Ficciones

Lujuria, secretos y autocontrol: la vida salvaje de Jovani Lada

Capítulo 3

Me llamo Lorena Wozniak y soy coach.

Hace poco conocí a Jovani Lada. Jovani tiene 23 años, trabaja como head account en una empresa con base en París y Barcelona, y un día apareció en mi consulta para decirme que quería dejar a su novia, una popular modelo en Internet. Buscaba concentrarse en lo suyo.

Yo le empujé a que hiciera aquello.

Tiempo después, la pareja de mi cliente acabó con su vida.

Internet, la prensa y toda la opinión pública se abalanzaron sobre él.

Ahora Jovani me ha pedido que le acompañe a París, asegura tener noticias nuevas.

Él dice que es inocente, y quiere demostrarlo.

Sigue estos links para leer los capítulos anteriores de esta historia: #1, #2

9. Paparazzi bueno, paparazzi malo

Es primavera en la Ciudad de la Luz, pero no para Jovani. Vestido con un chándal de American Apparel, mi cliente me invita a tomar asiento en una silla de forja en el balcón de su habitación. Desde este hotel puede divisarse Notre Dame y el Louvre. Jovani fuma un cigarrillo y bebe café americano en un vaso de plástico transparente. Tiene los ojos rojos y la voz quebrada. Lo primero que hace al verme es mostrarme una noticia en su teléfono: “Jovani Lada, el empresario fascinado con la prostitución en red”.

—¿Qué es esto?

—En el tiempo que has tardado en viajar hasta aquí han salido nuevas noticias sobre mí, esta vez vinculadas con mis movimientos bancarios. El titular alude a mi suscripción a la web de contactos Sugar Babes…

—Todo está yendo muy deprisa, ¿no?

—De esto quería hablarte.

—A ver.

—Ayer recibí un mensaje de un fotógrafo de Closer, un tal Frédéric Courtois. El tipo quería que tuviésemos un encuentro secreto, así que propuso que nos viésemos en un banco del museo de Orsay, frente a un paisaje impresionista.

—Qué peliculero.

—El caso es que este tipo, Frédéric, me dijo algo que podría cambiar el rumbo de los acontecimientos.

—Ya veo.

—Al parecer, yo no soy el único responsable en el suicidio de Kassandra.

—…

—Créeme: solo soy un cabeza de turco.

—…

—Tienes que creerme.  

—¿Y qué otras personas hay metidas aquí?

—Alguien mucho más importante que yo.

—¿Sí?

Jovani Lada afirmaba no ser el único responsable en el suicido de Kassandra

—Bien, el caso es que hace tres meses tuvo lugar en París la inauguración del hotel Al Arab Paris, la franquicia europea de una cadena de hoteles de superlujo que opera en Qatar, Yemen, Kuwait y todos esos paraísos petrolíferos. A la fiesta acudieron un pequeño círculo de celebridades y empresarios europeos, y estuvo patrocinada por algunas marcas de alcohol, moda y coches.

—Te sigo.

—Frédéric estaba por allí haciendo fotos con un colega de Paris Match, cuando en un momento de la noche se le ocurrió buscar un lavabo para, en fin…

—Comprendo.

—Frédéric y el otro fotógrafo abandonan la planta número 9, donde se encuentra el restaurante que aloja la fiesta, y suben por las escaleras hasta la planta 11. Allí escuchan gritos. Entonces se dan cuenta de que vienen de la última planta, la 13. Frédéric y el otro fotógrafo empiezan a caminar sigilosamente en dirección al ático, pero pronto descubren que a partir de la planta 12, el hotel está infestado de guardaespaldas.

»Acceder a la 13 es una misión imposible.

»Así pues, los dos fotógrafos empiezan a idear fórmulas para conseguir una foto de lo que está pasando arriba. Lo primero que se les ocurre es salir del hotel y conseguir un buen sitio para fotografiar la suite presidencial; no obstante, dan por hecho que las cortinas deben estar corridas. Volar un drone es una opción extravagante que descartan de inmediato. También consideran la posibilidad de hacerse pasar por un trabajador del hotel que quiere regalar una botella de champán a los inquilinos de la suite, pero dan por hecho que la botella sólo sería recogida por alguno de los guardaespaldas repartidos en el ático, y que por tanto nunca podrán ver qué pasa dentro de la habitación…

—No tengo a nadie a quien rendir cuentas, no tengo trabajo, ni nadie que me quiera; es liberador, y nauseabundo

—¿Cuál es el plan, pues?

—Descartadas estas opciones, Frédéric conviene que la única manera de saber qué pasa en la planta 13 es acceder a las cámaras de seguridad.

»La cuestión es, ¿cómo llegar hasta ahí?

»El panel que muestra el circuito cerrado se encuentra en la planta baja, donde una recepcionista vigila lo que pasa en las cámaras. Fréderic y su colega llegan a un acuerdo: el fotógrafo de Paris Match permanecerá sondeando la planta número 11, en un aseo junto a la escalera, fuera de la vista de las cámaras, a la espera de que pase algo.

»Cuando los guardaespaldas empiecen a moverse, entonces eso significará que la suite está siendo desalojada. En ese momento, Fréderic se acercará a la recepción, donde conseguirá que el mostrador se quede vacío gracias a alguna excusa que se inventará. Luego dejará caer su teléfono junto al circuito cerrado y fotografiará las pantallas que recogen las imágenes de las cámaras. Así sabrán quién protagonizaba los gritos de la planta 13.

—¿Funciona la operación?

—Y tanto. Al cabo de veinte minutos, el fotógrafo de Paris Match da el aviso a Frédéric, quien consigue distraer durante alrededor de medio minuto al recepcionista, y así fotografía el sistema cerrado de televisión.

—Soy como el bólido que se ha salido de la pista y sigue avanzando por inercia… consciente de que está a punto de estrellarse contra un muro de hormigón

—Y lo que muestran las imágenes es… 

—A tres modelos abandonando la última planta junto con un guardaespaldas. Las tres chicas son Kassandra P., Aleksandrina Medvedev y Yildiz Demir, una modelo francesa, otra rusa y una turca. Luego les sigue, diez pasos por detrás, Hamad Al Nahayan.

—¿Quién es ese?

—Ni más ni menos que el dueño de la cadena de hoteles Al Arab, uno de los hombres más ricos de Oriente Medio. Su padre es sobrino de Abdalá bin Abdelaziz, el anterior rey saudí.

—¿Sugieres que aquella noche ocurrió algo raro en la planta 13 del hotel?

—La hipótesis más verosímil es que Hamad invitó a las tres modelos a subir a su suite, donde fueron violadas.

—¿En qué se basa esta idea?

—Dejando un lado los gritos y el aspecto en que las tres chicas salieron de la suite, en los días que siguieron a la inauguración, los fotógrafos de Closer y de Paris Match se dejaron caer por las viviendas de Kassandra, Aleksandrina y Yildiz. Resulta que las tres estaban recibiendo visitas enigmáticas: cada cierto tiempo, un coche negro con las lunas tintadas venía a recogerlas. Luego desaparecían durante una hora o dos y volvían al punto de origen.

—¿Las violaciones se repitieron?

—No sólo eso; lo más probable es que las chicas fuesen extorsionadas de algún modo.

Al parecer, tres modelos de diversas nacionalidades (Kassandra P., Aleksandrina Medvedev y Yildiz Demir) habrían sido violadas y extorsionadas por un poderoso empresario árabe

—¿Cómo?

“Si dices algo, hundiremos tu carrera; si por el contrario colaboras, entonces te conseguiremos contratos multimillonarios”. Tan sencillo como eso.

—¿Hay pruebas que lo demuestren?

—Aleksandrina Medvedev acaba de fichar como imagen de marca para Qatar Airways. Hasta la fiesta del hotel, Aleksandrina era poco más que una chica de Instagram con muchos seguidores… 

—¿Cuál es el motivo por el que Paris Match o Closer no publicaron las fotos del hotel?

—Evidentemente, la publicidad. Las empresas de Hamad Al Nahayan suponen un montón de millones en ingresos publicitarios para las editoras de las dos revistas. Nadie se atrevería a atacar a Hamad Al Nahayan.

—¿Y por qué querría el fotógrafo de Closer hacerte saber todo esto?

—Me despierto con unas ganas irrefrenables de volverme a dormir

—Él sabe que van a por mí, pero no puede hacer nada para remediarlo. Hamad hará todo lo que esté en sus manos para que la gente crea que el suicidio de Kassandra fue mi culpa.

—¿Alguna vez te habló Kassandra de Hamad?

—No.

—¿Sospechabas tú que pudiera estar sometida a presiones?

—No.

—¿Estás diciéndome que de pronto tú te has convertido en el bueno de la película, y que todo tu apoyo en estos instantes pasa por tu coach, un par de paparazzis y dos it girls más?

—Exactamente.

—Dios mío.

¿Que por qué nadie denunciaba las violaciones? Porque las empresas del culpable suponían un montón de ingresos publicitarios en la mayoría de medios de comunicación

—La cuestión es, ¿qué debo hacer?

En este punto de la conversación, Jovani renuncia a su café y abre la nevera de su habitación para servirse una cerveza. Me ofrece una botella pero digo que no con la cabeza. Aún no es ni mediodía.

—Enfréntate a tus demonios, acaba con Hamad, no te queda otra. De lo contrario, acabarán contigo. Te desposeerán de tu futuro.

—Es imposible acceder a ningún medio de comunicación para que publique la historia de la fiesta; tengo las fotos, pero nadie se atreverá a difundirlas. También podría intentar contactar con algún medio combativo, sin grandes acuerdos publicitarios, pero ningún periódico activista querrá saber nada de mí: para ellos, soy escoria. Les preocupa más mis orígenes sociales que el valor de mi información.

—Busca a la modelo turca, habla con ella, dile que estás de su parte. Necesitas aliados.

Courtois podrá decirme dónde encontrarla.

—¿Y luego?

—Luego publicaré las fotos en Internet, escribiré un post, me grabaré un vídeo y contaré la historia, ya veremos. Cuando la noticia del hotel salga a la luz, no podrán tocarme. Entonces será demasiado tarde. Seré invencible.

—Hazlo.

—Así será.

10. El sermón de la montaña, con vistas al Sena

—Antes de marcharme, ¿puedo contarte algo? Necesito sincerarme un poco.

—Claro.

—Echo de menos a Kassandra.

—…

Kassandra y yo teníamos unos códigos, un lenguaje propio, la clase de cosas que sólo se cuentan los amantes

—La verdad, me siento como necesitado de algún tipo de vitamina, anémico, toda mi energía se ha desvanecido, me despierto con unas ganas irrefrenables de volverme a dormir, soy como el bólido que se ha salido de la pista y sigue avanzando por inercia… consciente de que está a punto de estrellarse contra un muro de hormigón; soy un globo de helio desanudado que está subiendo a lo más alto, antes de caer como un trozo de látex inservible; adoro en parte esta libertad para beber y dormir a deshora, porque no tengo a nadie a quien rendir cuentas, no tengo trabajo, ni nadie que me quiera; es liberador, y nauseabundo… Kassandra y yo teníamos unos códigos, un lenguaje propio, la clase de cosas que sólo se cuentan los amantes, y ahora todo ese montón de ideas y sentimientos que yo le regalaba están marchitándose dentro de mí, como una rosa que se pudre, como su cuerpo envenenado por los medicamentos… Soy preso de mi circunstancia, la violencia se cierne sobre ricos y a pobres… Y claro que lamento la muerte de Kassandra, claro que me duele la sola de idea de imaginarla acosada y extorsionada, claro que yo también fui culpable de su autodesprecio… Pero cometo fallos, nunca tendré aliados, toda mi vida he sido un forajido, no queda otra, mi mundo es violento, debo sobrevivir en esta guerra, y ahora he llegado a ese momento de la vida en el cual necesito estar solo, desconectar el contacto humano, solucionar problemas.

Solucionar problemas.

—Solucionar problemas.

11. Lujuria, secretos y autocontrol: las vida salvaje de Jovani Lada 

A la mañana siguiente aparecen publicadas otras dos historias que conmocionan Internet.

La primera es un perfil extenso sobre Jovani que aparece en una revista digital. Se titula “Lujuria, secretos y autocontrol: la vida salvaje de Jovani Lada”, y toma como materia de investigación la empresa en la que él trabaja. No obstante, si lo que el artículo cuenta resulta perturbador no es porque retrate a un personaje despiadado, cruel y manipulador, sino por todo lo contrario: todos sus compañeros convienen en que era un chico de trato amable, modales suaves y temperamento ejemplar.

Sí, tenía un carácter volcánico.

Sí, era un encantador de serpientes.

Pero era lo que se esperaba de él, nada especial.

La periodista que escribe aquello da vueltas en busca de detalles que revelen algún asomo de anormalidad, pero nadie suelta prenda: ¿recibieron sus compañeras comentarios denigrantes?, ¿acosaba sexualmente a sus empleadas?, ¿abusaba de su poder?, ¿demostraba crueldad hacia sus compañeros? No, no, no y no; no había nada de eso. Todos convenían en una sola cosa: era exigente, y ya.  

La primera noticia que conmociona a la opinión pública es un perfil extenso de Jovani Lada. Si lo que el artículo cuenta resulta perturbador no es porque retrate a un personaje despiadado, cruel y manipulador, sino por todo lo contrario

La gente buscaba en Jovani una especie de lobo de Wall Street, la clase de ingeniero machista y embrutecido que quiere vivir el sueño de Silicon Valley, pero su gente más cercana negaba la mayor. En público, nunca abrió su corazón. Nunca nadie se asomó al monstruo.

Uno dijo:

—Estudió en la London School of Economics y durante cuatro años no vio la luz del sol. Su nota media era de 9,82. 

Otra añadía:

—Ninguno sabíamos qué hacía cuando salía de aquí. Imaginábamos que estaría con Kassandra, pero podía estar haciendo cualquier cosa. Ahora sabemos que le gustaban las páginas de contactos y todo eso. Era reservado. Los lunes tenía mal carácter. Le gustaban las librerías francesas, acariciar las cubiertas de Gallimard y el vino blanco. Eso es todo lo que sé.

Un tercero detalló esto:

—La start up era solo un calentamiento para él. Lo que de verdad anhelaba es el poder, la política. Siempre decía que las industrias tecnológicas eran una burbuja, ¿pero qué no lo es? Quería dar el salto a algo más importante.

Así que, o bien Jovani había lavado el cerebro a sus compañeros, o su empresa conformaba un equipo increíblemente aguerrido, o quizá era que su carácter cambiaba cuando estaba con los suyos… 

Yo qué sé.

El artículo afirmaba que Jovani era un Piscis de manual, un ser de dos caras, alguien con una personalidad desdoblada.

Era verdad.

La segunda noticia que conmociona a la opinión pública es la muerte de Yildiz Demir, la fuente que podría demostrar la inocencia de Jovani Lada

Las únicas personas que conocíamos su expresión más procaz, salvaje y descontrolada éramos Kassandra y yo.

Por mi parte, tenía la impresión de que, conforme la prensa hinchaba el mito de Jovani, él se hacía cada vez más pequeño. Vivía en un cubo de miedo.         

¿Y qué hay de la otra historia que conmueve a la opinión pública?

Bueno, pues resulta que Yildiz Demir, la modelo turca que estuvo en la fiesta del Al Arab, la fuente que Jovani necesitaba, murió esta madrugada en extrañas circunstancias.

Sí. Otra.  

El cuerpo sin vida de Yildiz apareció de madrugada con todos los huesos quebrados en la calle, debajo de su edificio en el distrito VI de París.

Podía ser que se hubiera arrojado desde el balcón.

O también que alguien la hubiera lanzado tras un forcejeo.

La revista Closer tenía fotos de Yildiz y Jovani; los dos estaban caminando hacia el apartamento de ella, horas antes de su muerte.

¿Le habían tendido una trampa?

(Continuará)

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