Ficciones

Guía para hacer de tu hijo un zombie

Algunos pensamientos tenebrosos sobre niños y televisión basados en el trabajo fotógráfico de Donna Stevens

Es cierto, reconócelo. Lo quieres más que a tu vida pero sucede que tu vida es demasiado compleja, demasiado ajetreada, demasiado frenética.

Y no tienes todo el tiempo que quisieras para pasarlo junto a él. Para observar cómo le crece un pequeño diente, cómo aprende a escribir o a dibujar caballos que no parezcan perros lisiados.

Te encantaría, pero la realidad es otra muy diferente. Y para pagar facturas y pagar este piso y pagar los libros del colegio y pagar la ropa... para pagarlo todo tienes que trabajar mil quinientas horas y apenas te queda tiempo libre para jugar con él. O con ella.  

Así que compraste esta tele.

Y la compraste así de grande sintiéndote un poco culpable, reconócelo. Sabías que iba a ser tu gran apoyo todas esas tardes, después del cole, en las que necesitas terminar catorce informes sin que te molesten demasiado.

Y vaya si funciona. Es encenderla y notar cómo un manto mágico de tranquilidad se apodera del salón de tu casa. Ya no hay grititos, ni canturreo de canciones repetitivas, ni repiqueteo de juguetes contra el suelo, ni pistas de aterrizaje imaginarias en tu sofá...

Hay una luz azulada que ilumina ese rostro blandito, inocente, y que consigue que el tiempo se congele. Horas y horas de dibujos animados, de criaturas mullidas que viven en lugares incomprensibles, de familias de cerdos parlantes... que obran su magia y convierten a tu pequeño en un zombie babeante.

Aturdido.

Idiotizado.

Silencioso, al fin.

Apartas un momento la vista de los informes y te paras a observarlo. Parece siniestramente feliz, como si hubiera vuelto a la bolsa de líquido amniótico. No dice nada, no se mueve ni un milímetro, apenas esboza una sonrisa narcotizada de vez en cuando. 

Te recuerda a esos viejecitos que han perdido la memoria y viven mirando al horizonte, con la mente flotando lejos.

¿Qué le estará pasando ahora mismo por su pequeña cabeza?

¿En qué planeta habitan los niños cuando ven la tele?¿Por qué tienes la terrible sensación que un monstruo catódico se está merendando la imaginación de tu hijo?

Tu hijo te mira y te sonríe. Agarra una pelota con la mano y te invita a jugar con la mirada. La luz azulada ya no le ilumina la cara, ya no absorbe su atención como un remolino de mar.

Apartas la mano del teclado del ordenador y la alargas hacia él.  

Coges el mando y subes el volumen: tienes que seguir trabajando, no puedes arriesgarte a que tu jefe se enfade por no entregar a tiempo estos informes.

Simplemente, no puedes.

Perdóname, mi amor, porque tengo que dejar que te drogues

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar