que todavía no la había perdido del todo. Su fanatismo era la necesidad de creer en Papá Noel o en el Ratoncito Pérez aún presente en ella pero reciclada y proyectada sobre un cantante.

Cada vez, me era más difícil sacarle información sobre su vida. Cuando le preguntaba por el instituto, me gruñía. Sin embargo, siempre estaba dispuesta a mantener una conversación sobre Harry Styles. Lo hacía, además con una locuacidad y un entusiasmo que había perdido en otros aspectos de su vida.

Mentiría si dijera que sus dotes para la investigación y su capacidad de retención de la información no me hacían sentir orgullosa. Hasta llegué a pensar que podría haber parido a una agente del CNI. ¡Había descubierto hasta la frecuencia con la que Harry solía hacer de vientre!

Aunque, el día que entré en su habitación y me la encontré toda empapelada con fotos de ese muchacho escuálido de melena rizada, sí que me asusté un poco. Había pósters colgando hasta del techo. Era como uno de esos cuadros pintados para que parezca que te siguen con la mirada. Era imposible escapar a su vigilancia.

De todos modos, no fue hasta que marcó toda su ropa con una “H” rodeada por un corazón que me planteé, por primera vez, que aquello pudiera no ser normal.

Investigando, descubrí que en Twitter se hacía llamar @haarrystyles, su foto de perfil tampoco era suya sino del grupo y absolutamente todos sus tweets estaban relacionados con ellos. Siempre me había preocupado que pudiera estar compartiendo información sobre sí misma que la pudiera dejar en una situación de vulnerabilidad pero aquello me pareció incluso peor.

La había perdido. Ya no era mi hija... ¡Era una talifán!

Empezaron a reconcomerme los remordimientos. ¿Que había hecho mal? ¿Por qué mi hija no estaba por ahí teniendo sexo y fumando porros como los demás?

Y luego, la noticia. Mientras hacía el café y las tostadas se doraban, la televisión ha cambiado mi vida para siempre: Cientos de fotos privadas del cantante habían sido robadas de la cuenta de icloud de su madre. Cuando el presentador ha anunciado que se trataba de la obra de una fan, el corazón me ha dado un vuelco.

Entonces han mostrado los tweets originales:

"Lo he hecho como venganza por todas las fans a las que Harry no nos corresponde".

Era mi hija.

El café ha acabado derramado por toda la habitación.

¡¿Qué hago ahora?! Mi hija, la fan aniñada de un conjunto musical, ¡es una delincuente!

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