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Manifiesto en defensa de los jóvenes tristes

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Un diálogo incómodo con la Felicidad, un manifiesto por un derecho fundamental

Alba Muñoz

18 Junio 2015 06:00

Un relato ilustrado con imágenes de Cristopher McKenney.

No sé quién eres y tú tampoco sabes nada sobre mí.

Puede que estés en el trabajo, en el metro, sentado en la taza del váter o puede que estés esperando a que suene la campanilla del microondas.

Yo estoy sentado en la cornisa de un bloque de 13 plantas. No voy a saltar, no tengo cojones ni ganas.

La verdad es que me está entrando un poco de vértigo, pero tengo que cumplir mi promesa.


Mira, hace un momento el viento ha golpeado mis oídos y me ha parecido que sonaban como micrófonos en la playa. ¿Conoces esa sensación? El aire hace mucho ruido cuando quiere.

Por eso estoy aquí: puede que sean imaginaciones mías, pero todo este silencio (el vuestro, el mío) me está dejando sordo.

Es como si un montón de gritos reprimidos hubieran formado un tornado que me persigue. He subido hasta aquí para sacarlo por la boca.

Necesito decir ciertas cosas, puede que vosotros también necesitéis que las diga.

No, no voy de superhéroe. Aunque muchos héroes de cómic sean seres tristes y se suban a las azoteas.

Empecemos. Ahora mismo, responde: ¿eres feliz?

Ante esta pregunta suelen darse dos tipos de razonamientos:

1. Si has dudado significa que no eres feliz.

2. Si lo has pensado bien, dirás que eres feliz. Siempre hay gente que está peor que tú, no seas egoísta.

Lo primero que voy a decirte es que no vuelvas a responder esa pregunta en tu vida.

1. Porque es una trampa.

2. Porque no estás obligado a ser feliz.

"No le escuches, ni caso".

¡¿Qué?! Una mujer acaba de aparecer a mi lado, ya no estoy solo. Se ha sentado en la cornisa, solo que con las piernas cruzadas. Es rubia, blanca, de mediana edad. Viste como una ama de casa de los años sesenta. 

"Soy la Felicidad. ¿Pensabas que iba a dejar al público solo ante tus palabras tristes? Prosigue, por favor".

Eres una trampa. Si pensamos en la felicidad, nos viene a la cabeza la imagen de una familia junto a una chimenea, un paseo por una playa desierta o un prado lleno de amapolas. Básicamente, una colección de postales vacacionales con tus seres queridos.

"¿Y qué tiene eso de malo?"

Eres un virus prefabricado, como un spot publicitario. Fuiste creada por nosotros, los hombres, para renovar constantemente nuestra cartera de deseos. Sólo eres un puto catálogo de electrodomésticos.

"Ahora resulta que las cosas buenas son una invención, que yo misma soy una invención".


Muchos de nuestros sueños no son nuestros. Son deseos insertados por el virus de la Felicidad. Pasaremos nuestra vida intentando alcanzarlos.

"No se puede vivir sin sueños, no seas desagradecido".

Ser feliz se ha convertido en algo obligatorio, por eso mucha gente finge que lo es. Estar triste te convierte en un paciente, en un problema.

"Hay que animarse, seguir adelante siempre".

Si estás triste, de pronto eres una piedra que atasca las inmensas ruedas del progreso. Parece  como si el mundo no girase por las leyes de la física o de los mercados. Ahora dirás que el mundo gira porque la gente es optimista.

"Las sonrisas mueven el mundo, hay que tener fe".

La felicidad es el deporte de moda y hay que practicarlo: ¿motivación?, ¿entusiasmo? Dictadura.

"No seas cobarde y supera tus límites".

Felicidad, has diseñado un montón de planes que podemos practicar para sentirte, aunque el efecto sea poco duradero. Por ejemplo: ir de compras. Darnos caprichitos.

"¡El dinero está para eso!"


Otro de tus planes clásicos es salir de fiesta. Nos propones un viernes por la noche, nos dices que saquemos billetes del cajero. Hay que pagar las copas necesarias para que nuestros ojos brillen. Debemos bailar y fingir que nos divertimos.

Nos obligas a conocer a mucha gente en muy poco rato. Ser feliz consiste en no estar solo nunca, ¿verdad?

"¡La noche es joven! ¿Lo eres tú?"

Debemos ser creativos, opinar sobre todo. Para tener éxito, debemos vomitar nuestra identidad todo el tiempo. Así se comportan los genios. Demuestran seguridad y liderazgo. Es el paso previo a la postal de vacaciones.

"¿Acaso no eres único? Exprésate, date a conocer".

Debemos emprender, crear nuevos negocios.

"Si no quieres ganar, si no quieres crecer, si no tienes ganas de comerte el mundo, ¿para qué has nacido?"

Puede que sea un anoréxico del éxito, de tus propuestas modernas. Puede que me la sude hacer un viaje exótico lleno de estímulos, que me ría de tus "experiencias fuertes" como comprar libretas, adoptar un perro, tatuarme, teñirme el pelo de azul o irme a vivir a Tailandia.

"Sólo atrévete".

Después de pronunciar estas dos palabras, Felicidad se ha lanzado al vacío. A mitad de camino, ha estallado en un montón de burbujas de jabón. 


Al fin estoy solo y puedo cumplir mi promesa, puedo deciros por qué quiero estar triste.

A mí me choca que sólo haya una Felicidad. Esta mujer rubia se impone y la gente la obedece como si del cuarto Reich se tratase. 

Busca un trabajo, deja tu trabajo, persigue tu vocación. Persigue un trabajo como respuesta a todo. Sobre todo, ten ilusiones. Aunque sepas que son ilusiones ópticas.

Dicen que sólo los privilegiados, aquellos que tienen la comida asegurada, tienen tiempo para estar tristes y quejarse. También dicen que la depresión es la pandemia del siglo XXI, y que los suicidios ya son la primera causa de muerte no natural.

Ambas cosas son ciertas.


Desde esta azotea os digo: quiero seguir viviendo, pero no quiero ser feliz. Estar triste es un derecho, una manera de decir NO QUIERO a la Felicidad. 

Es demasiado extraño sentirse solo y querer estar solo para remediarlo, es demasiado doloroso que la libertad vaya ligada a la propiedad.

La gente triste no sólo viste de negro y habita en foros de internet. Somos muchos, solo que no lo decimos.

Simplemente nos conformamos cada día para que nada estalle en pedazos. Solo que lo que estalla es nuestro interior.

Hagamos que el viento haga estallar las pompas de jabón. Al menos, hagamos que el viento suene.


Hagamos que el viento suene




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